Revista Psicología

1110 días para trascender

Por Carolina Guzman Sanchez @RevistaPazcana
Continua leyendo 1/15 Cada semana encontrarás una nueva parte de la historia “1110 días para morir” Carol J Angel @CarolJAngel

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A la tarde aún le sobraban horas de luz, así que decidió pasearse por el reconocido cementerio de la Recoleta con grandes bóvedas y mausoleos de mármol. La muerte siempre le había motivado para seguir con vida. Se quedó contemplando las pilas de ataúdes en las bóvedas abiertas al público. Sintió lástima por esos cuerpos, pensó que sentirían mucho frió. A ella le gustaría tener un jardín en su tumba y no el frio de una madera sobre otra. Se quedó en largo silencio mirándose a través de una de las vallas que aguardaban un altar y debajo de este, se ampliaba la mirada a una pila de ataúdes familiares. Se leían diferentes fechas. Completaban casi 70 años desde el primero hasta el más reciente. Una espeluznante escena. Se preguntaba de nuevo, si eso era lo que querían en vida. Quedarse en una bóveda o mausoleo sin tener curiosidad por la brisa, la tierra, las plantas, las aves, la vida al aire libre. Pensó que su funeral sería un festival de varios días, que la pasearan por todos los lugares maravillosos en los que había estado y los que no había llegado, cargada en un relicario de 7 cm de diámetro. El tamaño de una pomada de vaselina para el cabello o una lata de betún. Allí estarían las cenizas que alcanzaran, el resto que las pusieran al aire libre. Se repitió que esto no era para siempre… Nada es para siempre.

Se apresuró a llegar al hotel y encontrarse con Arturo, estuvo caminando cerca de una hora hasta encontrarse con la Av. Callao doblando por Av. Córdoba para seguir así hasta Suipacha. Dobló en la esquina de Suipacha buscando el hotel que estaba a la altura 948, paso de largo, 936, 942, 954 continuó caminando hasta llegar a la Av. Santafé, regresó por la misma calle camino de nuevo hasta Córdoba 951, 947, 933. De repente, el hotel había desaparecido. La 948 no estaba. El letrero gigante que anunciaba Hotel El Conquistador era como si nunca hubiera existido. ¿Qué pasaba? A donde había ido todo el mundo se preguntó. Estas cosas, sabía que le pasaban hace mucho tiempo. Perdía la noción de los mínimos detalles, pero ya llevaba ceca de dos horas en esto y su mente no aclaraba. Lo que podía recordar, era que Arturo se había regresado a dormir, estaba muy cansado, habían desayunado temprano y él se quedo en el hotel, ella había decidido aprovechar el día y visitar el museo. Seguía caminando por la misma calle en sentido sur-norte, norte-sur y la calle se hacía distinta cada vez que la volvía a recorrer. Me estaré volviendo loca se preguntó.

Del otro lado, los médicos celebraban que Lucía estaba despertando. Llevaba casi dos meses en estado de coma desde el accidente.


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Tagged: autoestima, cáncer, terapia de pareja
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