Revista Cine

12 años de esclavitud

Publicado el 08 diciembre 2013 por Banacafalata

  Título Original: 12 Years a Slave Director: Steve McQueen Guión: John RidleyFotografía: Sean Bobbitt Música: Hans Zimmer Intérpretes: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Lupita Nyong’o, Sarah Paulson, Brad Pitt, Alfre Woodard, Michael K. Williams, Garret Dillahunt, Quvenzhané Wallis, Scoot McNairy, Taran Killam, Bryan Batt, Dwight HenryDistribuidora: DeAPlaneta Fecha de Estreno:13/12/2013

El año pasado Lincoln, con su mirada política, y Django Desencadenado, de una forma más despreocupada, pero también crítica, parecieron abrir una brecha en el cine norteamericano que necesitaba con urgencia empezar a mirarse. Tratar uno de los periodos más negros de su historia de manera forma consciente, haciendo un relato del horror que fueron aquellos años. Han pasado casi cien años desde que D.W. Griffith prácticamente inventara el cine tal y como lo conocemos hoy en día con El nacimiento de una nación, una obra que vista hoy, resulta claramente racista, con su ensalzamiento del Ku Klux Klan y toda la maldad que residía en los personajes negros de su película. Quizá la obra de Griffith hoy sea censurada por su contenido, obviamente, contiene valores cinematográficos de un valor incalculable, que la siguen haciendo permanecer vigente, pero su descarada xenofobia llega a resultar intolerable. Pero mientras que la obra de Griffith se censura, poco se habla del contenido de otras obras magnas del cine, como Lo que el viento se llevó, y su mirada hacia la época de la esclavitud con la nostalgia de un tiempo mejor. Mucho ha llovido desde entonces y la caja de pandora seguía cerrada. 

  Antes de llegar a una obra de la importancia que ya tiene 12 años de esclavitud, el cine si ha sido justo con otros periodos de la historia. Son brechas más recientes, pero que se han cerrado con anterioridad. El cine, más allá de obras documentales, no se atrevió a hablar del holocausto de manera directa hasta que La Lista de Schindler de Steven Spielberg lo hiciera. Fue tras la obra de Spielberg cuando incluso los alemanes se atrevieron a mirar a este periodo desde el mismo prisma, pero tuvo que llegar un americano, con una deuda de raza, a ser el primero en ser capaz de abrir ese periodo y concienciarse con él. Aún vista hoy, La Lista de Schindler es una obra de una dureza sobrecogedora, sorprenden ciertas imágenes en ella que no eran propias de un realizador como Spielberg. Que haya sido un inglés como Steve McQueen el que haya realizado 12 años de esclavitud, no parece nada casual. Al igual que Spielberg, Steve McQueen se acerca a hablar de un periodo de la historia de un país que no es el suyo, sin embargo, su raza, le proporciona una visión deudora de este periodo y la necesidad de cicatrizar esas heridas, que más de cien años después, nadie se había atrevido a tocar.Tampoco parece casual que para acercarse a este periodo, McQueen haya elegido basarse en las memorias de Solomon Northup. Un negro que residía en Saratoga, Nueva York, que poseía estudios, tenía una buena familia y estaba bien posicionado. Pero que fue drogado, secuestrado y vendido como esclavo, dónde estuvo obligado a trabajar durante los doce años que rezan en el título. Solomon Northup es un personaje que tiene mucho de los Bobby Sands y Brandon Sullivan de las dos primeras películas de Steve McQueen. Tanto Bobby Sands como Brandon Sullivan eran dos personajes arrastrados al infierno. El primero, en Hunger, al igual que Solomon, se veía obligado a entrar en ese infierno, aunque fuera por decisión propia, para defender su propia libertad. Mientras que el segundo, en Shame, estaba asentado allí por sus propios fantasmas internos, pero necesitaba la imperiosa necesidad de huir de él. Solomon es quizá el personaje más cálido y bondadoso de las películas de McQueen, el inicio de la película nos muestra que vive de una forma idílica y en completa felicidad. Pero acaba arrastrado a un completo infierno del que no sabe como escapar, aunque siempre sueñe con retomar su vida.Quizá, lo más salvaje que narra McQueen sobre el personaje, es la pérdida de su propia identidad. En un principio, Solomon, no quiere renunciar a quién es en realidad. Y no le importa ser incluso apaleado, mientras que no le hagan olvidarse de quién es. Que su primer amo, Ford, interpretado por Benedict Cumberbatch, sea además un hombre bueno, no es una simple casualidad. Esto ayuda a Solomon a permanecer siendo quién es. Ford posiblemente podría haber ayudado a Solomon a recuperar su libertad, pero tiene miedo demasiado para hacerlo, pues vive bajo aquello que le han enseñado. Pero sí que le permite el privilegio de pensar, y de seguir siendo la persona que siempre fue. Pero con la llegada de su segundo amo, Epps, un borracho sin ningún sentido de la ética, al que da vida un magistral Michael Fassbender.

Solomon va convirtiéndose poco a poco en Platt, ese esclavo negro que no puede contar con el privilegio de pensar. En un principio, llega a pasar incluso por su cabeza de escapar a pie, pero la terrorífica visión de unos sureños ahorcando a unos esclavos, le hace darse cuenta de que no es una opción factible. La crueldad de Epps, hace que Solomon olvide por completo su herencia. El personaje de Epps nos recuerda irremediablemente al Amon Goeth que interpretaba Ralph Fiennes en La lista de Schindler. Al igual que ocurría con Goeth, Epps disfruta haciendo el mal, y es incapaz de entender la atracción que siente hacia una de sus esclavas, a la que obviamente considera un ser inferior. La diferencia principal entre Goeth y Epps, es que Epps no es cruel por voluntad propia, está claro que siente placer con sus actos, pero en cierto modo se ve arrastrado a ello por la autoridad de su esposa, la cual ejerce una fuerte presión psicológica sobre él. Su relación con Patsy, a la que da vida una increíble Lupita Nyong'o, basa el amor en la tortura. Incluyendo una atroz violación, que McQueen fotografía oscureciendo el rostro de la esclava, pero dejando que sus ojos brillen en la oscuridad, dibujando una terrorífica mirada perdida sobre ella. Existe en Solomon una necesidad de protección hacia Patsy, pero cuando la poca esperanza de volver a la libertad que residía en éste se evapore, en la fantástica toma de una carta que se apaga lentamente, su capacidad de rebelión se apaciguará por completo. La toma, terrible, en la que Solomon es obligado a atizar a Patsy, ejecuta por completo la conversión. Solomon ha dejado de ser un hombre, para convertirse en ese ganado que venden exhibiendo desnudos y a los que se refieren como "ejemplares".

Posiblemente hasta que no recuperé la libertad, Solomon jamás dejará de ser Platt. La llegada de un singular personaje interpretado por un flemático Brad Pitt, puede dar alas a esto, pero incluso aquí, cuando Solomon sabe que es la última de sus esperanzas, le costará demasiado rebuscar en su identidad, para encontrarse a sí mismo y encontrar el valor para dirigirse a él.Sabemos, ya por el título de la película, que todo lo que nos cuenta McQueen está destinado a un final feliz, que esa salida de los infiernos que busca el personaje culminará de manera positiva. Pero el realizador es capaz de despojar poco a poco la humanidad y la esperanza del personaje hasta llegar a un punto en el que es completamente imposible imaginarse que realmente exista una escapatoria.

La dureza del relato es tal, que incluso su final, es claramente amargo y nunca feliz. Incluso los mensajes finales sobre como continuó la vida de Solomon, dejan la huella de que por mucho que se convirtiera en un personaje importante en la lucha abolicionista, jamás consiguió dejar de ser Platt. La confesión atroz de que nunca se supo cuando y como murió el propio Solomon Northup, nos lleva incluso a pensar que este pudo acabar asesinado como si aún fuera un esclavo que trata de sublevarse a su amo.Viendo los trabajos anteriores de McQueen, es lógico pensar que su elección es arriesgada para la película. McQueen es un tipo que es capaz de filmar imágenes lacerantes. Que rueda de una manera que aleja a la cámara de manera fría de los personajes, sin implicarse emocionalmente en la escena, dejando que la pasión de las imágenes fluya y llegue sin necesidad de ningún artificio. Esto es algo necesario para que 12 años de esclavitud funcione a la perfección. Comentábamos anteriormente la crueldad con la que Steven Spielberg era capaz de mostrar los asesinatos en La Lista de Schindler, y es una violencia que McQueen muestra aquí de una manera incluso más cruda. La imagen estática de un Solomon colgado de un árbol, tratando de tocar el suelo, sin que ningún otro esclavo se atreva a acercarse, es tan incómoda como necesaria. Pero es quizá, en la anteriormente citada escena de los latigazos a Patsy, dónde la marca de McQueen beneficia más a la película. Para entender la crueldad a la que eran sometidos, es necesario ver como la carne salta de la espalda de la protagonista, y al contrario de lo que ocurría en La Pasión de Cristo, nunca se siente gratuito.

El realizador es capaz de mover la cámara sin cambiar de plano, tratando de entender y retratar a todos los implicados en dicha escena, haciendo frente a la dureza de la situación, mostrándola, denunciándola , incomodando y haciendo entender el verdadero terror que los personajes tenían que afrontar.Steve McQueen, que además muestra una clara evolución narrativa en esta película con respecto a sus dos primeras obras, tenía el perfil que se necesitaba para hablar directamente de una de las partes más negras de la historia americana. Para hacerlo sin concesiones e incomodando. Está claro que 12 años de esclavitud se aleja por completo del modelo estadounidense al que el espectador puede estar más acostumbrado. Pero es ya, por derecho propio, una obra clave en la historia del cine. En apenas dos años, se cumplirá el centenario de El Nacimiento de una nación, noventa y ocho años se han necesitado para contestar al mensaje racista de la película de Griffith. Se ha intentado hablar de los derechos de los negros y la opresión a la que están sometidos, desde la simpatía de películas como Criadas y Señoras o desde la denuncia política de obras de Spike Lee como Haz lo que debas o Malcolm X. Pero sólo alguien, cuya visión llegará de lejos, era capaz de destaparr un tema tan tabú como éste, y acabar cerrando todas las heridas que aún supuraban desde entonces.

12 años de esclavitud


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