Revista Cultura y Ocio

16 de Febrero de 1936

Por Mariatorres

16 de Febrero de 1936.

Júbilo popular tras la victoria del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936
Plaza de Cibeles, Madrid.

Pocas fechas existen en la historia política contemporánea española que ofrezcan tantas condiciones para el recuerdo como la del 16 de febrero de 1936. Fecha que tiene una candente actualidad, pues es uno de los jalones de una etapa en nuestra vida nacional que aún está abierta.
En esa fecha triunfó en España el Frente Popular. Aquel día, el obrero y el campesino, el empleado y el intelectual, el español progresivo y patriota, unió su esfuerzo y su voluntad a la de los otros y derrotó a la reacción. Hizo uso del arma que poco antes se había forjado, del Frente Popular, y ese arma resultó ser de primera calidad en aquella batalla.
Y sin embargo, la lucha no se presentaba fácil para el pueblo. España llevaba dos años sometida a un gobierno reaccionario, período conocido como el «bienio negro».
30.000 españoles estaban en cárceles y presidios; centenares habían sido asesinados; millares de obreros y empleados estaban seleccionados de su trabajo; otros estaban en la emigración.
No había libertad de propaganda; las organizaciones obreras y democráticas, perseguidas. Los grupos de pistoleros de la Falange campaban a sus anchas asesinando obreros y republicanos, en un ensayo de la barbarie que habían de realizar después. Éste era, someramente expuesto, el panorama de España después de 1934.
El dilema para el pueblo español era claro. O derrotar a la reacción, o el fascismo abierto y descarado del cual ya había anticipos en los métodos del gobierno Gil Robles.
Había que derrotar a la reacción y la reacción estaba en el Poder. La batalla a emprender no era ninguna broma; pero la batalla se dio y fue ganada.
¿En qué residió la causa del triunfo? En la memoria de todos está: en la unidad del pueblo. 
Es una verdad histórica que aquella unidad, plasmada en el Frente Popular, se debió a un gran dirigente, a un hombre que en aquellos días difíciles pasó a ser de dirigente de un Partido, del Partido Comunista, a dirigente de la democracia española, a José Díaz.
Cuando a otros partidos y organizaciones, cuando para otros políticos la situación se les aparecía sin salida, José Díaz proclamó ante el pueblo que había salida. Que era posible cerrar el paso al fascismo, que era posible derrotar a la reacción. El medio: formar un bloque antifascista, unirse todos cuantos estaban interesados en sacar a España de la negra noche en que estaba sumergida.
Fue esa la idea central de los discursos y artículos de José Díaz desde el mismo instante que en nombre de su Partido invitó a todas las fuerzas obreras y republicanas a formar el Frente Popular.
Con ella dio al pueblo conciencia de su fuerza. Y así pudieron vencerse las incomprensiones y las oposiciones de hombres que militaban en el campo antifascista, pero que en lo más íntimo de su conciencia preferían la reacción en el Poder a la unidad de las fuerzas democráticas.
El triunfo fue posible porque los trabajadores vieron claro que había una salida, la de la creación del Frente Popular, e impusieron ese camino.
Aquella experiencia, ¿vale hoy? En su contenido fundamental, sí. El problema de entonces ha adquirido tremendas proporciones.
El Poder está ocupado en España por lo más sangriento y brutal de la reacción española, que supera en sus métodos a todo lo habido en nuestra historia de crueldad, de envilecimiento y de traición. Las incomprensiones y oposiciones de entonces al Frente Popular han adquirido hoy la categoría de abierta y descarada traición al pueblo y a la República.
La venta de España al imperialismo extranjero se hace por parte del franquismo con toda publicidad, poniendo en el saldo la tierra española y sus hombres.
Pero la forma en que está planteado el problema no indica la fuerza de la reacción fascista española, sino su debilidad.
España volverá a ser libre, independiente. La bandera de la República democrática es hoy, más que nunca, la de la libertad y dignidad de España, la de la tierra y el pan para sus hijos.
Los medios para alcanzarla, su unidad, su organización, penetran cada día con mayor fuerza en la conciencia del pueblo. Que ese camino es bueno, nunca más oportuno recordarlo que en el aniversario del 16 de febrero de 1936.


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