Revista Infancia

4 Razones para Evitar los Lácteos

Por Amormaternal
4 Razones para Evitar los Lácteos
Ante todo quiero aclarar, para los que nos leen por primera vez, que no pretendo con este artículo dar consejos de salud, de nutrición, ni mucho menos sustituir el consejo de un médico o de un nutricionista, simplemente es una recopilación de ideas sobre el tema, para llevarnos a reflexionar acerca de por qué conviene evitar o disminuir el consumo de lácteos, valga la redundancia, de origen animal.
Desde el punto de vista de la naturaleza
Podríamos empezar diciendo que la gran mayoría de los médicos con ideología naturista u holística resaltan ante sus pacientes el hecho de que el ser humano es la única especie que consume leche después de la infancia, y que de paso toma leche de otra especie. Por otra parte, los antropólogos coinciden en que la edad natural de destete espontáneo en el ser humano suele ocurrir entre los 2 años y medio y los 7años. Edad a partir de la cual muchas personas comienzan a manifestar signos de intolerancia a la lactosa. Esto suele interpretarse como una manera en la cual la naturaleza protege la cría, para que sólo los más pequeños tomen leche, sin embargo, existen culturas como ocurre por ejemplo en Mongolia en las cuales los adultos ocasionalmente consumen leche materna. Y ahora me pregunto, y les pregunto a ustedes también: ¿Es necesario para nuestro organismo consumir leche de otra especie? ¿Acaso no es una señal lo suficientemente clara que el 70% de la población sea incapaz de digerir lactosa (y eso sin contar los casos no diagnosticados)?
Desde el punto de vista ético
¿Es ético privar a un animal de la leche que le corresponde por derecho? ¿Es ético explotar al ganado vacuno de la manera en la que suele hacerse en los países industrializados? No sé si han leído al respecto, pero son muy pocas las vacas lecheras que pastan libremente como las retratan en las fotos de los envases de La Lechera de Nestlé. La mayoría de las veces, se encuentran hacinadas en granjas industriales, y son atiborradas de hormonas y ordeñadas con frecuencia, a fin de producir mucha más leche de la que harían naturalmente. Por otra parte, al encontrarse hacinadas, se produce una mayor incidencia de enfermedades, por lo que son medicadas muy a menudo con antibióticos.
Desde el punto de vista de la salud humana
Los antibióticos administrados a las vacas lecheras, podrían pasar a la leche, por lo que indirectamente, los seres humanos acaban consumiéndola en mayores o menores proporciones. Por otra parte, el consumo de lácteos ha sido asociado de manera más o menos directa con una serie de enfermedades, entre las cuales se encuentran la anemia ferropénica, la artritis reumatoidea, la osteoartritis, el asma, el autismo, el cáncer de estómago, mama, ovarios, páncreas, próstata, pulmón, y de testículos, las cataratas, la colitis ulcerosa, el colón irritable, la diábetes Mellitus tipo I, los dolores abdominales sin intolerancia a la lactosa, la enfermedad de Crohn, las enfermedades coronarias, la esclerosis múltiple, el estreñimiento, la fatiga crónica, las fístulas y fisuras anales, la incontinencia urinaria, la intolerancia a la lactosa, los linfomas, la migraña, las infecciones de oídos y garganta, las sinusitis, las reacciones alérgicas, el sangrado gastrointestinal, el síndrome de mala absorción, los trastornos del sueño, las úlceras pépticas, entre otros. ¿Razones suficientes?
efectos nocivos del consumo de leche animal para el ser humano, Laura Gutman
"La leche es una secreción glandular presente en todos los mamíferos. En la naturaleza hay cerca de 5000 especies, y los humanos somos sólo una de ellas. La leche sirve para alimentar a la cría hasta que esté en condiciones de alimentarse con autonomía. Ninguna otra especie continúa con el consumo de leche después del período de lactancia. Cuando crecemos, los mamíferos perdemos las enzimas que permiten la digestión de la leche, porque sencillamente no las vamos a necesitar más. Sin embargo los seres humanos ignoramos esa ley natural.
Tengamos en cuenta que cada leche es específica, es decir, que tiene una fórmula especial para cada especie y varía considerablemente entre una y otra. Tanto la leche de vaca, como la de oveja, la de ballena, la de elefanta, la de morsa o la de perra son diferentes entre sí, y difieren obviamente de la humana. La leche de vaca sirve para criar terneros, un animal grande con cuatro estómagos que llegará a pesar 300 kilos. La leche humana en cambio privilegia el desarrollo de la inteligencia.
Es importante que sepamos que la "leche de fórmula" -como la llamamos hoy en día- es leche de vaca modificada para adaptarla a los requerimientos del bebé humano. Pero no es un invento químico, como muchas madres creemos.

¿Cuál es el efecto nocivo más fácil de detectar en el organismo humano? El moco. La principal responsable es la caseína, una proteína abundante en la leche de vaca. El moco es la reacción saludable del organismo contra una proteína que no puede incorporar. Por lo tanto, en la medida que incorporamos leche o lácteos, el organismo segrega moco. El resfrío común deriva en dolor de garganta, luego en rinitis, sinusitis, bronquitis, otitis, neumonía, y en todas las infecciones respiratorias con las que conviven los niños durante la infancia.
A pesar de esta abrumadora realidad, los adultos no podemos creer que la leche, la bendita y maravillosa leche, se nos vuelva en contra. Preferimos apegarnos a nuestras creencias en lugar de hacer caso a la sabiduría innata del organismo de nuestros hijos.
¡Todos nuestros niños están repletos de mocos y no estamos dispuestos a relacionarlo con la ingesta de leche!" 
Desde el punto de vista psicológico
Ileana Medina Hernández, desde su blog Tenemos Tetas, hace una excelente reflexión al respecto en su artículo titulado Una sociedad no amamantada: una sociedad no destetada, donde comenta:
"Siguiendo las pistas científicas, podemos darnos cuenta de que nuestra sociedad, donde la duración media de la lactancia materna es de 3, 2 MESES*,  NO HA SIDO AMAMANTADA. Es una "sociedad sin prolactina", que díría Michel Odent.
 
Como dice el dr. Pere Enguix: cuando un niño no ha recibido suficiente teta (entiéndase junto a teta, amor, sostén, mirada, placer, cuerpo, compañía, respeto...), se queda toda la vida enganchado de una teta.
 
Esa "teta simbólica" adictiva, insaciable y desesperada que no fue satisfecha en la infancia, puede tomar muchas formas (desde un trapito hasta las drogas, de fumar a ser adicto al trabajo, desde un osito de peluche hasta coches deportivos de último modelo, el ego, el poder o la fama) pero una de ellas es mucho más obvia: la leche de vaca. El sustituto de la leche materna por excelencia.
 
Que sea el PRODUCTO ALIMENTICIO MÁS CONSUMIDO, debe tener alguna razón. ¿Por qué dependemos tanto toda nuestra vida de la leche de vaca? ¿Por qué, aunque nos haga daño o seamos intolerantes, buscamos insistentemente otro "líquido blanco" con qué sustituirla? ¿Por qué no es, en todo caso, un alimento más, sino algo que todo el mundo considera que "debe ser consumido", sobre todo por los niños?
¿Existe algún otro ser vivo en el planeta que nazca con la "necesidad" de consumir leche de otra especie? ¿Por qué se sigue considerando la "leche de vaca" y los lácteos como la única o principal fuente de calcio? Si  es cierto que los niños necesitan tomar leche hasta los 7 años, alguna leche, (en Cuba se le garantiza leche subvencionada a los niños hasta esa edad, por ejemplo), ¿lo lógico no sería que esa leche fuera la leche de su madre?
 
Tenemos una sociedad NO AMAMANTADA en su infancia; y como consecuencia, tenemos una SOCIEDAD NO DESTETADA. Una sociedad que NO SE DESTETA NUNCA, que sigue siempre adicta al "pecho materno" o lo que es peor, a la teta de la vaca, y a sus sustitutos tóxicos y dañinos, en todas sus formas.
 
Ese es el gran secreto de la lógica de las sociedades de dominación. Somos todos niños privados de teta, de afecto materno, de placer y satisfacción emocional en la infancia. Y por tanto, adultos permanentemente adictos y vacíos, que para ser felices, siempre necesitamos "más"."
 Para finalizar, me gustaría comentarles, que como amante de la cocina y de la buena comida, me ha sido muy difícil, en un principio, erradicar por completo el consumo de lácteos. Sin embargo he logrado disminuir la ingesta en aproximadamente un 90%. Intento ser lo más equilibrada posible, prestar atención a las señales de mi cuerpo, a la manera en la que reacciona ante cada comida y seguir sus pistas. Bajo esta filosofía, si ocasionalmente se me antoja rociar un poco de queso parmesano sobre mi plato de pasta, lo hago, o si me apetece ponerle un poco de mantequilla a la comida, también, pero el volumen de lácteos que consumo al día es muchísimas veces menor que el de antes, principalmente por haber sustituido la leche por leches vegetales.
Desde que cambié mi forma de comer, he perdido peso (sin que esa hubiera sido mi intención), y he ganado mucho bienestar. Siento menos fatiga que antes, ya no tengo dolores musculares, casi nunca tengo indigestión… Con esto no quiero decir que otras personas deban retirar de su dieta los lácteos, pero sí me gustaría invitarles a la reflexión y ¿por qué no? A probar una temporada sin lácteos, aunque sea de una a dos semanas, prestando atención a cómo se sienten, tal vez los resultados les sorprendan gratamente :)
En una próxima entrada trataremos el tema de las alternativas vegetales a la leche de vaca.
¿Y ustedes? ¿Consumen lácteos? ¿Los habían mirado bajo estos puntos de vista? ¿Se animan a probar un par de semanas sin lácteos (o reduciendo al mínimo su consumo?
Foto © Jamie Grill/Tetra Images/Corbis 
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