Revista Cultura y Ocio

46ª maac-chorrada - Bolas precipitadas al vacío.

Publicado el 18 julio 2012 por Maac
46ª maac-chorrada - Bolas precipitadas al vacío.
La cara de tonto que se me queda cuando pasa uno o dos días y una entrada no tiene ni un comentario. Me tenéis mal acostumbrado y es que es algo que al principio de escribir en el blog, hace ya cinco años me traía sin cuidado. Ahora no. Quizás es egoismo, quizás inseguridad, no lo sé. Lo cierto es que me produce desasosiego, intranquilidad, comienzo a pensar en el qué habré hecho mal o en el que podría haber hecho para mejorar la entrada y hacerla más participativa. No sirve de nada que lo haga, al menos hasta hoy, porque nunca se me ocurre nada, la entrada en cuestión, la que sea, era la que quería hacer, no otra y es entonces cuando me digo a mí mismo que no debo caer en el servilismo o en el buscar los comentarios a toda costa, si no hay comentarios pues mala suerte y ya está. Es verdad que por experiencia sé que en verano disminuye mucho la actividad del blog, no sólo por la cantidad de visitas y comentarios, la cantidad de entradas también se ve disminuida notablemente. Pero no puedo evitar estar dale que dale, pensando por qué esta vez no fui capaz de generar comentarios. De la cantidad de visitas no me quejo, pero ahí está el problema, hay bastantes visitas y no hay comentarios, sería casi preferible que no hubiera ni lo uno ni lo otro, al menos más tranquilizador: no genera comentarios porque nadie lo ha leído, claro que en este supuesto el blog duraría tres días, casi mejor dejar las visitas como están. No sé si soy capaz de explicar la sensación, es como si jugando al frontenis golpeas la pelota y ésta, sin desviar la trayectoria que la conduce a la pared, nunca llegara a tropezar con ella y nunca viniera de vuelta, si esto ocurriera ni siquiera cabría la posibilidad, por remota que fuera, de que te golpeara en la cara y te dejara un ojo amoratado, es como si la bola se hubiera precipitado en el vacío, en la nada, en una nueva dimensión. Y esta tarde, después de comer, con la modorra que me entra, me he tumbado en la cama para dormir la siesta  y en la duermevela que antecede al despertar me he sorprendido dándole vueltas a las entradas sin comentarios y poniéndolas en relación con la lección aquella de las funciones del lenguaje que estudiábamos en la asignatura de lengua y que a mí siempre me pareció estupida, porque la ignorancia ya se sabe que es muy atevida. Emisor, receptor, canal, contexto, situación, código...  Ya ves, quién me lo iba a decir a mí, que al cabo de los años aún sería capaz de recordar estas cosas que tan inútiles, por tontas, me parecieron en su momento. En definitiva, que prefiero me amoraten un ojo antes que lanzar bolas que se pierdan en el vacío o en algún lugar junto a algún bosón de Higgs.
Y ahora a ver quién es el guapo o la guapa que me dice que esta de hoy tiene poco de chorrada.
 Por cierto, ¿os he dicho alguna vez que el personaje que me gustaría interpretar en escena de ser cantante de ópera sería el Otello de Verdi? Debe producir una sensación orgásmica. Pero para ser Otello hay que tener una voz como la Mario del Monaco, porque puestos a cantarlo que sea a lo grande. Recuerdo que una vez Plácido Domingo decía en una entrevista que cuando caía el telón tras una representación de Otello tardaba muchísimo tiempo en reaccionar y salir del estado de shock que la interpretación del personaje le producía y que era muy duro entonces salir a saludar y atender a los fans en los camerinos, pero él aún así, con la amabilidad que le caracteriza, seguro que lo hacía.

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