Revista Cultura y Ocio

A escondidas

Por Ilusionrecuerdo @ilusionrecuerdo

 Sinceramente no recuerdo su rostro.

A escondidas

  En un sendero paralelo a la caribeña playa de Cahuita, en Costa Rica, se cruzaron nuestros caminos durante unos segundos. No recuerdo su rostro. Y, sin embargo, podría rememorar con todo detalles el momento exacto en el que hicimos esta foto. La humedad agobiante, las olas azotando con fuerza la arena, llevándose cualquier rastro de la playa idílica que esperas encontrar, las nubes entorpeciendo al sol, los monos aulladores jugando al escondite entre la espesa selva. 

  No soy capaz de describir cómo era su cara, si sonreía o andaba contrariado. Pero algo debimos ver en él, algo nos llamó la atención para girarnos y hacer una foto fugaz, solo una, sin permiso, como si nos diera miedo a estar robandole algo. Los pies descalzos, el torso desnudo, el peine curiosamente enganchado en su pelo afro y la sensación de despreocupación, de libertad que indicaba su ritmo pausado de caminar. 

A escondidas

Esta instantánea nos recuerda a la gente del caribe costarricense, a su sonriente población afro caribeña, descendiente de los inmigrantes jamaicanos llegados para trabajar en la construcción del ferrocarril y en las plantaciones bananeras de la región. Este joven sin rostro, ni nombre, en blanco y negro, podría ser perfectamente uno de esos jamaicanos que desembarcaron a finales del siglo XIX en esas tierras y las fueron haciendo suyas. Por eso hoy, si paseas por Cahuita, no te extrañes si escuchas de lejos a Bob Marley sonando en un un transistor o si compartes una cerveza con un rastafari tumbado en una hamaca. 

La cultura reggea concentrada en un pequeño rincón de Costa Rica, en una foto tomada a escondidas.


Tagged: Cahuita, Costa Rica, selva
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