Revista Opinión

A precio de saldo

Publicado el 07 enero 2012 por Carmentxu

A precio de saldoNo queda mucho espacio para el empleo, ni siquiera para el autoempleo, que se encumbró desde el principio de la crisis como alternativa a la falta de confianza empresarial. Muchos afectados por la crisis se animaron a crear su propia autoempresa, capitalizando la prestación de desempleo o aprovechando la indemnización por despido. Parecía una buena idea entonces, aunque los números al final no han salido. El número de autónomos descendió el año pasado en 32.579 personas que dejaron de cotizar a la Seguridad Social por cuenta propia. Ni siquiera los emprendedores (paraguas bajo el que se ampara todo tipo de negocio, sea o no innovador) se salvan. A la falta de confianza de los empresarios se ha unido la desconfianza del sector bancario. El resultado es la muerte por asfixia. Las indecentes ayudas aportadas al sector financiero para que propicie la recuperación mediante créditos se han quedado ahí, en indecentes, mientras salpican los titulares los más indecentes todavía sueldos de los directivos de las entidades inyectadas con dinero público, de todos, que para eso sí nos quieren. El tiempo pasa y alguien tendrá que pagar los platos rotos de esta gran estafa. Por ahora, los platos rotos van a cuenta de los asalariados, los parados y esos pequeños empresarios que confiaron en sí mismos para salir adelante.

Mientras escribo, FACUA advierte del peligro de fraude durante las rebajas. Los comerciantes tergiversan los descuentos, añadiendo un precio original superior sobre el que aplican la rebaja para que, al final, quede un precio bastante similar al inicial. Si algo nos está enseñando esta crisis pertinaz es que nadie regala nada, ni siquiera te lo dan a cambio de intereses, así que, cuando nos vengan con las rebajas, cabe la posibilidad de que se refieran a nuestros derechos.

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