Revista Opinión

A propósito de los “cubañoles”.

Publicado el 06 enero 2012 por Santiagomiro
A propósito de los “cubañoles”.
El cónsul general de España en Cuba, Pablo Barrios Almazor, felicita al cubano Norberto Díaz, por ser el primer ciudadano en acogerse a la “Ley de Nietos”.
Publicado en “España-Cuba, exilio", el articulo llama la atención por la estadística especulativa que denuncia. Asegura que la comunidad de españoles en Cuba era de 28.000 personas antes de la Ley de la Memoria Histórica, más conocida como “Ley de Nietos”. En diciembre del 2011, el consulado español en La Habana ya había otorgado 65.000 nuevas nacionalidades y contabilizaba más de 110.000 expedientes pendientes de resolución. “Teniendo en cuenta que el proceso de denegación por falsedades o falta de apoyo documental oscila alrededor del 4 por ciento, el propio cónsul, Tomás Rodríguez Pantoja, aseguraba en una reciente entrevista que ‘al final de la vigencia de la Ley, en Cuba estarán en el orden de las 180.000 nuevos cubanos españoles. Eso va a provocar que la colonia española estará en torno a los 210.000 miembros, lo que tendrá su importancia desde un punto de vista sociológico”.
El articulo alertaba de la importancia sociológica de esta nacionalidad única en el mundo que, en unos meses, había visto crecer el número de sus residentes en el extranjero en un 750%. “Para que tengamos una idea más precisa: si otros 62 países con representación consular en Cuba abrieran la misma posibilidad que el Consulado español y los cubanos respondieran con el mismo entusiasmo, la población —¡total!— de la isla, calculada aproximadamente en 11 millones 241 mil personas, pasaría a tener otro pasaporte, además del cubano. Se trata de un escenario más que improbable, pero que da pie a algunas reflexiones sobre el exacerbado nacionalismo del discurso oficial”.
“En Cuba –termina dicho artículo–, el concepto de ciudadanía se ha vaciado de significado político, y lo recobra sólo parcialmente a partir de la posibilidad de adquirir un pasaporte que no sea el cubano. Ese pasaporte no sólo representa una posibilidad de viajar, sino también la garantía de alguna certeza legal, de alguna ‘identidad seria’ en un escenario futuro. Los cubanos no se hacen españoles por nostalgia, o al menos, no en una proporción mayoritaria. Si Francia u Holanda, por ejemplo, decretaran mañana una Ley de Nietos como la española, los cubanos acudirían masivamente a intentar nacionalizarse franceses u holandeses y removerían archivos, tratando de encontrar alguna prueba de un pasado galo o neerlandés. Ser cubano desde el punto de vista de la ciudadanía moderna es cargar con un lastre, con una condición inútil vaciada de derechos. El ciudadano, o el proto-ciudadano, es aquel que sólo puede reconocerse en la otra nacionalidad. Detrás de la imagen del cubano Norberto Díaz, primer cubano que obtuvo la flamante nacionalidad española, se esconde la imagen del gran fracaso de la institucionalización cubana, del autoritarismo que obliga a sus ciudadanos a un nuevo teatro bufo de los derechos políticos”.

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