Revista Opinión

¿A quién le importa la cooperación en la UE?

Publicado el 13 abril 2015 por Gsnotaftershave @GSnotaftershave

Seguramente están al corriente de la importantísima campaña que está llevando a cabo Oxfam Intermon para pedir que se aumente la contribución en los Presupuestos Generales del Estado a la cooperación al desarrollo. La ONG denuncia que desde el inicio de la crisis esta partida se ha recortado en un 70%, y este año, en los que Montoro llama “los presupuestos de la recuperación”, el ejecutivo está lejos de marcar un rumbo diferente. España dedica un ridículo 0,16% del PIB a cooperación. Pero, ¿cómo se ha tratado la ayuda a la cooperación en otros países? ¿Es el de España un caso aislado de egoísmo patrio?

Ayuda al desarrollo por países en 2013 (en millones de euros) / Concord

Ayuda al desarrollo por países en 2013 (en millones de euros) / Concord

Ni tanto ni tan calvo, aunque claramente hay mucho que mejorar. La confederación europea de ONG de ayuda al desarrollo, Concord, ha publicado un informe en el que evalúa lo que cada país europeo dedica a esta materia. En general, la ayuda humanitaria ha aumentado tímidamente este año, motivada casi exclusivamente por la crisis del ébola. Y ni por esas llega al objetivo que la UE se había marcado: llegar al 0,7% del PIB en 2015, para el que faltan 41 billones (miles de millones) de euros.

Sólo cuatro países del club cumplen esa meta. No es muy difícil adivinar cuáles: Reino Unido, Suecia, Dinamarca y Luxemburgo. Según los datos de 2013, los Veintiocho dedicaron a cooperación 53,6 mil millones de euros. La ayuda creció un punto desde 2010 (¡son tres años!), pero en 2014 volvió a caer y no, no cayó únicamente un punto: la bajada, digna de montaña rusa, llegó hasta los 48,4 mil millones. La Unión va exactamente en la dirección contraria a la prometida.

Ayuda al desarrollo por países en 2013 (% del PIB) / Concord

Ayuda al desarrollo por países en 2013 (% del PIB) / Concord

El balance de Concord es optimista en al menos un punto. Juzga que los Estados miembros han hecho “un pequeño progreso” en sus planes, pero sólo nueve cumplen con lo que dicen que harán. Lo bueno es que se ha ampliado la ayuda conjunta para 40 países y se extenderá a otros 12. Es la que deciden juntar varios países, lo que permite seguir mejor la estrategia de desarrollo de cada Estado de destino al contar con más pasta. Lo malo es que nueve de los donantes, entre ellos Irlanda, Francia, Dinamarca o Finlandia, no canalizan su ayuda a través de los sistemas del país -sólo el 30%- y eso hace que se pierdan activos por el camino o sea más difícil concretar proyectos.

Lo peor, es que casi el 80% de la ayuda no está sujeta a condiciones. La UE se ha distinguido de otras potencias como China por pedir, a cambio de subsanar necesidades, compromisos con la democracia y el respeto a los derechos humanos. Es el distintivo europeo, esa meca de la igualdad y la libertad, entre todas las comillas del mundo. Pero, por ejemplo, Irlanda y Reino Unido, la desvinculan totalmente. Si se dan ayudas a un país gobernado por un dictador, ¿quién se quedará con el dinero? La caída y la pérdida total de principios son muy preocupantes. Sobre todo teniendo en cuenta que, en el fondo, el cuento de la meca de los derechos humanos no estaba empezando a escribir más que la primera de sus cortas líneas.

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