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Adiós Mariscal

Publicado el 14 junio 2012 por Marianofusco

Adiós Mariscal

Después de luchar mucho y de sufrir incontables inconvenientes con su físico, especialmente con sus rodillas, Gabriel Milito dijo basta. Luego de cumplir su sueño de volver a jugar en el club de sus amores, el ex defensor del Barcelona anunció ayer al mediodía que se retirará del fútbol profesional una vez finalizado el Clausura 2012.

Luego de una carrera tan llena de éxitos y consagraciones como plagada de inconvenientes en lo físico, se puede decir que Milito ha tenido que pasar a lo largo de estos 15 años por lo mejor y lo peor del fútbol.

Adiós Mariscal

A pesar de haber debutado en primera con tan solo 17 años, el Mariscal mostró la chapa de caudillo desde el primer día y apenas tres años después logró convertirse en el capitán de uno de los clubes más prestigiosos del país. Marcado en sus comienzos por César Luis Menotti, quien siempre que puede se deshace en elogios para el defensor central, se convirtió en ídolo de un club que no pasaba su mejor momento, y que tenía eventos aún peores en el horizonte.

Cuando su carrera avanzaba a pasos a agigantados tanto en Independiente como en sus constantes apariciones en los seleccionados juveniles, llegó el primer obstáculo para el Gaby. En el año 2001, y con apenas 21 años, sufrió su primera rotura de ligamentos que lo alejó aproximadamente 6 meses de las canchas, en lo que fue el primer aviso de lo que iba a sufrir con sus malditas rodillas.

Bajo la consigna de salir campeón antes de partir a Europa, el último ídolo de Independiente realizó una recuperación óptima y pudo lograr su objetivo en el Apertura 2002, torneo en el que el Rojo mantuvo la base de un plantel interesante en el cual se destacaban el mismo Milito, Federico Insúa y Andrés Silvera, y sumó varios refuerzos de la mano de un apoyo económico de Daniel Grinbank, que trajo, entre otros, a jugadores como Daniel Montenegro y Lucas Pusineri.

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Con la conducción de Américo Gallego, otro de los técnicos importantes en su carrera, el Mariscal se dio el gusto no sólo de salir campeón, sino también de ser parte esencial de uno de los mejores equipos que tuvo el fútbol argentino en la última década. Más allá de su aporte clave a lo largo del certamen, quedó inmortalizado en el relato de Marcelo Araujo con ese “Cuando empuja Milito Independiente quiere…” su empuje para que Independiente logre el empate en ese histórico partido ante Boca.

Luego de quedarse un campeonato más en el que Independiente estuvo más cerca de los últimos puestos que de defender su trono de campeón, llegó el momento de emigrar al viejo continente. Tras un fallido pase al Real Madrid, que lo rechazó tras encontrar defectos en su rodilla durante la revisación médica, su destino terminó siendo Zaragoza, club en el que no tardó en hacerse tan ídolo como lo era en Independiente.

Fueron cuatro años en el club maño, donde rindió a gran nivel y hasta se dio el gusto de vengarse del Real Madrid, al que venció en la final de la Copa del Rey del año 2004. Además de esa copa, obtuvo también la Supercopa de ese mismo año, en la que el Zaragoza se impuso al Valencia, campeón de la liga española por aquel entonces.

Adiós Mariscal

Ya consolidado como uno de los mejores centrales del fútbol europeo, el FC Barcelona se interesó en el y lo incorporó a sus filas a cambio de 20 millones de euros y con un contrato que tenía una cláusula de recisión de 90 millones de euros. Si bien no llegó en el mejor momento del club, que en ese momento pasaba por la última temporada de Frank Rijkaard, el Mariscal se hizo un lugar entre los titulares del club catalán y terminó teniendo un buen rendimiento en aquella temporada de transición para el Barcelona.

Cuando ya parecía afianzado, iba a llegar otro golpe para Milito, e incluso más duro que el que había sufrido en el 2001. En el partido de vuelta correspondiente a las semifinales de la Champions League 2007/08 entre el Barça y el Manchester United, sufrió una vez más la rotura de los ligamentos de la rodilla y perdió todo el terreno que había conseguido en esa buena temporada con los blaugranas.

Si bien en un comienzo el diagnóstico fue de seis meses, entre complicaciones en la recuperación y una operación más cuando ya estaba regresando a los entrenamientos, fueron en total 18 meses de recuperación, todo un calvario para cualquier jugador de fútbol.

Con Puyol y Piqué muy por encima de él en rendimiento y en la consideración de Pep Guardiola, todo se hizo muy cuesta arriba para Milito, que luego de un año y medio en el que se la pasó alternando y complicado por lesiones musculares, decidió cumplir con lo que siempre había dicho y regresó jóven a retirarse en Independiente.

Si bien la primera parte del retorno fue complicada por su pésimo rendimiento en aquel partido ante Inter en Porto Alegre, en el que Leandro Damiao lo superó durante toda la noche, después de aquel fatídico episodioMilitó logró regularidad, se afianzó en lo físico y terminó rindiendo a buen nivel e incluso dejó atrás cualquier duda sobre sus rodillas, ya que fue el jugador que más minutos tuvo en el primer semestre de esta temporada.

Luego de esos primeros seis meses que terminaron siendo positivos en lo personal, Milito e Independiente se prepararon este último verano con intenciones reales de pelear un campeonato. La presencia del Mariscal en buen nivel sumada a un buen plantel y la conducción técnica de Ramón Díaz ubicaban al Rojo entre los candidatos, pero a la vista está que todo esto estuvo muy lejos de suceder.

Más allá de los malos resultados a nivel grupal, el físico empezó a pasarle factura del intenso semestre inicial y, por primera vez desde su regreso, el Gaby empezó a perderse partidos por cuestiones físicas. A veces por la rodilla y otras veces por una complicada pubalgia, Milito perdió continuidad y así su nivel también empezó a decaer. Si bien se animó a declarar que aún “Había Milito para rato”, las constantes lesiones y el caos institucional del club lo empezaron a desgastar y todo terminó en el retiro anunciado hace ya más de 24 horas.

El fútbol argentino perderá a quien supo ser uno de los mejores centrales del mundo en su mejor momento, pero Milito podrá retirarse tranquilo sabiendo que dejó un buen recuerdo en cada club en el que le tocó jugar. Otro Mariscal que pasa a la historia.


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