Revista Cine

Adolf de Osamu Tezuka

Publicado el 18 octubre 2011 por Juancarbar

Hace casi un año Planeta de Agostini reeditó “Adolf “, una de las obras capitales del manga. Su importancia se debe más a motivos históricos que de brillantez pues esta obra es una de las que señalan la entrada en la madurez de esa forma de hacer cómic pero es una obra normalita. Con “Adolf” el manga por fin deja de ser otra forma de contar historias juveniles para ser simplemente otra forma de contar historias. Esta evolución, que se debe a la maduración tanto de su creador, Tezuka, como de su público, está perfectamente plasmada en “Adolf” pues ya no está dirigida a un publicó infantil sino a uno más amplio.

Adolf de Osamu Tezuka

El problema de “Adolf” es que está caduca. Sus características la emparentan más con la ficción popular que se hacía en el 1º/3 del siglo XX que con lo que se hacía en su momento de publicación, 1983, o lo que se hace ahora, casi 30 años después. La historia, por eso, me ha parecido demasiado ingenua, simple, exagerada y torticera. Además, se nota que es una historia que se ha ido haciendo sobre la marcha porque la historia no es coherente. Hay contradicciones y se dejan cosas colgadas o se terminan abruptamente. Lo que le da un ritmo irregular, ya que hay cosas trepidantes y otras que duran demasiado sin que haya un criterio que las diferencie. Aunque con todo Tezuka demuestra ser un maestro de la narración. Si “Adolf” en conjunto es irregular y no está bien desarrollado, capítulo a capítulo es notable porque Tezuka domina la narración de forma que sabe manejar los tiempos, cuando meter humor, cuando avanzar, cuando detenerse, cuando sorprender… En las partes se nota el talento y la enorme experiencia que Tezuka atesoraba en aquel momento. En cambio, en el todo se ven los problemas de las historias por entregas que se van haciendo a vuela pluma y la supeditación de un relato a un mensaje o moraleja.

No sólo las entregas entroncan este manga directamente con la ficción pop de principios del siglo pasado (que no es más que la continuación lógica de la decimonónica), también lo hace el estilo narrativo, folletinesco, culebronesco y melodramático, de modo que “Adolf” despide un tufo a sobremesa que no le favorece. Hablo de cosas como el que los personajes acaben liados entre sí. Algo muy irritante en este manga por estar ambientado en urbes muy pobladas y en varios países. Al final Toge, el periodista, se casa con la madre de A. Kauffman? Amos enga ya! En fin, la historia que quería contar Tezuka ya era bastante dramática como para necesitar exagerar o forzar la credibilidad hasta romperla. Si pretendes contar una historia seria, grave y realista no puedes hacerlo con las herramientas propias del folletín, digo yo. Así, el relato ha quedado un poco cuento de modo que “Adolf” es un manga simplemente entretenido, para pasar el rato, aunque tampoco es de usar y tirar.

Lo que esta obra de Tezuka tiene de interesante está fuera. El enfoque tras las líneas y civil sigue siendo algo extraordinario para la ficción de la Segunda Guerra Mundial. Se ve que esa guerra es tan poderosa que lo bélico aniquila cualquier otra posibilidad narrativa. También es fresco el que se ambiente en los perdedores, es decir, en los malos. Sobre todo en Japón que, entre que somos occidentales y los japos no quieren hablar de algo que les da vergüenza, es difícil leer ficción sobre el tema (más allá de Hiroshima y Nagasaki). Aunque “Adolf” tiene mucha carga autobiográfica porque Tezuka fue testigo adolescente y directo de la guerra, de modo que es algo más que ficción. Otro elemento interesante es que no hace un retrato pop del militarismo nipón y del nazismo. Ni es superficial ni es maniqueo y, además, trata de ser profundo y crudo. Por eso, aunque es más un elemento de fondo que un elemento central, es de lo mejor del cómic. El acercamiento de un oriental al nazismo, que además lo vio nacer y morir, aporta una visión más clarividente sobre él ya que no tiene que satisfacer ficciones interesadas y maniqueísmos oficialmente establecidos. Por esto, el retrato que hace Tezuka de Hitler no es el habitual. Ni lo pone como un payaso ni lo pone como un psicópata. Le pone como alguien normal, de modo que debe estar bastante cerca de la realidad. Es el retrato de una persona que acaba volando en pedazos por el odio, el nacionalismo y la tensión de dirigir una guerra mundial. Aunque, al ser un personaje de un manga melodramático, se asemeja a un héroe de tragedia griega. Un personaj poseedor de grandes habilidades (por ejemplo, meterse a los alemanes en el bolsillo) y de grandes defectos (antisemitismo, nacionalismo, militarismo, totalitarismo, complejo mesiánico…), que son el talón de Aquiles donde impactará la ruina y cuya desmesura le acaba trayendo la muerte porque su meta es inalcanzable para los mortales. Esta cualidad heroica del personaje es retratada brillantemente por medio del dibujo. Genial en este aspecto la escena del discurso del principio.

Lo curioso de “Adolf” es que Tezuka se centra en los nazis y no en Japón. Puestos a denunciar, por qué la paja del vecino y no la viga propia? Sobre todo cuando el militarismo nipón es el hermano gemelo del nazismo. Si el nazismo tenía un montón de razas inferiores que debían estar a su servicio, los japos también. Chinos, filipinos o coreanos eran razas inferiores para los japos. Si los nazis despreciaban a los japos, estos sentían lo mismo por los occidentales. Si los nazis sobrepasaron los límites de la crueldad con los civiles enemigos, los japos también. Si los nazis crearon los campos de concentración, los japos crearon campos de esclavos (Kwai por ejemplo). Si los nazis trataron a los prisioneros de guerra (no de “raza inferior”) mejor que los japos, los japos trataron a los judíos mejor que los nazis (era fácil). Si los nazis eran furibundamente anticomunistas, los japos también. Si los nazis eran belicosamente expansionistas, los japos también. Así que me sorprende que las críticas al militarismo japonés sean suaves y falsas por reduccionistas (al final los culpables son los poderosos, no el pueblo que, por lo visto, se deja hacer). Así que yo creo que Tezuka quiso que viésemos en el nazismo y lo que este le hizo a A. Kauffman al militarismo japonés y lo que este le hizo a los japos. Pienso que es así porque es la forma que encontró Tezuka para hacer autocrítica, ya que un japo nunca acepta un error o una derrota, antes prefiere morir. Así que, en mi opinión, al no poder hacerlo de forma directa, a través del nazismo es como Tezuka denuncia el militarismo nipón de la primera mitad del siglo XX.

Por otro lado, tampoco entiendo que el retrato de A. Kamil sea más positivo que el de su examigo, ya que se acaba comportando tan villanamente como aquel. Aunque Tezuka censura a los judíos el que de víctimas hayan pasado a ser verdugos, no remata la crítica. Quizás consideró como un atenuante el trauma que fue para ellos el exterminio. Aún así no entiendo, puestos a condenar conductas, porqué a Kamil le dejan flores en su tumba si al final fue tan malo como los otros Adolf (puede ser por culpa de empezar una historia circular sin saber como va a ser desarrollada).

El grafismo incide también en el aire rancio de “Adolf” porque Tezuka, aunque aquí trata de ser más realista, sofisticado y adulto de lo habitual, sigue dibujando con su caracterísitico estilo muy heredero del estilo Occidental de cómic infantil de entreguerras. Esto tiene el valor de ayudar al viaje temporal que propone la obra, ya que si este cómic se hubiese hecho entonces, habría sido dibujado así (por cierto, sobresaliente la recreación visual histórica), pero hoy resulta ingrato. También, en este apartado, de nuevo, sobresale la capacidad narrativa de Tezuka. Su estilo cinemático es espléndido y hace patente la gran influencia que el cine de animación tuvo en él. “Adolf” casi es más un story board que un cómic. Ya entiendo porque se narra así en el manga. Pero por otro lado, el expresionismo que utiliza, magistral, es contraproducente para los objetivos de la obra al apartarla del realismo y la madurez que perseguía. Con lo que ocurre lo mismo con el apartado gráfico que con el literario: el realismo y la madurez del relato son neutralizados por un estilo melodramático e infantil.

En fin, “Adolf” es un manga entretenido que tiene el interés de ser un relato sobre Occidente hecho con sensibilidad nipona, de forma que nos vemos reflejados de una forma diferente a la habitual. Aunque al final Tezuka acaba cayendo en la trampa. La Segunda Guerra Mundial no es la guerra del genocidio judío. Este fue un acontecimiento menor que en ningún momento influyó en esa guerra. Por eso de reducir la Segunda Guerra Mundial a lo de los judíos, como hace “Adolf” y tantas otras obras, es un reduccionismo tonto y deformador producto del esquema maniqueo y salvífico de la ficción pop. Por eso este manga tiene grandes cosa, la mejor es el retrato de la vida en Japón en el tramo final de la guerra por su solidez y verismo (sin duda porque es la parte más autobiográfica de la obra, hay cosas que nunca se olvidan) y porque es una parte de la historia que apenas se cuenta (los yankis no pueden quedar mal), pero en conjunto es mediocre. Aunque también puede que no la haya entendido y me la haya tomado más en serio de lo que debería pues quizás hay que tomarse “Adolf” como una fábula, como un relato que nunca ha querido salir de la ficción por mucho historicismo que tenga. Sea como sea, lo mejor es que es un relato de alguien que vivió esa época, de modo que es un testimonio (ese era el objetivo de la obra: “millones [...] se la leerán a sus hijos/ y los hijos a los nietos… y así a millones de personas…“) de enorme valor para conocer cómo vivían, cómo vivieron y cómo recordaron los civiles japos aquellos tiempos.

Tags: adolf, hitler, japon, manga, planeta, Segunda Guerra Mundial, Tezuka


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