Revista Arquitectura

AK+RK* – Cultura de Otoño en Moscú

Por Croquizar Fernando Garcia @croquizar

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AK+RK* – Cultura de Otoño en Moscú Escribe:Marcel Blanchard. Columnista invitadoCursó la carrera de arquitectura en la Universidad de la República. Vinculado a diversas instituciones terciarias de América y Europa, es referente nacional e internacional en en arte, arquitectura y cultura rusas.

El otoño llega rápido en Moscú. La temperatura desciende a cero. Nadie será tan ridículo de usar gorro todavía, claro, pero el frío ya es frío y no se juega con él. Los rusos lo saben y se visten sus ropas de estación, que se usarán pocos días. Belleza clásica. El otoño de Pushkin y Stanislavski. Frío estimulante aún sin nieve y los árboles de todos los tonos entre el amarillo y el rojo. Es bueno escuchar a Vivaldi andando el Bulevar de Gogol por algún asunto.

El invierno blanco comienza su cuenta regresiva en la que cada día parecen semanas. La crisis de Ucrania ha pasado su climax y Rusia  parece haber ganado, al menos en lo táctico, su partida ante el siempre sospechoso Occidente.  La misma de siempre, gusta de ampliar territorios, y la gente en general lo apoya, máxime cuando hay razones para ver la mano de los EEUU  detrás de los “vientos de libertad” en Kiev. Muchas veces en estos meses inciertos, hemos oido decir indignados a rusos medios -Ucrania??… Ucrania nunca existió ni existe!…Que los americanos no se metan con Rusia!…Un rudo chofer comentaba indignado – A ningún país de Europa voy más de vacaciones! Porqué se la agarran con Rusia?No voy más de vacaciones a ninguno de esos. Me iré  a la Argentina, a Uruguay o a Brasil- Son expresiones extremas, claro,y además contienen algo de reacción a lo que todo el mundo sabe. ¿Acaso una de las estaciones de metro mas fantásticas de Moscú no se llama “de Kiev”? Y uno de los siete edificios altos de Stalin ¿no tenía por nombre Hotel Ucrania? Pero así son los rusos. No con solo territorio vivirá el hombre, sino tambien con pan y seguridad. Mientras haya pan y seguridad todo esta bien en Rusia (esa seguridad cotidiana que en otros lugares se añora y se utiliza como arma política fácil). Los rusos dejan y dejan hacer….hasta que un día todo revienta y se dan una revolución de esas que en diez días conmueven al mundo. Ya pasó. Se viene el invierno. Hay que arreglar como transita  el gas para Ucrania y Alemania. Una crisis ex- soviética más. Unos cuantos centenares de jóvenes eslavos muertos , otros con alguno de los sentidos o algún miembro de menos, pero nada novedoso para la Santa Madre. Lo demás escapa  a nosotros en su verdadera verdad, como gentes comunes que somos. Además, ¿quien es quién para andar juzgando asuntos que no entiende?

Lo cierto aquí es que Moscú no parece haberse enterado demasiado de la crisis. Como capital de un imperio que es, sigue desarrollándose por su propia lógica. Y cada vez está mas atractiva. Barrios enteros irreconocibles. En los últimos dos años se han restaurado y reciclado enteros. Han revivido grandes infraestructuras urbanas soviéticas. Eso es lo bueno de las autocracias rusas: los arquitectos y urbanistas consagrados estan a sus anchas, y “generan ciudad” sin molestias. La gente no deja de disfrutarlo en sus resultados, con pragmatismo eslavo. La intendencia arrasó con todas las ferias y puestos dudosos de los que abundaban en el Moscú capitalista de los últimos 20 años post soviéticos. La capital recuerda en su limpidez y vastedad al Moscú que conocimos en los ’80.  En este verano a lo sumo dejaron de verse manzanas polacas en sus mercados. No es mayor problema, quien quiere se las trae de sus dachas. Un poco más ácidas pero también mas “naturales” como debe ser en el mundo globalizado todo lo bueno. Los inmigrantes uzbekos o tadzhikos, las arrancan de los manzanos callejeros, que los hay en abundancia. Cerraron el Mac Donalds de la Plaza Pushkin, aquel que abrio primero, apenas disuelta la URSS. Adujeron medidas de sanidad. Nos consta que era tan limpio como cualquiera de las otras decenas que siguen funcionando con éxito. Un asunto político. Ahora esta patéticamente desierto como un terraine vague post-postmoderno. La historia volvió a comenzar a pesar de que los especialistas habían anunciado su fin. Y al costado del no-MacDonalds abrio una tienda con camisetas de Pútin del tipo de la que se puso en Moscú Mike Rurke en plena crisis, para espanto de las buenas gentes de occidente. Junto a imagenes del Guía, tienen escritas en ruso frases como “A los nuestros no les abandonamos”, “Gudbay America”, “Rusia potencia”, “Ejército Ruso”, “Crimea es nuestra”, “Pongan sanciones! También nosotros tenemos el arma atómica”… Pero a no llamarse a engaño. Los demas Mac Donlads están llenos a tope y los rusos no son tontos.

Así, aún en medio de la hostilidad mediática generalizada y de la guerra de sanciones, la vida cultural siguió su curso en Moscú.
AK- Por primera vez en la historia cultural de la capital rusa, una murga uruguaya subió a un escenario. Promovida su visita por el embajador oriental en Rusia, actúo dos días consecutivos en un teatro en pleno centro.
La función no comienza en hora  para desesperacion del público que no entiende que eso es tan oriental como el fútbol, el mate,  o el matar vacas en masa para comer su carne asada (como cantaría una murga de  algún país imperialista de los que se burlan las murgas autóctonas, o mejor aún una murga de vacas en su pieza de despedida “Esto también es mal trato animal”, mientras se van saludando al camión final). El espectáculo no empieza y la gente comienza a aplaudir. Al fin quince minutos pasada la hora -una eternidad para el modo ruso-  aparece sonriente  el presentador y aclara que “de la murga y su satira no se salva nada ni nadie”. Pide que “en ese espíritu se entienda todo lo que se va a decir cantando”. Curioso efecto, en Moscú no se salvará ni la murga misma.

El presentador explica porqué la República se llama Oriental. Comienza. Espectáculo digno de ver. El de los rusos mirando a la murga. Las letras de los temas se traducían en una pantalla para aquellos que no entendieran el español. Gran parte del público lo entendía, pues tales espectáculos atraen de por sí a estudiantes del idioma y amantes de la cultura en cuestión presentada.   Ahi esta uno, sentado entre rusas y rusos que miran erguidos la murga. Se empinan recuerdos de la niñez y la adolescencia en el tablado del Club Tabaré, en plena dictadura. La traductora es muy buena. Aún así no puede explicar al público porque se reitera tanto la palabra palabra “camión”. Y tiene que simplificar cuando se enfrenta a otras como “reo” o “arrabal”. Los rusos no entienden que está pasando en el escenario. Da gusto ver de reojo sus caras perplejas viendo a una murga… Esos monos vestidos de monos con siete corbatas, moviéndose como monos, a medio camino entre el teatro y un carnaval dantesco… Viene a la memoria la burla de  los alemanes a los hermanos rioplatenses festejando en Berlín su victoria en la final, agachandose como viejas y diciendo “así caminan los gauchos”. ¿Porqué estará de moda en el Río de la Plata tomarse fotos de amigos, agachados hacia adelante, aún entre amigas vestidas para el casamiento? Quiza por  el  modo de tomarse una foto de los equipos de fútbol….Buenos Aires genera conductas…sociología viva…

Pero el ruso es un público respetuoso y sigue atendiendo. De a poco se suelta. No entiende en absoluto el extraño humor oriental pero siente que algo debe haber ahí detrás de lo que se ve.

Llega el tema de la guerra y algunos rusos de traje se revuelven en sus asientos. La letra es claramente orientada al imperio norteamericano, pero nadie se da cuenta pues parece hecha para el verano pasado en estas tierras ex-soviéticas. Otros rusos por cierto se ríen y aplauden.  En general la letra causa incomodidad, pues Rusia, como todo buen imperio, siempre anda en guerras.

Luego viene la parte dela religión y la gente se distiende un poco. La religión tiene profundo arraigo y es pilar de la cultura rusa. Sin embargo el ateismo fue la religión de la extinta y hoy muy respetada Unión Soviética, razón por la cual aun vive de algún modo en el inconciente colectivo. De igual modo a como vivía la religión en el inconciente cuando el comunismo.  El público se rie comprensivo. No quiero ni mirar a un cura católico invitado que vi al comienzo de la función buscar su butaca.

Cuando la parte de la nena, el novio, los rubios,  los “cabeza negra” y los “chinos”, las gentes  de claro origen de alguna ex-república soviética alejada, se ríen de verdad y aplauden con fruición.

Luego viene la parte del amor, la vida, la nostalgia. Todos recuerdan a sus madres, sus abuela sus padres, y a sus primeros amores. Se encuentra la zona en común como seres humanos. El público se deja llevar. Finalmente los muchachos se retiran y regresan a escena sin sus caretas de viejos  inquietantes. El público  se distiende mas aún. Los uruguayos tiene rasgos que a los rusos les resultan sencillamente lindos.  Aplauden sinceramente. Se van los murgistas excepto los tres de atras, el bombo, el tambor y los platillos que se arriman al borde del estrado y hacen gala de alto virtuosismo. Una mujer rusa veterana lanza detrás nuestro una risa forzada entre nerviosa e histérica, creyendo que los saltos del platillero son una broma para hacer reír. Nunca se enteró de que ese muchacho que parece al gran Egidio Arévalo Ríos es brillante en lo suyo y va muy en serio. Regresa la murga, nuevamente canta cosas de un “camión” y se retiran cantando por la sala y asi se van cantando hasta el hall del teatro. Las muchachas rusas se arremolinan para fotografiarse con los murgistas, que no salen de su asombro. Extraño. Extraño espectáculo todo en sí. Pero como debe ser. Auténtico intercambio cultural. Cuando se detiene el diálogo interno del espectador y se conectan de algún modo sensibilidades distantes.

RK- Las relaciones entre Holanda y Rusia llegaron a punto crítico en julio pasado cuando el derribo del avión civil en cielos del Donbass, por un misil de fabricación rusa. La hija de Vladimir Pútin, que en esos días se
encontraba en una ciudad holandesa, fue invitada a abandonarla por la alcaldía, por no ser grata su presencia. A pesar de la tragedia y del clima alterado, los vínculos económicos y culturales entre ambos países son más grandes de lo que parece a primera vista.  En este contexto extraordinario del reciente pasado verano europeo de 2014, el hecho es que Rem Koolhaas sigue adelante con su proyecto para el Garage en la estructura soviética del restaurante “Cuatro estaciones”. -“Ya no habia marcha atrás”- dice el encargado de la dirección de obra en el Parque Gorki quien coordina con OMA y con la empresa constructora italiana encargada. La mano de obra barata de obreros kirguizes y uzbekos lleva adelante la materialización del proyecto de reciclaje de OMA, como es común en Rusia, sin usar cascos, ni guantes, ni demasiadas medidas de seguridad. Los bisnietos de los defensores del Moscú de 1941, siguen construyéndola con sus manos duras, sus ojos de almendra, y sin la menor queja.

La cultura tiende puentes que la política y su extensión, la acción militar, destrozan. El eterno juego letal de niños grandes. Por cierto, la cultura también se usa como arma por los  centros generadores y dominantes. Pero es en todo caso mas suave. Y al decir cultura no se habla de una aséptica actividad “desinteresada” como se dice comunmente, de manera simplona, para legitimar acciones y dotarse de contenido ético. ¿Qué hay de malo en que las actividades sean “interesadas”? También algúna forma de interés, del tipo que sea, es incluso lo que mueve al espíritu más prístino. Sin interés todo estaria quieto y muerto por siempre. Nada interesaría. Y Rem Koolhaas es un apasionado de Rusia, país en el que se encontro así mismo como arquitecto. También tiene aquí intereses diversos. Intereses profesionales, artísticos y podría decirse filosóficos. De ellos vive, naturalmente. Rusia ha significado para él, como para Le Corbusier medio siglo antes, un punto de inflexión en su carrera, pero aun más un permanente estímulo a sus concepciones. RK está muy interesado en Rusia.

Ha llegado a Moscú a controlar el proceso de su obra, y ha realizado una charla en el Museo de Arte Contemporaneo Garage, titulada “Rusia para principiantes”. El título es ambigüo. No quedo muy claro si el principiante en Rusia es él, o por el contrario es el especialista y los moscovitas que lo escuchaban los principiantes. Nos hizo acordar el comentario de un arquitecto catalán radicado en México, cuando hace 10 años acompaño a RK en un vuelo en helicóptero por el DF. Contaba que RK expresó al descender de la nave : – Ahora sí entiendo a MéxicoDF- Y el catalán nos comentaba irónicamente: -Llevo años viviendo aquí, tratando de entender este monstruo, pero no lo he logrado. Parece que RK lo ha conseguido con un sobrevuelo en helicóptero!- A pesar de tener razón el catalán, uno podría preguntarse, ¿Y por que no? Al fin y al cabo, RK algún tipo de genio es. Además, para pedantes los abunda también (o especialmente) entre los intelectuales mediocres. Así que nada malo que RK tenga pretensiones de entender todo de un vistazo, incluído el DF y Moscú, o la Rusia entera.

Ante una sala abarrotada de jóvenes moscovitas ha relatado su relación con este país desde sus primeros contactos con el Moscú soviético de los ´60 hasta su experimento en la Strelka y el proyecto para Garage. En  la presentación fue alternando imágenes bien conocidas para cualquier estudiante de arquitectura moscovita, sobre propuestas experimentales de la vanguardia rusa.

Para bien o para mal, o para las dos cosas a la vez, RK llega a Moscú como una estrella. Cierto que nadie tiene la más mínima idea de quien es, fuera del mundo de la arquitectura. Si paseara solo por el metro de Moscú, ¿quién le prestaría  un instante de su moscovita atención? Pero es una estrella al fin, la cual aunque sea en su mundo, con su sola presencia da brillo a cosas que antes eran desapercibidas, y a la cual la gente (también de su mundo) quiere acercarse para siquiera captar un poco de esa energia inefable. Para bien porque siempre estimula, para mal, quizá porque el público no se da cuenta de que cada quien tiene su propia energía inefable que no necesita de ningún consagrado para ser legítima y única.

El hecho positivo es que aquí estuvo, en el Moscú de la Crisis de Ucrania, RK, el sin duda más mediático de los arquitectos contemporáneos. Y como siempre que llega, en un vuelo de cuatro horas desde Amsterdam, el público moscovita afluye en masa. Habló de sus inicios, de su experiencia con la gran pisicina de Moscú, de los proyectos de Mélnikov y Leonídov que atraparon su atención y de la realidad urbana moscovita, la cual considera única en cuanto experimento de laboratorio durante el SXX. Contó como en aquellos días de los ´60, al pedir a su guía que le llevase al Dom Narkomfin de Guinzburg, esta quedo desconcertada -En la URSS siempre se debía tener un guía estatal que en general llevaba al extranjero a los lugares pre-establecidos y de paso le controlaba en sus posibles actividades extrañas como potencial espía antisoviético- La guía le preguntó entonces, porque quería invertir su tiempo en visitar tal adefecio de edificio, reacción muy común en las guías oficiales moscovitas a tales pedidos de arquitectos, aún hasta entrados los ´90 después de la disolución de la URSS, por no decir hasta la actualidad. Contó también como, cuando visitó Leningrado por primera vez, quedó impresionado y experimento ansiedad y miedo en la vastedad de la plaza del Palacio de Invierno. Para un holandés acostumbrado a los
espacios “amigables” a escala humana, sin duda fue una experiencia nueva sentir lo que los rusos desde siempre han sentido en la vastedad de la estepa: desasosiego. Ese desasosiego ante el espacio y lo que desde sus vastedades  puede venir, que hizo que los rusos fuesen como son y construyesen en la escala como construyen.

En la actualidad se ocupa también de la restauración interna de uno de los edificios que conforman dicha plaza. Relató su experiencia en los últimos años con la Strelka y como esta fue un polígono de pruebas para algunas de sus ideas.

El punto máximo de su exposición fue cuando expresó: “Rusia ha ensanchado mi visión del mundo”.

Al concluir dialogó cara a cara con quien quiso acercarsele del público, con calidez humana y sencillez natural, propia de un auténtico “grande”.

*AK en Moscu quiere decir Agarrate Catalina pero al estilo ruso. RK quiere decir Rem Koolhaas. Y el signo + pues lo usamos por inercia, porque desde algún momento en los ´90 se puso de moda en algunos ambientes para quedar , como decirlo, “conceptual”.

Fotografía: Victoria Smirnova/Marcel Blanchard

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