Revista Ciclismo

Alcohol y ciclismo (I): pocos beneficios y mucha leyenda urbana

Por Rafael @merkabici

El británico Bradley Wiggins representa el maridaje perfecto entre alcohol y ciclismo: el exganador del Tour de Francia de 2012 y actual campeón del mundo de contrarreloj ha confesado en no pocas ocasiones su pasión por la cerveza, especialmente la belga. Pero claro, ni todos somos Wiggins ni el alcohol es un complemento, sino una droga de baja estofa normalmente de ocio cuyo consumo moderado aunque es verdad que no nos afecta apenas nos beneficiará.

Ahora bien, hay formas y formas de beber: copita de vino para comer, caña de aperitivo, una lágrima de whisky el sábado noche… Y como un adolescente salvaje en pleno botellón. Como dice el experto Chema Arguedas, “tampoco vamos a diseccionar las costumbres de una sociedad que tiene demasiado extendida la idea de que divertimento o celebración festiva van de la mano con el consumo de alcohol”. La sharia (ley islámica) no llegará  España, pero si quieres mejorar quítate esa cerveza diaria, cámbiala por agua con gas o por té relajante. Y fuera de temporada pégate alguna juega si quieres. Pero no durante.

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Los beneficios del alcohol son muy limitados. Por ejemplo, concede ventajas cardiovasculares, pero Arguedas se pregunta por qué recurrir a la copita de vino “cuando la simple práctica del ciclismo de forma adecuada ya los aporta, entre muchos otros”. Y es que las supuestas bondades que puede aportar el alcohol están reñidas con todas las situaciones deportivas (antes, durante y después de pedalear).

En general, sintetiza Arguedas, el alcohol “reduce riesgo a sufrir enfermedades coronarias. Y los beneficios relacionados con el sistema inmunológico son debidos a sustancias que se encuentran en bebidas como el vino tinto y que contiene polifenoles procedentes de la uva y entre los que se encuentra el resveratrol (un potente antioxidante)”.

Hasta aquí los beneficios. Pero antes hay que definir qué es un consumo moderado, y este quiere decir todo aquel que no sea perjudicial para nuestra salud, máxime si se conjuga con deporte.

El impacto del alcohol suele depender de cuatro cosas: la cantidad de alcohol, tu peso corporal, si has comido antes o no y la capacidad del organismo para metabolizar el alcohol, que tiene que ver con la experiencia.

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Así pues, se considera consumo moderado diario a una o dos bebidas alcohólicas en hombres y una bebida alcohólica en mujeres. Arguedas define una bebida: 330 cc. de cerveza; 150 cc. de vino; 40 cc. de bebida destilada (ron, vodka, whisky, ginebra…).

¿Cuáles son los perjuicios? Incontables. Nuestro experto Arguedas los enumera, y seguro que se queda corto: “Dificulta la recarga de glucógeno, favorece la deshidratación y perjudica la rehidratación, favorece la aparición de calambres, inhibe la asimilación de vitaminas directamente relacionadas con la práctica deportiva, favorece la ganancia de peso, favorece la pérdida de masa muscular, disminuye la potencia, la coordinación y tiene un efecto depresivo sobre el sistema nervioso”.

Muchos de estos efectos aparecen con 0,2 gramos de alcohol por litro de sangre. Sí, es una cantidad menor que el límite para no dar positivo conduciendo un vehículo (0,25 normalmente). Pero créenos, con 0,2 gramos uno puede experimentar esos efectos.

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