Revista Cultura y Ocio

Alejandro Navas sobre regenerar el capitalismo: no a Léo Apotheker, si a Kenny Yap, alias “the fish”

Publicado el 04 enero 2012 por Noblejas

El 2011 ha sido un año turbulento para la economía occidental. La crisis financiera no ha venido sobre nosotros como un inevitable terremoto natural, sino que en buena medida se ha debido a prácticas especulativas de carácter delictivo.

No quiero caer en cómodas simplificaciones ni descalificar sin más al empresario en general, pero estimo que los depredadores no hubieran podido campar a sus anchas sin la cómplice benevolencia de Gobiernos y organismos reguladores y sin el apoyo de clientes codiciosos.

Se comprende que los empresarios estén en el punto de mira de la crítica, y la corriente de indignación que recorre el mundo se alimenta justamente de casos como el de Léo Apotheker.

Apoteker_fish

Hace cosa de un año, la empresa multinacional Hewlett Packard no se encontraba en su mejor momento, por lo que los accionistas hicieron algo lógico: cambiar al máximo ejecutivo. Así, en diciembre de 2010 Léo Apotheker asumió, como nuevo CEO de la tradicional compañía, el reto de devolverla a los puestos de cabeza del sector, ahí donde le correspondía estar por tradición. Para facilitarle el cambio de trabajo y de residencia, HP le premió con 8,6 millones de dólares. Parecía importante que el nuevo jefe comenzara su tarea debidamente motivado.

Por desgracia, ese acicate no bastó: la gestión de Apotheker ha resultado desastrosa, sin paliativos. Es verdad que se hizo con el mando en circunstancias difíciles, pero su labor no ayudó más que a precipitar la decadencia de la empresa: dos planes de reestructuración fallidos y la pérdida del 45 % de su valor en bolsa. Al cabo de once meses, Léo Apotheker se veía obligado a dimitir. Una salida discreta parecía lo lógico, pero HP decidió recompensar a su fracasado ejecutivo con 13 millones de dólares de gratificación.

Como no podía ser menos, este modo de proceder despertó sorpresa y escándalo, en Estados Unidos y en Europa, y reavivó el debate sobre el gobierno de las empresas y el pago de sus directivos. Se habla mucho de “buenas prácticas de gobernanza”, pero los avances reales son todavía escasos. Por ejemplo, algo ha mejorado la transparencia sobre la remuneración de los consejeros y de los gestores en las empresas que cotizan en bolsa, pero todavía no se ha logrado que sean los accionistas, es decir, los propietarios de  las empresas, quienes aprueben esos sueldos y bonificaciones.

Afortunadamente, no todos los empresarios son como Apotheker. Hay también gente como Kenny Yap, alias “the fish”. Su empresa, Qian Hu Corp. Ltd. (en español: Mil Mares), radicada en Singapur, es la primera exportadora mundial de peces decorativos. Yap puede exhibir un curriculum ejemplar: comienzo desde cero, éxitos alternados con fracasos que le obligaron a volver a empezar, prestigio creciente que lo ha convertido en uno de los personajes más admirados de Singapur.

El triunfo no le ha hecho olvidar su origen modesto. Por ejemplo, una sencilla oficina de ocho metros cuadrados le basta para dirigir la compañía. Aunque se trata de una sociedad anónima, la familia Yap tiene la mayoría del capital. Cuando presenta su informe anual a los accionistas, se dirige a ellos como “mis queridos jefes”, y en el dossier que les facilita hay dos capítulos bien diferenciados: “Éxitos” y “Fracasos”.

Yap aplica de verdad el principio, tan repetido como ignorado en la práctica, de que lo primero son los empleados: “Si ellos no están contentos, nada funciona”. Los miembros de la familia que trabajan en la empresa cobran un sueldo bien modesto, que tan sólo se incrementa en función del número de hijos. Kenny “the fish” no se considera imprescindible. En estos momentos tiene 46 años, y cuando cumplió 40 ya empezó a pensar en su sucesión, para lo que eligió el equipo que deberá reemplazarlo dentro de diez años. Entonces abandonará la gestión del día a día y pasará a presidir el Consejo de Administración, donde su experiencia seguirá siendo de utilidad.

Para regenerar el capitalismo hacen falta regulaciones que se cumplan y muchos ejemplos como el de Kenny “the fish”. La cultura empresarial que él vive en el sector de los peces decorativos debería poder aplicarse sin especiales dificultades en ámbitos como el de las cajas de ahorro y entidades financieras  o el inmobiliario, por mencionar dos sectores españoles donde han proliferado los desmanes.


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