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Alfred J. Kwak.

Publicado el 01 septiembre 2011 por Moradadelbuho @moradadelbuho

Imágenes | Studio Natsume, Los dibujos de una vida.

Alfred J. Kwak
“Alfred J. Kwak” fue una serie infantil basada en el cuento homónimo de Herman van Veen, coproducida entre Holanda y Alemania, y que en España emitió TVE. La serie cuenta con un total de 52 episodios y está protagonizada por un pato llamado Alfred Jodocus Kwak. “Jodocus” significaba travieso, y se lo pusieron porque era tan revoltoso como el abuelo de Henk, el topo, que se llamaba así.

Llamaba la atención que el padre de un pato fuese un topo, pero esto era debido a que Alfred era adoptado, como veremos más adelante. Y es que la serie se caracteriza por ser algo dura, pasando el pato Alfred por situaciones difíciles y tristes que le hicieron madurar, y tratándose en la serie en general temas que bien podrían estar más destinados a ser entendidos por adultos que por niños.

Los dos primeros episodios no están centrados en Alfred, sino que el protagonista es Johan Kwak, su padre. Vemos cómo queda con su amigo Henk, el topo, y cómo conoce a la madre de Alfred. Ambos se enamoran y tienen patitos, pero desgraciadamente tienen que marcharse del lugar donde vivían porque construyen allí un parque de atracciones, haciendo la serie una crítica a la construcción desalmada y la destrucción del medio ambiente.

Pero ahí la tragedia no ha hecho nada más que empezar, ya que en su viaje, al cruzar una carretera, un coche atropella a papá pato, mamá pata y hasta los hermanos pato, a todos salvo a Alfred. Así, tras este fatal y traumático comienzo, Henk adopta a Alfred y lo criará como si fuese hijo suyo, pero el pobre pato se llevará un tiempo con una fuerte depresión.

Como sabréis, el protagonista de la serie es Alfred, un pato muy optimista, gracioso y positivo, pese a que la vida no paraba de darle golpes duros. Es una representación de la bondad y los buenos valores. Estaba siempre acompañado de Henk (su padrastro), un topo con una gorra que parecía un queso, muy inteligente, resolutivo y comprensivo con su hijo adoptivo, siempre dispuesto a ayudarle y sacarle de líos. Y más adelante conocimos a Winnie, la novia de Alfred que era una pata de raza negra y que trabajaba como Secretaría en la Universidad, y que lo acompañó en muchas aventuras.

Winnie

Pero si había un personaje destacable, ese era Dolf, el archienemigo de Alfred y probablemente el personaje más perturbador de todos, ya que en ciertos episodios llega a ser una especia de representación de Hitler. Era hijo de un cuervo y una mirla, por lo que se siente humillado de no ser un auténtico cuervo, y por ello, está lleno de odio. En el transcurso de la serie, Dolf pasa a ser un colegial travieso, a un auténtico criminal, político y traficante de armas.

Para ser una serie infantil, “Alfred J. Kwak” se atrevió a tocar temas muy adultos de una manera asombrosa. Como decía, el personaje de Dolf representaba a Hitler y al ascenso al poder del nacionalismo, que en la serie vemos entre los episodios 22 y 25. Dolf funda un partido político, el “Partido Nacional de Cuervos”, con el que pretende subir al poder de manera democrática, para más tarde dar un golpe de estado, y nombrarse Emperador Dolf I.

Dolf

Pero este no es el único tema que sorprende ver representado en la serie. En nombre de Winnie (La pata de raza negra) viene de Winnie Mandela, la ex mujer de Nelson Mandela, y a través de la historia de la familia de ella vemos una crítica al racismo y al apartheid sudafricano.

También hay numerosas situaciones en las que se hace defensa del ecologismo, como en el primer episodio cuando construyen el parque de atracciones sobre el campo en el que vivía la familia de Alfred, o se habla en los primeros capítulos del papel de la monarquía, haciendo crítica del absolutismo.

Inolvidable es la canción de los títulos de crédito que presentaban la serie de este pato. Pero no sólo recuerdo con cariño la canción, sino también esas imágenes en las que Alfred aparecía en diversos lugares y con diversos trajes, pero lo que más me gustaba era cuando esa especie de demonio lo cogía entre sus afiladas garras y lo levantaba. También era muy graciosa la canción de cierre, cuya letra transmite muy bien el espíritu positivo de Alfred.

Aunque “Alfred J. Kwak” duró 52 episodios, tuvo tiempo suficiente para hacer que me encariñara con el adorable pato Alfred, y además tuvo el valor de tratar temas duros y maduros que probablemente muchos niños no entendiesen, o sí, con los que darles una enseñanza más profunda de la que suelen dar en cualquier serie infantil.

Fuentes | Vayatele, Arbe’s world.

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