Revista Opinión

Ancianitos peligrosos: el FMI alerta

Publicado el 12 abril 2012 por Carmentxu

El Fondo Monetario Internacional (FMI) sacaba ayer al estrado un tema inusual para un organismo como él, más preocupado de cuestiones elevadas y abstractas que se nos escapan a los mortales. El FMI habló, y cómo, de vida. En concreto, de esperanza de vida. Y lo hizo precisamente en horas bajas, cuando la esperanza se desliza por el desagüe los ríos que van a dar a la mar, que es el morir, y cuando además nos vemos obligados a renunciar a la vida, al menos a la conocida hasta ahora, a aquella en la que vivíamos por encima de nuestras posibilidades y a todo tren. Ahora, como castigo divino, o financiero (quién sabe), nos vemos abocados a vivir por debajo de ellas. Muchos ya lo hacen, apoyados por las enseñanzas de libros de bolsillo de autoayuda, reeditados y clonados una y otra vez que ensalzan la figura del self-made man y del do it yourself y otras importaciones estilísticas del estilo.
Pero fue un espejismo: el FMI sacó el tema porque ve un “riesgo” en que la gente viva más de lo esperado. Contra todo pronóstico, gracias a una mejor alimentación, a unas condiciones laborales más saludables conseguidas con esfuerzo y paso a paso y a un nivel de vida aceptable, la gente, desconsiderada, lleva tiempo viviendo más años que sus ancestros sin que nadie les diga nada. Así que este organismo dirigido por Christine Lagarde, de 56 años, propone aniquilar a todos aquellos que se pasen de listos, de vivos. Bueno, eso es lo que les gustaría proponer sin causar escándalo. En su lugar, para combatir este “riesgo”, este cáncer que cercena la sociedad del bienestar, de su bienestar, el organismo pide bajar las pensiones de este ejército de ancianos peligrosos que han cotizado toda su vida para garantizar la viabilidad del sistema, elevar la edad de jubilación (en un mundo perfecto para el FMI, la fecha de jubilación debería coincidir con la de la muerte) y obligar a contratar seguros privados que complementen las migajas públicas en caso de que llegue el fatídico día de la jubilación y el Estado tenga que devolver lo recibido.
Y digo yo: si no se fomenta la creación de empleo, ¿qué lugar habrá para los jóvenes que se quieran incorporar a un mercado laboral copado por entrañables ancianitos y ancianitas? Si los centros de producción se han desplazado a Asia y África, ¿vamos a ser todos consultores, analistas, arquitectos o coachers? ¿Dará para millones de empleos y para absorber esa masa cualificada que sale cada año de universidades, másters, postgrados y módulos varios con que entretienen y atrasan la entrada en las listas del paro de los jóvenes? A ver qué dice el FMI.


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