Revista Religión

Ancón, cerro y playa, polvo y sol

Por Joseantoniobenito

ANCÓN, CERRO Y PLAYA, POLVO Y SOL

ANCÓN, CERRO Y PLAYA, POLVO Y SOL

ANCÓN, CERRO Y PLAYA, POLVO Y SOL

Parecía imposible coronar caminando los cerros de Ancón, ahora poblados de grandes antenas de canales, empresas de móviles o celulares, líneas telefónicas.  Sin embargo, a paso firme, llegamos en una hora desde la playa de las Conchitas, donde está ubicado el CIB de la UCSS. Todo estriba en dar un primer paso, luego otro, y más tarde otro y otro hasta llegar a la cumbre. Eso es lo importante, llegar. Desde lo alto es cuando se aprecia la realidad total.

Según Wikipedia el complejo arqueológico de Ancón, se halla situado al norte de la bahía de Ancón, en la costa central del Perú. Es uno de los más importantes centros de la arqueología peruana, donde destaca una vasta necrópolis de la época prehispánica, con innumerables contextos funerarios. Las investigaciones han determinado una ocupación permanente en Ancón a lo largo de todos los periodos de la historia andina. Los más antiguos testimonios de su pasado datan de unos 10.000 años (periodo precerámico). El balneario de Ancón se encuentra a 42 km al norte de Lima. Históricamente, es conocido por ser el lugar donde se firmó el Tratado de paz entre Perú y Chile de 1883. Fue después el balneario más exclusivo de Lima. El sitio arqueológico se extiende al norte de la bahía de Ancón y al oeste de la Carretera Panamericana

Ancón es uno de los pocos yacimientos arqueológicos del área andina que ostenta una continua ocupación cultural a lo largo de todos sus periodos, desde el Periodo Lítico Andino (8.000 a.C.) hasta el llamado Horizonte Tardío, más conocido como época inca (1500 d. C.), sin dejar de lado su historia colonial y republicana.

En 1870, durante las obras de construcción del ferrocarril de Ancón a Pasamayo (proyectado hasta Huacho), se descubrieron las primeras tumbas de una gran necrópolis prehispánica.

En 1875, arribaron a la zona los estudiosos alemanes Wilhelm Reiss y Alphons Stübel, quienes realizaron diversas excavaciones, tanto en el área de la necrópolis como fuera de ella. Sus investigaciones lo plasmaron en una célebre obra en tres tomos, con litografías y dibujos de excelente calidad artística, publicada en Berlín en 1880-1887. La labor conjunta de Reiss y Stübel es considerada por algunos como la precursora de la arqueología científica en el Perú, aunque todavía no aplicaran los métodos estratigráficos.

Posteriormente, trabajó en el sitio otro alemán, el arqueólogo Max Uhle (1904), el verdadero iniciador de la arqueología científica en el Perú, quien amplió los aportes de Reiss y Stübel, desenterrando más contextos funerarios y llegando a valiosas conclusiones sobre la necrópolis. Fue el primero en registrar el conchal de Las Colinas. Luego trabajaron en el lugar Paul Berthon (1907), nuevamente Uhle (1908) y Aleš Hrdlička(1913). En 1941, Gordon R. Willey y Marshall T. Newman realizaron investigaciones adicionales, excavando 20 contextos funerarios en la misma zona trabajada por Reiss, Stübel y Uhle. Willey trabajó también en la zona de Las Colinas.

Ante la anunciada urbanización de la zona de Miramar, se realizaron una serie de investigaciones de rescate entre 1945 y 1950, a cargo del célebre Julio C. Tello. En el marco de este proyecto se excavó un área de 2000 por 200 m, que puso al descubierto 1.570 contextos funerarios con 14.055 objetos. Tello excavó también 264 contextos en Las Colinas que fueron analizados y descritos por su discípula Rebeca Carrión Cachot (1951). Sintetizando los conocimientos logrados hasta entonces, Carrión anotó lo siguiente:

En Ancón existen restos de tres épocas bien definidas: una muy antigua, representada por elementos de las culturas Chavín y sub Chavín hallados en las colinas del cerro San Pedro, al S de la bahía; otra intermedia, representada por elementos de la cultura Huaura, que adquiere modalidad local en Ancón: y otra reciente, representada por elementos de las culturas Chancay e Inka.

Entre 1955 y 1966 se realizó otra campaña de excavaciones en la zona de Miramar, dirigida por Vicente Segura, que permitió recuperar más contextos funerarios. Rogger Ravines publicó parcialmente los resultados de estas investigaciones en 1979 y en 1983.

En 1959, Jorge C. Muelle, basándose en las excavaciones efectuadas en el sector de Las Colinas, localizó un estrato precerámico debajo de las capas chavinoides y remontó la prehistoria de Ancón a varios miles de años.

El arqueólogo Federico Kauffmann Doig, trabajó también en la zona de Miramar, en el marco del proyecto "Tumbas de Ancón" (1992). Otro de los más destacados investigadores es Peter Kaulicke, quien publicó en 1997 Contextos funerarios de Ancón: Esbozo de una síntesis analítica. La Necrópolis de Miramar continúa siendo una de las principales áreas todavía no estudiadas en toda su amplitud.

 Pero lo espectacular es mirarlo desde arriba, abrazar la bahía desde lo alto, a una y otra vertiente, disfrutando de sus colores azules, verdes, dorados. Deslizarse por los tremendos arenales y disfrutar del refrescante y tonificante baño.

Hoy, domingo 18 de enero, he tenido la suerte de estar en el océano a las 5 de la mañana. Toda la mar en calma, sólo algunos "gruñidos" estrepitosos de la música pachanguera de salsas prisioneras de grabadora. Amanecer, contemplar el sagrado despertar alborozado de la naturaleza, olas encrespadas que chocan en las rocas, palomas y tórtolas que arrullan en sus nidos, gaviotas elegantes que estrenan nuevo día con sus cánticos, pioneros deportistas, selectas familias que inician su paseo o deporte…Yo me quedo absorto mirando, contemplando la limpieza, la claridad, la hermosura del agua que una y otra vez besa y lame la orilla creando una bella espuma. Y me inunda una gran paz y sueño con la hermandad universal, y le doy gracias al Creador  que nos regala gratuitamente –día a día- tan soberano espectáculo. Y, sin querer, me pongo a salmodiar por el hermano sol, la hermana agua, por el Creador. Gracias, Señor, por tu don. 


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