Revista Salud y Bienestar

Anorexia, puritanismo y miedo

Por Pilar Baselga
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Detrás de una persona anoréxica hay un deseo de gustar desapareciendo.
La historia de la anorexia comienza con un hombre. Sí señores. Lord Byron, el poeta romántico, se jactaba haber adelgazado 17 kilos en unos pocos meses. Ayunaba días y días, se alimentaba exclusivamente de leche porque, en su afán de absoluto, quería ser etéreo, lograr ser sólo espíritu.
En la mentalidad cristiana el cuerpo es la sede del pecado. El cuerpo y sus necesidades son enemigos del alma porque nos arrastran a las cosas terrenales, que son consideradas bajas y sucias. El cuerpo impide alcanzar la pureza. La carne es vil y no nos deja ascender a las cumbres de la espiritualidad. El cuerpo es el enemigo.
Esta es la ideología que subyace, todavía hoy, bajo el rito de la anorexia y que encuentra en el Romanticismo el espacio ideal para prosperar allá por los años 1830. Pero esto no es todo. Pronto se iba a cebar con las mujeres.
El segundo paso es dado en Inglaterra también, pero una generacióAnorexia, puritanismo y miedon más tarde, en la época victoriana. El puritanismo victoriano exige que la mujer idealmente femenina tenga una cintura de avispa, que el hombre pueda rodear uniendo sus pulgares por delante y anulares por detrás, aunque para ello deba vivir asfixiada por un corsé que deformaba el tórax y desplazaba los órganos, provocando enfermedades y abortos. (ver grabado).
Desmayarse era lo más, era ser finísssssssssima. Una tez pálida era la garantía de tener una exquisita educación. La dieta ideal: langosta con champán. La dieta preferida de las modelos de pasarela.
¿Carne roja? ¡qué horror! El hambre de carne llevaba al hambre de carne y eso era impensable en una mujer comme il faut.
Otro paso importante hacia la moda de la extrema delgadez fue dado cuando en los años 60 la mayoría de los diseñadores siendo homosexuales, prefiriendo las formas masculinas a las femeninas, lógicamente, comenzaron a vestir a mujeres planas y delgadas como estacas generando la estética Twiggy, la modelo andrógina, alta, delgada, sin caderas ni pecho que paseaba los primeros trajes de chaqueta pantalón de Yves Saint Laurent, un prenda masculina que empezó entonces a ser llevada por las mujeres.
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Twiggy físicamente no era una mujer, era una niña.
Pero, nos podemos preguntar, ¿por qué los hombres que no son homosexuales también las prefieren delgadas? Por el deseo de incesto. Pero esto no se puede decir.
Muchos hombres las prefieren niñas, pequeñas, modositas, obedientes. Porque el hombre contemporáneo, ha perdido su lugar de líder de la manada y no sabe cómo reubicarse. Además de este aspecto sociológico, muchos padres desean a sus hijas. Algunos llegan a hacerlo, otros consiguen controlarlo, pero el deseo está ahí, soterrado, oculto.
En la pareja Harrison Ford y Calista hay algo incestuoso, pero en nuestra sociedad todavía machista en muchos aspectos, no resulta chocante, al contrario, las estrellas de cine masculinas no suelen compartir la cartelera con actrices de su misma generación, sino mucho más jóvenes., pasando a ser algo completamente normal. En este caso, hay casi 30 años de diferencia. Cuando una mujer de sesenta se acuesta con un joven de treinta no tiene glamour, parece grotesco, pero en los hombres no. Harrison se acuesta con su hija, su hijita tan frágil que parece que se va a romper, tan menuda que cuando es necesario la pliega y se la mete en el bolsillo como si fuera una muñeca. Y ella, como Electra, se ha enamorado de su padre, protector , http://blogs.coventrytelegraph.net/passtheremote/assets_c/2009/03/harrison-ford-calista-flockhart-elton-john-party-thumb-300x400.jpg llevando así a la realización el deseo de incesto que también tenemos las mujeres.
La estética de la extrema delgadez coincide en el tiempo con la liberación de la mujer. Miles de años de patriarcado no han impedido que la mujer haya entrado como una tromba en la sociedad en el siglo XX y en todos sus ámbitos. Mujeres artistas, empresarias, científicas, políticas, a la vez que madres, educadoras, cuidadoras...Las mujeres han tomado tanto poder tan deprisa que el hombre no sabe qué hacer, qué espacio ceder y las prefiere pequeñitas.
La anorexia es un arma inconsciente para que la mujer ocupe físicamente menos espacio en la sociedad. Pero nos venden la delgadez como sinónimo de salud y de belleza. Cuando las defensas de la mujer se acumulan en su grasa corporal. Las mujeres muy delgadas no tienen mejor salud que las que tienen su capita de grasa. Y os dejo, que me voy a tomar un chocolate con churros, corriendo!

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