Revista Cultura y Ocio

Antonio de Quintanilla, el último de Chiloé

Por Manu Perez @revistadehisto
Tiempo de lectura: 9 minutos

El 18 de septiembre de 1826 fue un día negro para los intereses de España en América; ese día el comandante José Ramón Rodil rendía la plaza de El Callao (Perú) a los insurgentes peruanos y no muy lejos de allí, en el Archipiélago de Chiloé (Chile),  el gobernador Antonio de Quintanilla capitulaba su rendición con el ejército chileno tras haber defendido la presencia española en las islas durante 8 años.

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El presente artículo pretende recuperar la memoria del segundo: el  hombre que mantuvo el último reducto español en América del Sur sin contar con la ayuda de nadie y a pesar de haber sido ya proclamada la República de Chile.

Los inicios de Antonio de Quintanilla

Nacido en Pámanes (Cantabria) en 1787, Quintanilla marchó a Chile a los 14 años,  lugar donde a esa edad empezó a trabajar como comerciante en la ciudad de  Santiago. Al comenzar la guerra de La Independencia se declaró partidario del Rey, y a pesar de disponer de una saneada economía y buenos negocios se integró en el ejército realista, ascendiendo rápidamente a teniente al acreditar una sobresaliente capacidad militar;  en varias batallas se distinguió como un gran táctico, salvando  en muchas ocasiones al ejército real de verdaderos desastres.

Pasó un tiempo situado con una columna en San Pedro a orillas del Bío-Bío  y allí consiguió entablar relaciones con los caciques araucanos comprometiéndolos para la causa del Rey y de la Nación, hasta el extremo de haber tenido al servicio, unidos a la columna, 200 indios montados lanceros que causaban estragos al ejército insurgente.

Los Andes

Por razones poco claras se le destina a los Andes donde al carecer de formación militar comienza a instruirse con  manuales militares al punto de elaborar un compendio de tratados sobre el entrenamiento de sus soldados. Allí traba amistad con Ildefonso Echegaray, otro militar español que causó terror con sus guerras de guerrillas entre los patriotas.

Quintanilla participaría en diversas acciones de gran trascendencia en la guerra en aquel territorio; en la acción de Ojos de Agua, cordillera de los Andes, siendo derrotados los rebeldes, los siguió hasta la cumbre de dicha cordillera, haciendo muchos prisioneros y quedando aquel territorio en manos realistas. Concluida la campaña, fue destinado al otro lado de la Cordillera de los Andes para detener las avanzadas del ejército enemigo que estaba organizando el caudillo San Martín en Mendoza, lográndolo con una de ellas en la hacienda del Leoncito, haciendo prisioneros a todos los que la componían. Posteriormente, habiendo invadido Chile un ejército insurgente procedente de Mendoza al mando de San Martín, fue destinado con sus dos escuadrones a la División de vanguardia situada en Aconcagua, dando y sosteniendo varias cargas a la caballería enemiga y protegiendo la retirada de la División hasta salvarse pasando el río Aconcagua. Finalmente participó en la acción de Chacabuco, el 12 de Febrero de 1817, mandando de nuevo  dos escuadrones de Caballería. Después de esta acción se replegaron las tropas a la capital de Santiago de Chile.

Tras el desastre realista de Chacabuco, es destinado al Archipiélago de Chiloé, grupo de islas frente a parte norte de Chile cuyos moradores, los chilotas, habían permanecido desde un principio leales al Rey.

Chiloé

En la extensa costa meridional de la República de Chile entre los grados 41 y 44 de latitud sur se halla el archipiélago de Chiloé, formado por un conjunto de islas e islotes, separados entre sí y de la costa continental por estrechos canales, constituyendo una prolongación del macizo de los Andes que progresivamente fue introduciéndose en el mar dando origen a una costa con fiordos, islas e islotes montañosos. De estas formaciones la de mayor tamaño es la de Chiloé (isla de las gaviotas) con una superficie de 9.184 km2, descubierta en 1558 por don García Hurtado de Mendoza

El archipiélago, y las costas de tierra firme adyacentes, pasaron a ser incluidas en la Capitanía General de Chile, reconociendo así la importancia estratégica de la región que residía en ser el primer lugar al que llegaban los navíos que se atrevían a atravesar el pasaje de uno a otro de los océanos por el cabo de Hornos o por el estrecho de Magallanes. El alto costo que representaba la defensa del archipiélago para la exigua economía de la Capitanía General llevaron a las autoridades limeñas en 1776 a adjudicar esta provincia al Virreinato del Perú

Castro fue la única ciudad de la isla hasta el año 1767, en que por una ordenanza real se dispuso la creación de una plaza fuerte para defender el territorio, por lo que se fundó una nueva población que recibió el nombre de San Carlos conocida hoy como Ancud. Construida en madera, pasaría a ser la sede de las autoridades españolas, y fue instalada en la costa septentrional de la isla, en una bahía que la protegía del riguroso clima. En el año de 1788 la población de San Carlos era de 1243 vecinos y se convirtió en la sede militar de la isla mientras que las autoridades políticas continuaban residiendo en la ciudad de Castro, estando ambas poblaciones en contacto por medio de un primitivo camino. Cercano el fin del siglo la población del archipiélago ascendía a unos 1.600 pobladores entre españoles y criollos que convivían pacíficamente con unos 11.000 aborígenes.

Quintanilla fue nombrado por el Virrey del Perú Gobernador y Comandante general de la provincia e islas de Chiloé, consiguiendo que el territorio permaneciese como el último reducto del dominio español en América una vez concluido el proceso de Independencia de Chile con la batalla de Maipú el 5 de abril de 1818. La continuación de Chiloé en poder de los realistas constituía una amenaza en el Pacífico y un peligro para la Independencia de Chile y América.

Así las cosas, en mayo de 1821, el Director Supremo (un equivalente a Jefe del  Estado de Chile) Bernardo O’Higgins envió como parlamentarios ante el Gobernador Quintanilla al ex-coronel realista Diego Lantaño y al Gobernador de Osorno, Diego Plaza de los Reyes a Chiloé con el encargo de procurar una rendición, pero el Gobernador se negó a considerar la propuesta.

Y cómo no, aparece en escena Simón Bolivar  el cual manifiesta en carta a O’Higgins su intención de incorporar Chiloé a la gran Colombia si el gobierno de Chile no era capaz de derrotar a Quintanilla.

Con motivo de la ocupación de Lima por el Ejército Libertador, O’Higgins insiste en un avenimiento honorable sobre la base de la sumisión del Archipiélago a la soberanía de Chile, pero Quintanilla reitera su negativa a rendirse, como lo expresa en carta a O’Higgins

“es verdad que los asuntos de América, tal como Ud., me los anuncia se hallan favorables al sistema de Independencia, pero también lo es que el gobierno español realizara su último esfuerzo por la restauración. Esta guerra es demasiado dilatada y es muy sensible que no se haya efectuado un tratado que conciliase los intereses de ambos hemisferios para que cesando los horrores de ella pudiésemos unirnos en la mayor fraternidad”.

Sin embargo tanta firmeza por parte de Quintanilla no va acompañada por una solidez económica equivalente toda vez que carece de recursos no ya para mantener a sus soldados sino a los habitantes de las islas, y no puede esperar ayuda de España ni de Perú, y es aquí donde se fundirán la audacia del gobernador junto con un golpe de suerte que convertirán a Quintanilla, al menos temporalmente, en corsario.

El corsario Quintanilla

El gobernador Quintanilla, aislado y sin recursos, hubo de conseguir medios para mantener las tropas activas, socorrer a los isleños caídos en Chile y proveer todo lo necesario para su defensa.  Para ello decidió el otorgamiento de  Patente de Corso. El derecho de gentes, reconocía tal prerrogativa a un Estado en guerra y lo excluía del concepto de piratería que facultaba la persecución internacional.

En aquellos días arribó a sus costas un bergantín que había zarpado de Guayaquil a California, con un cargamento de cacao. La tripulación amotinada cambió de rumbo y se dirigió a Chiloé para unirse a los realistas. Allí, se instalaron en la proa dos cañones de 8 en corredera y 6 cañones cortos en la popa y costados. Se le proveyó de tripulación reforzándola con un oficial y 16 soldados, víveres y municiones y zarpó con el nombre de “General Quintanilla”.

Al poco tiempo capturó varias embarcaciones que envió a Chiloé, calculándose en casi trescientos mil pesos el valor de lo incautado. Con esos recursos se remuneró a la tropa, a las milicias y a las familias isleñas en general. También se otorgó patente de corso a otro bergantín de 12 cañones que se bautizó como “General Valdés”, en honor al jefe del Ejército español en el Perú. En las costas del virreinato apresó una fragata, la Mackenna que conducía a trescientos soldados y a la Plana Mayor del Ejército patriota de Santa Cruz derrotado en Moquegua por los realistas. La fragata con los trescientos soldados arribó a Chiloé, sin embargo el bergantín General Valdés que conducía a la oficialidad patriota de más alta graduación naufragó en un temporal a la altura de Chiloé, pereciendo todos sus tripulantes y prisioneros.

Los corsarios con patente de Chiloé capturaron no sólo naves enemigas, sino también de países neutrales, de potencias como Inglaterra, Francia y Estados Unidos. El jefe de las fuerzas navales de Estados Unidos decidido a terminar la actividad corsaria se dirigió a las costas del Perú en el Franklin y despachó a la goleta Amanda a los mares de Chiloé, sin obtener resultados positivos.

La defensa de Chiloé. 1ª expedición de Freire. La Batalla de Mocopulli.

Como Chiloé constituía una excelente base de operaciones para las tropas que España pretendió enviar en contra de Chile y Perú, el Director Supremo don Ramón Freire se convenció de lo imprescindible que era enviar una expedición libertadora de Chiloé.

El 21 de enero de 1824, Freire solicitó al Senado la licencia y los recursos necesarios para invadir e incorporar Chiloé a Chile y el primero de marzo de 1824 zarpó de Talcahuano la expedición militar chilena con rumbo a Valdivia. El ejército chileno comandado por el General Ramón  Freire con más de 2000 hombres se organizó en tres pequeñas divisiones al mando de los coroneles Pereira, Rondizzoni y Beauchef.

En los últimos días de marzo los patriotas llegaron a Chiloé, pero Freire en vez de atacar a Ancud según el plan original, dividió su ejército en tres cuerpos, uno al mar interior en dirección a Dalcahue, otro a Carelmapu y un tercer contingente dirigido por Freire sobre Ancud por el lado de Pudeto.

El coronel Beauchef con el objetivo de evitar que las tropas de Quintanilla se retiraran al interior de la Isla Grande, desembarcó en Dalcahue el 31 de marzo de 1824 al frente de unos mil hombres.

El coronel realista José Ballesteros encargado de la defensa del sur de la Isla le cerró el paso de acceso al camino Caicumeo de Castro a Ancud como pretendían las tropas de Beauchef.

Al amanecer del primero de abril de 1824 se libró la batalla de Mocopulli, en que las tropas hispano-chilotas derrotaron a los patriotas chilenos, como consecuencia los patriotas sufrieron entre 250 a 300 bajas y los realistas 120 a 200 hombres. Al día siguiente el Coronel Beauchef con sus tropas en retirada, atravesó el Canal Dalcahue, estableciéndose en la isla de Quinchao e informó a Freire de lo ocurrido, trasladándose posteriormente a Chacao, mientras Freire al frente de unos mil hombres se dirigía sobre San Carlos de Ancud, pero no  había atacado cuando sus fuerzas estaban intactas y después se lo impidieron las lluvias y vientos que dañaron las municiones y víveres. El ejército ya tenía unas cuatrocientas bajas por lo que a la vista  de la desastrosa situación un consejo de guerra acordó por unanimidad el reembarco de regreso a Chile. El gobernador Quintanilla sostenía su moral en dos esperanzas: los socorros que se anunciaban de España y la reacción realista que surgiría de la anarquía y la miseria.

Segunda campaña de Freire

A fines de noviembre de 1825, Freire zarpó de Valparaíso y el 10 de enero de 1826, el ejército chileno desembarcó en la península de Lacui, logrando aislar el Fuerte de Ahui con la captura de Balcacura.

El 13 de enero el coronel Borgoño y sus tropas se apoderaron durante la noche, de las cañoneras del fuerte San Carlos. Quintanilla desde los altos de Bellavista avanzó hacia Pudeto para atacar a los patriotas, pero estos provocaron el pánico en las tropas chilotas y al no poder replegarse a los altos de Bellavista emprendieron la retirada, mientras la bandera chilena flameaba en la plaza de Ancud, los realistas tuvieron 92 bajas y los realistas 280.

La rendición

El 15 de enero la fortaleza de Ahui se rindió, concluyendo la campaña libertadora de Chiloé por los patriotas chilenos, el general de Quintanilla recibió toda clase de consideración de parte del general victorioso y finalmente el 18 de enero de 1826 se firmó la capitulación mediante el tratado de Tantauco, que incorporó definitivamente la provincia de Chiloé a la República de Chile.

El 30 de enero de 1826 el ejército chileno regresó al norte, asumiendo como Gobernador de Chiloé, don Santiago Aldunate y el gobernador Quintanilla, regresó a España con su familia.

El retorno a España

El panorama a su regreso no pudo ser más sombrío para Quintanilla: no se le reconocerá el grado de mariscal hasta 10 años después y ni siquiera se le reconoce su matrimonio contraído en América; no se le dan destinos acordes con su grado y ni siquiera se le paga lo estipulado, es destituido sistemáticamente. Tal y como ocurre con muchos  militares forjados en

En el año 1863 muere el Mariscal Quintanilla a la edad de 76 años, y es posteriormente cuando es distinguido con diferentes cruces por sus acciones militares: pero sin duda el mayor reconocimiento es el de los propio chilotas, los cuales continúan honrando al que fuera su gobernador y defensor con un monumento en Ancud.

Autor: Ignacio del Pozo para revistadehistoria.es

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GRDP

Bibliografía:

Manuel Torres Marín, Quintanilla y Chiloé: la epopeya de la constancia, Editorial Andrés Bello

Lorenzo Çaglević Baković, El hidalgo Antonio de Quintanilla: Un quijote en Chiloé, RIL Editores

Comisión del Centenario de Chiloé, 1926, Para la biografía de D. Antonio de Quintanilla.

Diego Barros Arana.  Historia general de Chile , Editorial Universitaria, 1999

Autobiografía del Mariscal de Campo don Antonio de Quintanilla, con prólogo, transcripción y notas de Carlos Besa Lyon, Ediciones de los Anales de la Universidad de Chile, en el N° 1 de la Serie Verde (Historia), 1953.

La entrada Antonio de Quintanilla, el último de Chiloé se publicó primero en Revista de Historia.


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