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Bienvenidos al fin del mundo. La ruta de la Milla dorada.

Publicado el 29 noviembre 2013 por Banacafalata
BIENVENIDOS AL FIN DEL MUNDO

Bienvenidos al fin del mundo. La ruta de la Milla dorada.
Bienvenidos al fin del mundo. La ruta de la Milla dorada.
Título original: The world's End. Director: Edgar Wright. Guión: Edgar Wright, Simon Pegg. Música: Steven Price. Fotografía: Bill Pope. Reparto: Simon Pegg, Nick Frost, Martin Freeman, Paddy Considine, Eddie Marsan, Rosamund Pike, Pierce Brosnan, David Bradley, Michael Smiley, Reece Shearsmith, Darren Boyd, Mark Heap Distribuidora: Universal Fecha de Estreno: 29/11/2013

5 tíos. 12 pubs. 1 noche. Estos son los ingredientes de la Milla dorada, la meta que perseguía Gary King (Simon Pegg) con su pandilla tras graduarse. Una noche de locura que quedó incompleta tras sumar 5 bajas, la mayoría por contaminaciones etílicas, obviamente. 20 años más tarde, todos han evolucionado con sus vidas, madurando y adoptando responsabilidades. Todos menos Gary King, que ha permanecido siendo un adulto inmaduro y sin más aspiraciones en la vida que retomar ese reto de juventud. Finalmente, consigue reunir a la pandilla de nuevo y regresan al pueblo para completar la Milla dorada, pero el tiempo ha causado mella en su amistad y una extraña invasión extraterrestre no ayudará a completar la ruta.  Edgar Wright cierra la Trilogía del Cornetto de la manera más friki posible. Junta de nuevo a sus dos antihéroes favoritos, Simon Pegg y Nick Frost, y les añade los viejos conocidos de Martin Freeman, Paddy Considine y Eddie Marsan, con el permiso de Pierce Brosnan, para llevárselos de viaje por esta comedia de ciencia ficción. A pesar de estar diluídos en un grupo de cinco, Simon Pegg y Nick Frost se comen la pantalla y asumen el protagonismo que se espera de ellos de manera rotunda.

Bienvenidos al fin del mundo. La ruta de la Milla dorada.
Si algo ha demostrado Edgar Wright con esta trilogía, es su versatilidad. Zombies, policías o extraterrestres, él se siente cómodo con cualquier temática a la hora de llevar a cabo sus disparates sin que el resultado se resienta. Bienvenidos al fin del mundo se presta a varias lecturas: para empezar, es el nombre del pub que cierra la Milla dorada. Por otra parte, parece el final más probable si nuestros héroes no consiguen frenar la invasión extraterrestre. Pero por encima de todas estas cosas, es el cierre de la Trilogía del Cornetto. Enfrentarse al final nunca es fácil, demasiadas cosas pasan por la cabeza y es el momento de hacer balance. Esto mismo parece pensar Edgar Wright cuando sitúa el punto de partida de sus protagonistas en el instituto y rápidamente los traslada al presente. El tiempo avanza inexorablemente y debemos adaptarnos a los nuevos tiempos, sin olvidar de dónde venimos, pero teniendo en cuenta donde queremos llegar. En este presente, Gary King se erige como el inconformista. Mientras sus amigos se han adaptado a la vida de adulto, King se resiste a madurar y pretende conservar su supuesto espíritu libre. No deja de ser una careta, pero es el contrapunto de una sociedad cada vez más alienada en la que caemos con facilidad en estereotipos y rutinas que dirigen de manera invisible nuestra vida. Los caminos que seguimos parecen dirigidos desde el momento que adoptamos un modo de vida.  Por si no bastara con Gary King, Edgar Wright se aprovecha de la invasión extraterrestre para reforzar su mensaje. El mundo está asistiendo a una silenciosa "invasión de ladrones de cuerpos", unos sustitutos de sangre azul y cuerpo de Lego, sin hacer nada al respecto. Esta arquitectura de ciencia ficción convierte a Bienvenidos al fin del mundo en la película más reivindicativa y madura de la trilogía. Una protesta a la tendencia cada vez más presente de la uniformidad y alienación de la sociedad en favor de la tecnología. La interacción humana se está filtrando cada vez más a través de una pantalla, restándole personalidad a las interacciones. La invasión está más presente y más cerca de lo que pensamos y por esto Wright nos presenta a Gary King, un inconformista inmaduro, atascado en el pasado dispuesto a protestar ante los tiempos que corren. Porque en el fondo, todos llevamos un inconformista dentro.

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