Revista Cultura y Ocio

Capítulo XLVI: La dictadura de Francisco Franco Bahamonde

Por Ibizamelian

Capítulo XLVI: La dictadura de Francisco Franco Bahamonde

(Franco y el presidente norteamericano Eisenhower durante su visita a España en 1959)

Muerto el capitán Mola durante la contienda civil, Franco se nomina como jefe y sumo Caudillo de España, encontrándose el resto de los órganos del Estado supeditados a su persona y sólo responsable ante Dios y la Historia. Si la Segunda República reprodujo un enfrentamiento entre la concepción liberal y la marxista, este periodo se caracterizó por la férrea defensa del totalitarismo en contra tanto del liberalismo, como del comunismo.

El rechazo de Franco por cualquier atisbo liberal era máxime, por lo que no optó, como otras veces aconteció en nuestro pasado constitucional, por elaborar una norma jurídica suprema, al atribuirle una connotación democrático-liberal. Aspecto que sí abordó, por ejemplo en la anterior etapa dictatorial, Miguel Primo de Rivera, con la fallida Constitución de 1929. Lo cual no se podría considerar de ningún modo como tal, en base al célebre artículo 16 de la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, aprobada por la Asamblea Nacional francesa, el 26 de Agosto de 1789: “Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de poderes establecida, no tiene Constitución.” Decantándose Franco por construir la estructura jurídico-política mediante siete leyes fundamentales, aprobadas entre 1936 y 1975:

  • El Fuero del Trabajo, decreto rubricado el 9 de Marzo de 1938. Donde se recogen derechos y deberes laborales, de nula exigibilidad práctica a causa del pétreo control del Estado, fijando éste las condiciones de trabajo, creando al efecto una Organización Sindical bajo los fundamentos de Unidad, Totalidad y Jerarquía. Con la obligatoriedad de adherirse a la misma y quedando prohibido el recurso de huelga. Tal fue la situación de sumisión de dicho órgano al Estado, que el gobernador civil de Barcelona entre 1945 y 1947, declararía: “Que las masas obreras no siempre se encuentran representadas en sus sindicatos es cosa evidente. Muchas veces los obreros no reconocen autoridad moral a sus propios delegados, diciendo que son servidores del patrono tal o cual. Otras llegan a afirmar que los mandos están previstos, al amparo de influencias del orden político, en personas que los ocupan no en beneficio de los productores, sino en pro de sus iniciativas personales o de partido y para hacer posibles particulares apetencias.” No obstante, en 1958 se ratifica la Ley de Convenios Colectivos Sindicales, resultando igualmente considerable la intromisión estatal en el proceso de negociación colectiva. Irrumpiendo en este contexto Comisiones Obreras, auspiciada por el Partido Comunista de España y produciéndose un aumento progresivo de la conflictividad laboral desde 1961 hasta el ocaso del Régimen.
  • La Ley Constitutiva de Cortes, de 17 de Julio de 1942. Hasta 1967 se erigen como mero órgano colaborador de la Jefatura de Estado, recayendo la labor legislativa en Franco. A partir de ese año y a través de la Ley Orgánica del Estado, se le reconoce la facultad de aprobar leyes.  Unas Cortes de elección corporativa, indirecta y controlada, con representación de: la familia, el municipio y el sindicato. Inspirado en los brazos o estamentos del Medievo, así como del modelo fascista italiano.
  • El Fuero de los Españoles, de 17 de Julio de 1945. Se basaba en parte en la Constitución de 1876. Otorgando inicialmente libertades civiles comunes propias de una democracia occidental, para posteriormente ser recortadas por ciertos preceptos del texto. Franco presuntamente manifestaría, en 1949, durante una conversación privada: “(…) Yo no daré a España ninguna libertad en los próximos diez años. Pasado ese plazo, abriré algo la mano”. Y por extraño que pueda parecer así fue como sucedió, no confiriéndose transformaciones sustanciales hasta finales de los 50.
  • La Ley de Referendo Nacional, 22 de Octubre de 1945. Haciéndose uso de la misma en 1947, para la Ley de Sucesión”, y en 1966, para la Ley Orgánica del Estado. Y siempre recayendo en Franco la decisión de convocar plebiscitos.
  • Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, 22 de Julio de 1947. Definiendo a España como Reino y un Estado católico, social y representativo. Correspondiendo la Jefatura de Estado al Caudillo de España y de la Cruzada, Generalísimo de los Ejércitos, Don Francisco Franco Bahamonde. Reservándose la potestad de nombrar al sucesor real, para luego ser refrendado por las Cortes. No haciendo mención de ningún derecho dinástico. Lo que enconó aún más la mala relación de Don Juan, Conde de Barcelona e hijo de Alfonso XIII, partidario de una monarquía constitucional, con el Régimen, padre de Juan Carlos, actual rey de España. Don Juan, considerado por Franco demasiado liberal, abogaba por devolver la democracia a nuestra patria, con el reconocimiento de los derechos fundamentales de los ciudadanos, libertad política, constitución de una asamblea legislativa designada por sufragio universal, reconocimiento de la diversidad regional,…, argumentos de los que dejó constancia en el Manifiesto de Lausana, que redactó el 19 de Marzo de 1945 en Suiza. Proyecto desarrollado muchos años después por su hijo, quien sería finalmente el sucesor de Franco.

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(Don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII y padre del actual rey de España, Juan Carlos I)

  • La Ley de Principios fundamentales del Movimiento Nacional, de 17 de Mayo de 1958.
  • Ley Orgánica del Estado, de 10 de Enero de 1967.

Tras la victoria en la Guerra Civil Franco aclamaría: “(…) Nuestra victoria constituye (…) el triunfo de unos principios económicos en pugna con las viejas teorías liberales (…)” Su desprecio por el liberalismo, tan acuciado como por el comunismo, lo llevarían a inclinarse en el ámbito económico por un sistema autárquico, con el que se perseguía la autosuficiencia económica, sujeto a una fuerte intervención estatal. Lego en la materia, creía que la mejor manera de dirigir la economía era a través de la planificación central, a semejanza de las otras dictaduras del momento: Alemania, la Unión Soviética e Italia. Desencadenando el inevitable afloramiento del mercado negro, el estraperlo y la corrupción. Lo que junto con el aislamiento internacional en el que se encontró el país después de la Segunda Guerra Mundial, agravarían la situación.

Sin embargo, el comienzo de la “Guerra Fría” y la declarada postura anticomunista del Régimen propiciarían una tímida apertura. Ayudando EEUU económicamente a España desde 1951, si bien en menor medida en comparación con otros Estados beneficiarios del Plan Marshall. Poniéndose fin al racionamiento de alimentos en 1952, imperante a continuación del fatídico enfrentamiento entre los dos bandos españoles.

La entrada en el gobierno, ante la angustiosa situación financiera nacional, de un grupo de tecnócratas del “Opus Dei” en 1957 conllevará el giro definitivo de la política económica hacia cierta liberalización, que se concretará en el Plan de Estabilización de 1959. Puesto en práctica a pesar de las dudas de Franco, lo que posibilitó el disfrute de una de las etapas de mayor prosperidad de nuestra patria. Se recortó el gasto público, se cerraron distintas agencias de control gubernamental, se devaluó la peseta, se derogaron diversas regulaciones, se facilitó la inversión al capital extranjero el cual aumentó vertiginosamente,…Produciéndose igualmente el boom del sector turístico, que iría en ascenso durante las siguientes décadas. El periodo comprendido entre 1961 y 1973 fue uno de los más florecientes gracias a la llegada masiva de turistas, la merma del paro por la emigración a Europa y las inversiones extranjeras. El cual se vería interrumpido por la crisis internacional de 1973, que azotaría virulentamente a España por la falta de respuesta del Gobierno de Arias Navarro. Lo que supuso la defenestración de la dictadura, tratándose de atajar semejante tesitura con posterioridad a través de los Pactos de la Moncloa en 1977.

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(Billetes de los años 1950 en los que aparecen el Marqués de Santa Cruz, Álvaro de Bazán y Don Quijote)

Acaeciendo al unísono de la transformación económica de los años sesenta, la social y cultural, de la mano de la sociedad de consumo. Como ejemplo, en 1969 dos tercios de los hogares disponían de televisión y un cuarto poseían automóvil. Si en 1950 la clase alta suponía el 0,1%, la media el 34,1% y la baja el 65,8%; se iría cediendo terreno paulatinamente en favor de la media. Ya en el periodo 1962-65 la clase alta oscilaba entre el 2% y 5%, la media entre el 41% y 47%, y la baja entre el 49% y el 57%. Para llegar en 1975 a un 5% de la clase alta, un 56% de la media y un 39% de la baja.

La sociedad de consumo trajo consigo una nueva mentalidad social. Conllevando la irrupción de distintos movimientos disidentes.

Si tras la represión que sufrió la Iglesia durante la Segunda República ésta se acercó inicialmente al Régimen, comenzará a distanciarse, tensando la relación, a partir de 1962, coincidiendo con la renovación de la Iglesia Católica en el Concilio Vaticano II. Criticando la falta de respeto a los derechos humanos y apostando por el fin de la dictadura. Incluso en 1971 los obispos y sacerdotes de toda España piden perdón al pueblo por no haber desempeñado un papel conciliador después de la Guerra Civil. A causa de la creciente actitud de protesta se abre en 1968 una cárcel en Zamora, al objeto de confinar exclusivamente a los clérigos discrepantes.

Las protestas estudiantiles proliferan, mayormente de hijos de los vencedores criados en el Régimen que comenzaban a oponerse al mismo. Entre 1965 y 1975 las Universidades se convierten en un hervidero de organizaciones.

En Junio de 1962 Salvador de Madariaga aglutina en Munich a las diversas facciones opositoras: liberales, democristianos, socialistas, socialdemócratas, nacionalistas vascos y catalanes. A excepción del Partido Comunista de España. Lo que fue calificado por el diario falangista “Arriba”, de manera despectiva como “El Contubernio de Munich”. En respuesta a la petición de España de adherirse a la CEE, la cual será declinada, teniendo que esperar hasta 1986 para nuestra incorporación. Aprobando por unanimidad los 118 delegados españoles asistentes a la reunión germana la ulterior resolución: “(…) La integración, ya en forma de adhesión, ya de asociación de todo país a Europa, exige de cada uno de ellos instituciones democráticas, lo que significa en el caso de España, de acuerdo con la Convención Europea de los Derechos del Hombre y la Carta Social Europea, lo siguiente:

1.- La instauración de instituciones auténticamente representativas y democráticas que garanticen que el Gobierno se basa en el consentimiento de los gobernados.

2.- La efectiva garantía de todos los derechos de la persona humana, en especial los de libertad personal y de expresión, con supresión de la censura gubernativa.

3.- El reconocimiento de la personalidad de las distintas comunidades naturales.

4.- El ejercicio de las libertades sindicales…

5.- La posibilidad de organización de corrientes de opinión y de partidos políticos…(…)”

Franco enfurecido frente al revés propiciado, encarceló, deportó y exilió a los participantes al susodicho congreso según regresaban a España. Una vez más la isla de Fuerteventura, en Canarias, acogería a un liberal castigado por un dictador. Si con anterioridad Miguel Primo de Rivera había desterrado allí a Unamuno, ahora Franco haría lo propio con el abogado y político liberal español Joaquín Satrústegui.  Como si aquel singular rincón archipiélagico escondiera entre sus infinitas playas doradas, bañadas suavemente por las cristalinas aguas turquesas del Atlántico, el antídoto para destruir cualquier indicio de libertad.

Por otro lado se recrudecerían las fricciones nacionalistas, apareciendo en escena ETA en 1959.

Si el final del siglo XIX significó la pérdida de las últimas colonias de ultramar (Cuba, Pto. Rico y Filipinas), la etapa final del franquismo supuso las de las posesiones españolas en África. Coincidiendo la agonía del Régimen con la entrega del último bastión, el Sáhara Occidental Español, a Marruecos y Mauritania, en contra de la resolución de la ONU que reconocía el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Franco había potenciado su meteórica carrera militar en África y su final concluía con sus grandilocuentes aspiraciones coloniales en dicho territorio. La “Marcha Verde”, organizada por el rey Hassan II de Marruecos e iniciada el 6 de Noviembre de 1975 cerraba una de las etapas más recientes de nuestra convulsa Historia.

La falta de adaptación del Régimen a los nuevos tiempos, fueron erosionándolo poco a poco. Dividiéndose internamente por las luchas entre “aperturistas”, que abogaban por reformas en un sentido democrático y parlamentario. Entre los que se encontraba Manuel Fraga Iribarne, fundador con posterioridad de Alianza Popular. Y el “bunker”, reacios a cualquier transformación.

La avanzada edad de Franco hizo que se separara por primera vez en distinta persona la Jefatura de Estado, de la Presidencia del Gobierno. Siendo nombrado Presidente, en 1973, Carrero Blanco, inmovilista y ultraconservador. Asesinado el 20 de Diciembre de ese año por ETA. Lo que supuso un fuerte varapalo para el Régimen, sustituyéndolo el inseguro Carlos Arias Navarro. Franco moriría el 20 de Noviembre de 1975, asumiendo sus funciones Don Juan Carlos, quien obligaría a dimitir a Carlos Arias Navarro el 1 de Julio de 1976, designando para el puesto a Adolfo Suárez. Convirtiendo Franco en realidad sus palabras alumbradas muchos años antes, cuando dijo a sus generales: “Yo no haré la tontería de Primo de Rivera. Yo no dimito; de aquí al cementerio.”

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