Revista Diario

Capítulo XXIII: Vic

Por Seles
Estaba algo preocupada porque había reaccionado malamente antes. En el fondo no quería reaccionar así, pero me estaba intimidando. Me sentí prisionera ante él cuando se acercó a mí y empezó a decirme que él era así.Pero… ¿así cómo? Tenía que entenderme, estaba confundida, y en esos momentos ya ni sabía cómo entender las cosas. No sabía si se refería a que era él la persona que alimentaba mi corazón de sentimientos positivos, o si se refería al mal amigo que tenía al lado, con el cual había pasado buenos momentos, pero a la vez muy, pero que muy malos momentos.Me acomodé en el pupitre, y miré distraía al profesor. Recordé aquella vez que los niños empezaron a pegarme sin contemplaciones, y K ni me ayudó. Se quedó mirando a los niños con el rostro serio, enfadado, y me dejó tirada ahí. Ese es el K que yo veía.Pero, sin embargo, al día siguiente vi a los niños con varios moratones, y dos de ellos tenían el labio cortado con heridas. La profesora no me quiso decir qué les había pasado, pero en el recreo me encontré con mis amigos y vi que ellos también estaban heridos.Alex tenía un ojo morado, y cuando me miraba se reía y me abrazaba, diciendo que se había tropezado con una piedra y ahora era un niño que necesitaba cariño. Jared se había unido en esa época a nuestro grupo, porque los de su clase le rechazaban, y había otro chico de su misma edad al lado de él, que era su primo. Los dos estaban también con heridas.Pero el que peor estaba era K, que se había sentado y rechazaba cualquier contacto físico porque tenía el cuerpo molido. Le pregunté que qué había pasado, pero no me contestó. Me decía una y otra vez que no era de mi incumbencia, hasta que al final me harté y le pregunté a Jared.-¿Qué pasó ayer por la tarde?-No te lo creerías. -Me decía el hermano de K, sonriendo. -Nos llamó a nosotros, y nos dijo que unos imbéciles te estaban marginando en clase, y que en el colegio no podíamos hacer nada porque seguramente nos expulsarían. -Me lo quedé mirando, anonadada. -Así que… los buscamos por la tarde, y les dimos lo suyo, aunque nosotros recibimos. -Se rió a carcajadas. -Pero bueno, ganamos al final y les dijimos que dijeran que nosotros y ellos nos peleamos con unos matones, o si no el padre de Ale les encarcelaría.Lo miré parpadeando los ojos inocentemente.-Pero si el padre de Alex es empresario…Jared y su primo se rieron a carcajada limpia.-¡Eso es lo bueno! -Dijo el chico que estaba al lado del hermano de K.Y a partir de ahí me fijé que K siempre me mostraba una cara que podría no ser la suya. ¿Cómo era él en realidad? ¿Qué pensaba? ¿Qué sentía? Tenía muchas dudas sobre él, y ahora más que nunca. ¿Me quería y se estaba mostrando tal y como es o sólo finge para tenerme contenta? No entendía nada. Aquel dilema era una ecuación de segundo grado demasiado complicada para mí.Escuché que golpeaban la puerta de la clase, y el docente la abrió sin ganas, como enfadado.Mi corazón latió con fuerza cuando vi a K, con el rostro serio e inexpresivo.-Profesor, me voy a mi casa.Me puse tensa de pronto, y miré a mi lado. Había recogido a pesar de todo la mochila de mi amigo, porque pensaba que íbamos a estar normal después, y podría preguntarle con calma que qué quería conmigo, y también pedirle perdón por el empujón. Reaccionó de una manera muy agresiva, y eso podría ser porque le hice daño.Pero… ¿Cómo puedo hacerle daño yo, que en comparación a él mi fuerza era nula? Quería preguntarle… necesitaba preguntarle, pero decía que se iba a ir, y no podía hacer nada por retenerlo.Se acercó a su supuesta silla, y cogió la mochila. Me fijé en su mano, que la tenía herida. Eran unos cortes algo profundos y muy feos. Por mi mente pasaron varias imágenes que podría ser lo que hubiera pasado, pero eran sólo eso, conjeturas.Puso su mochila en un hombro, y se dispuso a irse, pero yo me levanté y le agarré de la muñeca.-Oye… ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué te vas?
No me miró a la cara, y eso hizo que me frustrara más. Alcé la otra mano para agarrarle de la barbilla, pero se apartó de mí con brusquedad, y se alejó unos pasos, dándome la espalda.-No me pasa nada.
No tuve fuerzas para seguir hablando. Vi cómo se alejaba de mí y cerraba la puerta con delicadeza, dejándome ahí, aturdida.El profesor se acercó a mí, y me dio unas palmaditas en la espalda.
-Victoria, si no quieres que me enfade siéntate…Tragué saliva y asentí. Me senté con delicadeza y dejé mi mente volar unos instantes, con cierto temor ante la próxima vez que viera a mi amigo cerca de mí.
Igualmente mis ganas de saber un poco más sobre él no cesaron. No se disiparon como mi alegría. Decidí encontrar el modo de quedar con él y estar a su lado, porque algo me decía que debía hacerlo, aunque no sabía cómo.Pasaron las clases, y me quedé apoyada en la gran puerta de la salida, temblando como una hoja. Saqué el móvil y busqué el número de teléfono de K, para poder mencionarle si quería quedar conmigo hoy u otro día próximo, aunque me urgía que fuera hoy. Pero no me dio tiempo, porque alguien me arrebató de mis manos el teléfono.
Exclamé, enfuruñada, pero luego me quedé sorprendida ante la persona que sostenía mi móvil en sus manos. Era Víctor.-O me dices donde está K, o tendré que sacártelo a la fuerza. -Susurró, serio.
Estaba en una pose extraña. Tenía el codo apoyado en la pared, y las piernas cruzadas. Estaba muy cerca de mí y jugueteaba con mi teléfono como si fuera un juguete de entretenimiento, lanzándolo al aire y recogiéndolo.-Pues… no lo sé, de verdad. -Me mordí el labio inferior. -Pensaba llamarlo para preguntarle.Se quedó mirando el teléfono, impasible. Después sonrió con cierta malicia, intimidándome.
-Ya veo, ¿y tú eres su mejor amiga? Es penoso.Dio media vuelta para irse, con mi móvil incluido. Eso me enfureció.
-¿¡Pero qué te pasa!? -Grité. -Normalmente no eres así. ¡Devuélveme mi móvil!Me miró por encima del hombro, y eso hizo que retrocediera un tanto. Normalmente era amable, comprensivo, y gracioso.¿Por qué ahora se mostraba de aquella manera tan fría y distante?
-No tengo que mostrarme amable contigo después de lo que ha pasado hoy. Ya me han contado que habéis tenido una pelea, y no tengo ganas de ver a K mal por culpa de una niñata estúpida como tú. -Me miró de arriba abajo. -¿Quieres el móvil?Me quedé paralizada por unos instantes, y luego apreté los puños, decidida.
-Por supuesto.-¿Vas a llamar a K?-Sí.Con una sonrisa en los labios, Víctor tiró el móvil al suelo, y le propinó un fuerte pisotón.Me quedé mirando el teléfono destruido, sorprendida, y luego le miré a él, enfadada.-¿¡Qué haces!?-No permitiré que arregles esta vez el problema con K. Ésta vez él estará libre de tu patética amistad e inocencia.Se alejó a paso lento, y me entraron ganas de correr hacia él y darle una paliza, pero sabía de sobra que sería inútil. No ganaría nada, y seguro que Víctor sabría cómo darle la vuelta a la tortilla para dejarme en mal lugar.Caí de rodillas al suelo, y suspiré. Lo mejor sería llegar a casa, darme un baño largo, y olvidarme del tema y centrarme en mis cosas sin importarme el resto.Algo me dijo que debía de haber hecho eso hace ya mucho tiempo.Llegué a mi casa sin decir ni hola, ni nada. Subí pesadamente las escaleras, y cuando iba a entrar en mi habitación, mi madre me llamó.
-¡Victoria! ¿Por qué no ha ido tu amigo al instituto?Me quedé parada en el sitio, y llevé mi mirada al pie de las escaleras.
-¿Qué amigo?
-K.Me mordí el labio inferior, y fingí que no estaba muy sorprendida de que lo supiera.
Pero aun así, la curiosidad me pudo.-¿Cómo sabes que K no ha ido al instituto?
-Es que me ha llamado hace un rato diciendo que quedaría contigo esta tarde para pedirte los deberes. Es sobre las seis y media. -Mi madre sonrió con ternura. -Irás, ¿no?Me quedé sin respiración por unos instantes, y luego sonreí con infinita alegría.
-¡Claro! Si no, le pondrán un negativo.Me encerré en mi cuarto y me dispuse a prepararme para ir a casa de K. ¿Querría entonces hablar conmigo? ¿Estaría ya de mejor humor? Todo eso lo sabría dentro de unas horas, cuando estuviera frente a la puerta de su casa.Bajé las escaleras con alegría, y comí con velocidad. Tenía ganas de que pasasen las horas rápido, pero no podía controlar el tiempo aunque quisiera.Iba a subir al cuarto de baño para asearme un poco antes de irme, pero escuché el teléfono y fui corriendo a cogerlo.-¿Diga?-¡¡Tienes el teléfono apagado!!Era la voz de Isabel, que al parecer estaba enfada.-¡Lo siento! Se me ha estropeado.-¿Cómo? -Inquirió.-Ya te contaré luego… ¿Para qué me has llamado?-Para darte una noticia importante…Me quedé atenta al teléfono, y quieta.-¿El qué? -Inquirí.-¡¡Tenemos viaje de fin de curso a Francia!!

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