Revista Comunicación

Casa de lunáticos de Ryan Murphy

Publicado el 22 octubre 2012 por Despiram @FrikArteWeb

UNA MIRADA AL PRIMER EPISODIO DE AMERICAN HORROR STORY: ASYLUM

El showrunner Ryan Murphy parece empeñado con American Horror Story (AHS), en adentrarse los distintos subgéneros del cine de terror con un estilo que en cierto modo ya apuntara en Nip/Tuck. (De alguna manera, AHS es Nip/Tuck recargado de sangre, de sexo y de referencias cinematográficas). De modo que AHS pasa del drama familiar al drama de manicomio con elementos de terror.

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DEL GABINETE DEL DR. CALIGARI A AMERICAN HORROR STORY, ASYLUM

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El cine y los manicomios han conocido matrimonios perturbadores desde El Gabinete del Dr. Caligari (1920) de Murnau, film que marca la pauta estética de las películas de terror y enfermedades mentales. Mientras que Murnau utiliza la escenografía irreal para sugerir la insania mental de Caligari,  Murphy se vale de la cámara inquieta, planos turbios (casi a ras de suelo, al estilo del cine de Sam Raimi) y una edición acelerada para sugerir la demencia. Murphy pretende que el espectador sienta desasosiego en cualquier momento, incluso en conversaciones aparentemente triviales como la que mantiene la hermana Jude (Jessica Lange), directora de la Institución mental Briarcliff, con la periodista Lana Winters (Sarah Paulson). Esta cámara y edición inquietas muestran algunos planos gratuitos, con el riesgo de sacar al espectador de la escena.

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ASYLUM Y LA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LOS ESTADOS UNIDOS

Ryan Murphy acierta al desarrollar Asylum en un nuevo entorno y época, lo que posibilita el seguimiento de las temporadas de manera independiente.

Asylum comienza en 1964, un año después de la muerte de John F. Kennedy, al que se alude en la narración. La recreación de la época a través de los decorados, aunque escueta, está suficientemente lograda. Uno tiene la sensación de asistir a las pesadillas de los personajes de Mad Men, coetáneos de la hermana Jude.  Ryan Murphy recurre a temas candentes de la década para contextualizar el terror: el racismo, la intolerancia hacia la homosexualidad, la crítica a las instituciones mentales (la corriente de la antipsiquiatría de los 60) y las abduciones extraterrestres que calan en la mitología popular desde la “abducción de los Hill” de 1961 (matrimonio interracial, como la pareja abducida de Asylum).

ASYLUM: QUÉ ES Y QUÉ NO ES EL TERROR

Aunque AHS Asylum cambia el marco, no cambia el estilo ni las intenciones de la primera temporada, mostrando idénticas virtudes y defectos. Entre los defectos se encuentra la inoportuna interrupción del terror. Un ejemplo de esto lo tenemos en la apertura de Asylum: una pareja que nos recuerda a David Duchovny y Michelle Forbes en Kalifornia, pretende visitar los lugares más terroríficos de Los Estados Unidos y llega a Briarcliff. (Una pareja cuya obsesión ). La pareja es atacada por una “criatura” e intenta huir del edificio, sin embargo, no vemos si la fuga tiene éxito. AHS salta al pasado, a 1964, y no será hasta los últimos minutos del episodio cuando retoma la aventura de la pareja. Para entonces, hemos perdido el interés en la extraña pareja, se nos ha “cortado el punto”, podríamos decir.

Por el contrario, otros momentos de AHS Asylum se resuelven con fluidez como el paseo de la hermana Mary al bosque con una cestita, para alimentar a extrañas criaturas, el encuentro fortuito con la periodista, y la huida de ambas del bosque a través de los pasadizos de la institución Briarcliff. En este caso, el la sensación de angustia no sufre un corte. Lo que demuestra que conducir al espectador a una situación de terror o cuanto menos de desasosiego, requiere de tiempo. El horror, como el sexo, tiene preliminares; poco a poco se debe conducir al espectador hasta el orgasmo: el grito o la perturbación. El horror interruptus debería estar prohibido.

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Esto también explica el por qué de la baja audiencia de American Horror Story en una cadena que la interrumpe con anuncios: retomar “el punto” tras quince minutos de publicidad es harto difícil.

HOMENAJES CINEMATOGRÁFICOS

Al igual que en la primera temporada, Murphy regala al espectador homenajes de distintas películas de terror, hospitales y manicomios. Además de la explícita referencia a La Naranja Mecánica, encontramos alusiones visuales a Alguien voló sobre el nido del cuco, El silencio de los corderos (el semen en la cara de la agente Clarice Sterling) o la más reciente Shutter Island. Murphy también toma elementos de cine de serie B de terror como FreaksYo anduve con un zombi y La isla de las almas perdidas, y juega con la idea de qué hubiera pasado si las protagonistas del drama lésbico La calumnia, hubieran llevado adelante su relación.

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Pero por encima de todo, es inevitable comparar Asylum con The Riget, serie de terror de Lars von Triers, ambientada en un hospital, que conoció una fallida adaptación de la mano de Stephen King con el título The Kingdom para ABC y BBC. Pero, mientras  Trier utiliza la contención, y la sugerencia, Ryan Murphy emplea el nervio, imágenes bizarras y momentos gore.

INTERPRETACIONES

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Frente a la realización acelerada, los personajes se muestran más o menos contenidos, destacando Jessica Lange (¡cómo no) en el papel de la hermana Jude, lleno de claroscuros: por un lado, obsesionada con la disciplina y la pureza; por otro, su interés en el padre Timothy Howard (Joseph Fiennes), atenta contra el noveno mandamiento (“No consentirás pensamientos, ni deseos impuros”). Una hermana que por momentos recuerda a la ama de llaves de Rebeca, de Hitchcock, en tanto que rara vez la vemos desplazarse: parece que siempre está tras una puerta, y aparece como si ella misma fuera un fantasma.

Chloë Sevigny como una de las pacientes, y James Cromwell como el sádico doctor (alter ego de Moreau), son personajes que se ajustan a los arquetipos del subgénero de terror y manicomio, y que aún están por despertar su potencial.

La conclusión es que American Horror Story: Asylum no defradurará a los seguidores de la primera temporada, ni a aquellos que busquen un entretenimiento ligero, dentro del género de terror, con el toque de calidad habitual de la televisión por cable norteamericana.


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