Revista Arquitectura

Casa Moratiel (MMI)

Por Redfundamentos @redfundamentos
OBRAS

CASA MORATIEL (MMI) · 23/05/2014

La vivienda, situada en Ciudad Diagonal, una urbanización tipo ciudad jardín a las afueras de Barcelona, se construyó entre 1956 y 1958 para convertirse en residencia de verano. La casa, de una sola planta, cuenta con un patio central, que se integra en la sala de estar, y una terraza en la cubierta. La forma parte de un cuadrado de trece por trece metros rodeado en tres cuartas partes de su perímetro por bandas de cuerpos murarios. Una de estas bandas la ocupa la zona de noche, la otra la cocina y la zona de servicio. Entre los volúmenes cerrados de las bandas fluye un espacio abierto, separado del exterior por cristales de suelo a techo, donde se encuentran el mencionado patio, el hall, el comedor y la sala de estar. Fue construida en 1958 con un presupuesto muy ajustado.

"Era casi irreconocible. Llevaba más de tres años deshabitada; su propietario para ponerla a la venta la había hecho pintar para ocultar los vestigios de su historia más reciente. Habían desaparecido así, bajo la inclemencia de una capa de pintura uniforme, los cercos de los cuadros, los de los muebles que habían estado apoyados contra las paredes y el sudor de las manos que habían abierto sus puertas y encendido sus interruptores. A eso había que añadir las múltiples modificaciones que había sufrido a lo largo de sus más de cuarenta años de existencia y aún así, algo en ella la hacía especial. Tal vez fuera la proporción de su fábrica o su posición única y privilegiada respecto a la calle, algo que obligaba a reparar en ella, a detenerse frente a aquella construcción e interrogarse sobre su singularidad.

La casa MMI fue encargada a José María Sostres por don Manuel Moratiel Ibáñez como residencia de verano. El proyecto se inicio en 1956 y se terminó de construir en 1958. La parcela que ocupaba la casa, estaba situada en Ciudad Diagonal, una urbanización tipo ciudad jardín, en las afueras de Barcelona, entre Pedralbes y Esplugues de Llobregat. Se trataba de una zona de nueva creación, destinada a viviendas de segunda residencia para la burguesía emergente de Barcelona, en la que Sostres ya había construido algunas casas. La casa se construyó con muy pocos medios económicos que sin duda afectaron a la calidad tanto de su obra de fábrica como de su habitabilidad. Al poco de ser ocupada su propietario modificó la posición del radiador central, cubrió con plástico transparente el patio central y añadió un pequeño alero a la puerta de entrada para evitar que el agua que resbalaba por la fachada entrara en la casa.

A la muerte del propietario la viuda decidió dejar el piso en el centro de Barcelona e instalarse en la casa de Ciudad Diagonal, a la que posteriormente se incorporó el hijo con su familia. En el año 1984, muerto José María Sostres, los propietarios encargaron a Basegoda Nonell una profunda reforma de la casa que modificó tanto sus fachadas como su interior, en especial la zona de estar, incluyendo la desaparición del patio para convertirlo en lavabo. En los años 90, los propietarios abandonaron la ciudad y alquilaron sucesivamente la casa hasta que en 1997 fue puesta a la venta.

La reconstrucción de la casa se organizó en dos etapas. En primer lugar se eliminaron tanto aquellos elementos no portantes como los añadidos no recogidos en el proyecto original. La casa quedó así, como un esqueleto que mostraba cómo su estructura exacta era ya la esencia de su propia construcción. Carpinterías y cerramientos llegarían en una segunda fase, a partir de los datos de posición, tamaño y forma que en la primera fase se habían descubierto. A estos dos momentos de su construcción habría que añadir un tercero en el que se discutieron situaciones o bien no previstas en el proyecto o bien que presentaban contradicciones entre el proyecto original y el proyecto construido. En el primer caso, de situaciones no previstas en el proyecto, estaría la necesidad de rediseñar la relación de la casa con sus vecinos. En ese sentido, la discusión principal estaba en el ámbito comprendido entre la cocina y el vecino de la derecha. Se optó por una reproyectación de la fachada oeste que permitiera abrir la cocina hacia ese nuevo ámbito, creando un patio lateral sobre la cubierta del garaje. Este criterio, se empleó también en el rediseño del jardín posterior, de manera que la casa pasaba de ser la casa aislada que había sido originalmente, a una casa con patios a la manera de las casas que proyectó Mies en los años 30: un patio central, uno lateral y uno en la parte posterior al que da el estar. En el segundo caso de contradicciones entre proyecto original y proyecto construido, por ejemplo en lo referente a la pared que separa la habitación principal del patio central, que en los planos publicados en la época aparece como una vidriera mientras que en las fotos, también de la época, se puede comprobar que se construyó una pared, se optó por mantener el criterio de lo construido frente a lo proyectado, no sin antes reconstruir el proceso por el cual se modificó el proyecto original.

Como casi toda la arquitectura de esa época, la imagen que conservamos de ella se debe a las espléndidas fotografías en blanco y negro de Francesc Català-Roca. En muchas ocasiones nos hemos sorprendido al visitar edificios que sólo conocíamos a través de él, descubrir el --color en los muros que recordábamos en la amplia gama de grises que el fotógrafo nos legó. Para la generación de arquitectos de los años 50, el uso del --color tuvo una importancia capital. Moragas, Bohigas e incluso Coderch, aunque de una manera más sutil, usaron el --color de manera manifiesta en sus construcciones. Sostres, pintor él mismo, escribió sobre la diferente importancia del --color blanco usado por los racionalistas al incorporarse a la arquitectura española en los años 30. Cómo el blanco que conocíamos de los edificios de Le Corbusier o de Walter Gropius devenía rosa o verde tenues en manos de Josep Lluís Sert y en general del grupo GATCPAC.

En la casa MMI tuvimos la suerte de encontrar bajo las múltiples capas de pintura, alguno de los --colores originales, en especial el rojo Venecia de la fachada. En el interior, alguna de las paredes conservaba resquicios de un verde pálido, muy común en las casas de la época. Sin embargo, la nueva pared que cerraba el patio de la cocina, creaba un problema tanto si se mantenía en --color blanco como el resto de la casa, como si se pretendía pintar de un nuevo --color. En ese punto tuvimos la impagable ayuda de Ramón Enrich, pintor y amigo, que trabajó a partir de los --colores encontrados añadiendo el negro del suelo y diferentes propuestas para la pared del patio.

La casa sorprende ahora a quien sólo la conocía a través de las fotos a pesar de lo estricta que fue la búsqueda de la policromía original. Quizás repintarla en grises y negros hubiera sido una actitud más fidedigna, no tanto con la casa sino con la imagen que de ella teníamos todos."

JOAN ROIG, arquitecto


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