Revista Coaching

Coherencia hasta las últimas consecuencias (i)

Por Mbbp

COHERENCIA HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS (I)

Soy una persona íntegra o al menos intento serlo, cada minuto del día y cada vez más! Coherente con mis emociones y mis valores profundos. O lo intento ser… hasta sus últimas consecuencias! Quizás ha sido una de mis constantes en esta vida! La coherencia, la integridad y la responsabilidad de ser y sentir lo que soy, siento y vivo!

A veces pienso si esa manera de ser es algo fácil en este mundo, en que muchas personas viven entre dos aguas, siendo y sintiendo de una manera determinada, pero viviendo de otra manera muy distinta! Creo que ese es la causa más evidente de la infelicidad! La coherencia nos exije ser, sentir y actuar tal como somos. No hacerlo es la mayor traición que puede hacerse uno mismo y eso, evidentemente, tiene su alto coste! Ser íntegros en nuestro comportamiento tiene poco que ver con la moral o con lo que nos han enseñado, más bien tiene que ver con dirigir nuestros pasos en línea con nuestros principios y valores internos! Seguramente no hay mayor premio que uno mismo, en un mundo en que confundimos la coherencia con la tozudez o la obsesión, sobre todo teniendo en cuenta la poca coherencia que encontramos muchas veces en los demás, con la coartada de adaptarse mejor a este mundo loco en que vivimos!

Mi coherencia me lleva hasta extremos insospechados! Quizás porque cuando he actuado sin ella, la vida me lo ha hecho pagar con creces! Cada vez que, en una aparentemente instrascendente decisión dejo de ser coherente conmigo mismo, mi mente, mi corazón y mi cuerpo me pasan factura! Y la vida misma, por qué negarlo! La coherencia me obliga a actuar de forma íntegra, me ayuda a tomar decisiones y me produce esa paz que siempre todos buscamos! Pero no siempre ha sido así…

Antes, mi supuesta coherencia provenía de mis principios y valores mentales, rígidos e intolerantes conmigo mismo y con los demás! Era algo que me aportaba tranquilidad, seguridad y satisfacción. Pero eran solo aparentes, pues su fundamento era algo creado en mi mente y basado en el miedo, el dolor interior y en la inseguridad o bien dependía de las circunstancias pasajeras y externas de mi vida. Eso me hacía -a la vista de los demás- como alguien tozudo, obstinado en seguir mis propios principios! Eso, ni qué decir tiene, me hacía duro, inflexible y, lo que es peor, me hacía derrochar mucha energía para mantener esa aparente coherencia! Y esa energía que gastaba en mantenerme firme no me permitía acercarme a mí mismo y a mis convicciones reales e internas, me hacía parecer firme ante los demás! Incluso hoy podría afirmar que esa firmeza me hacía poco dado a la espontaniedad de lo que sentía en cada momento y, lo que es peor, no me permitía aceptar mis propias fortalezas y debilidades! Simplemente no cabían en mi entonces irreductible y presunta escala de valores! Por decirlo de alguna manera, consumía mi energía y mi tiempo en ser alguien que no era yo! Y, como consecuencia, eso me hacía renunciar al amor y a la felicidad en mi vida!

Seguirá…

 

 

 

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