Revista Viajes

Cómo sobreviví a 10 días de meditación Vipassana en India

Por Gialuxa @viajerasoy
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Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado” (Buda)

Se me ocurrió la brillante idea de pasar diez días encerrada en silencio en un centro budista, pero no en cualquier ciudad, tenía que ser especial. Para eso muy cerca de Varanasi se encuentra un pequeño pueblito de India llamado Sarnath. Aquí fue donde Siddharta Gautama dio su primer discurso, y donde se enseña hasta el día de hoy gratuitamente su método original.

Mucho antes de que se utilizara su imagen para crear una religión, antes de las “japa malas” (rosario budista), inciensos y ofrendas de comida, existía una técnica que no contenía estatuas ni plegarias, y que fue la razón por la que Buda causo gran popularidad. Simple y pura meditación.

Y recalco estas dos últimas palabras porque ese es el secreto. Se trata de una técnica PURA sin objetos, imágenes, dioses ni veneraciones para meditar. Le llamo SIMPLE, porque es fácil de aprender, pero que también requiere de muchísima práctica y paciencia para ser lograda.

El punto es que siempre trato de cumplir todos mis deseos, y esta vez no hubo excepción. Muy fresca le dije a Izzy, una inglesa que conocí en Varanasi, que yo era capaz de estar un mes encerrada en mi casa sin hablar ni con el gato si así lo quisiera, así que unos pocos días meditando no serían !nada para mi!

La llegada fue exótica, y conducida ocho kilómetros por un rickshaw que se venía desarmando a través de un bosque de mangos, muy risueña llegue a firmar el formulario de ingreso en donde daba mi palabra que cumpliría con el código de disciplina del centro de meditación.

Esto quiere decir, no consumir drogas, cigarrillos, no mantener ningún tipo de comunicación con personas del programa o el exterior, evitar la lectura o escritura, talismanes, rosarios, yoga. Suspender cualquier tipo de rito o meditación, y además cumplir con los 5 grandes preceptos: Abstención de matar, de robar, de tener cualquier tipo de actividad sexual, de decir mentiras y de consumir cualquier intoxicante.

Muy valiente Prat entregue todos mis libros, lápices, variados artículos electrónicos y tres cigarros huachos que me quedaban. Quería hacer las cosas bien, al fin y al cabo me serviría de desintoxicación y relajación…

El centro era bello, se ubicaba en el medio del campo, alejado de cualquier civilización y rodeado de vegetación. Tenía un huertito con frutas y verduras, un charco con ranas, frutos exóticos en donde un día vi a una oruga fluorescente volando, un bichito caer en la red de una araña para luego ser devorado, y un sapito de menos de dos centímetros de tamaño que andaba perdido buscando a su mamá rana”.

La hermosa vegetación del centro

Pero al contrario de mis expectativas las cosas se pusieron feas, y mucho… color de hormiga le llamo yo. Primero me dijeron que llegarían más alumnas, y aunque no pudiera hablar con ninguna de ellas, dormirían en el mismo lugar, y me harían sentir acompañada. Al final no llegó nadie… lo que significó que debía estar completamente sola, porque con el calor que hacía ni sombra había para que me acompañara, mientras que ellos por su parte eran 21 indios, un japonés y Mario mi amigo el argentino.

La soledad del lugar me mató, una porque durante las noches se cortaba la luz y siempre le he tenido un poco de miedo a la oscuridad, y otra porque fui acosada por un loco la mayoría de los días que estuve internada.

No hubo día en que no me quisiera ir. Desde las primeras cuatro horas sentada “intentando meditar”, me dominó una desesperación y tristeza profunda que nunca había sentido, y que me mandaron derechito a hablar con el profesor para decirle que muchas gracias, pero que yo de ahí me iba. Chao pescao.

Pero por algo se les llama maestro a estos personajes, y me convenció como a una niña de cinco años. Sin embargo mi segundo nombre es mona porfiada, y su discurso duraba sólo unas cuantas horas en mi cabecita. Finalmente como yo insistía en irme, y él no sabía que más decir, leyó mi informe y dio en el clavo cuando me dijo que como yo era periodista y mi trabajo era buscar la verdad, debía quedarme o jamás entendería lo que era vivir el proceso.

Durante esos días reconozco sufrí mucho, y a pesar de que luego de la tristeza vino la felicidad colérica, después todo se transformó en desdicha y enfermedad. Levantarse a las cuatro de la mañana no tiene ni un chiste, y menos estar sentada en posición de meditación durante 11 horas diarias.

Para variar la comida que servían era india vegetariana y a pesar de que antes me gustaba, ahora ni el olor soportaba, además mi cuerpo parecía colador, los mosquitos se ensañaron conmigo desde que volví al famoso país, que hasta pensé que podía darme malaria de tantas picadas que tenía.

Los horarios que había que cumplir diariamente, en total 11 horas de meditación.

“Pero eso no era nada comparado con lo que se vino después… al tercer día me picaron tres abejas, una al desayuno, otra almuerzo y la última desgraciada a la cena, y ahí lo peor, porque durante la noche me comenzó un dolor de oídos que casi me deja sorda. Ya qué más podía pasarme, así que de puro dolor me empecé a volver de a poquito loca”.

Yo estaba convencida de que el problema eran los mangos, soy alérgica a esa fruta, y estaba segura que ellos tenían muchos árboles en el centro. Asi que muy prisca fui donde el profesor y sus secuaces a contarles de mi enfermedad y su causa, pero a pesar de que el maestro era una persona muy seria siempre recuerdo la tremenda carcajada que dio.

Fue ahí cuando apareció Sandeep, uno de los indios asistentes del centro, quien me dijo que lo que yo tenía era “samkara”, dícese de pensamientos tóxicos que pudiera tener almacenados, que estaban exteriorizándose a través de enfermedades debido a mi constante práctica de meditación (todo esto según él).

Entonces debía esperar… pues todo desaparecería si continuaba practicando, no le creí mucho, pero le hice caso. Me tomé unos antiinflamatorios y me puse compresas de agua tibia, pero nada, a las horas todo se puso peor.

Sandeep como todo salvador llamó a un amigo doctor, y fue en bicicleta de noche diez kilómetros a la ciudad por medicina para mis oídos, aceite para mis picaduras, galletas de mantequilla y dulces indios para mi consuelo.

Sandeep y la única foto que pude tomarle el último día.

Gracias a él me curé, pero mi amigo era muy pillo también, y me daba la medicina justa para el día, entonces cuando el tratamiento se acabó, y ya no tenía más excusas para visitarme se desesperó. El último día recuerdo me pidió que le diera un beso y yo me espanté, le dije que estaba confundido, y que por favor se fuera, pero insistía, hasta que lo amenacé con acusarlo y cedió.

La verdad no sacaba nada con decirle al maestro porque el señor no entendía nada, de seguro me hubiera mandado a meditar, así que me tocaba valérmelas por mi sola, aguantar un poco más y fin todo acabaría. Quedaban como cuatro días y el indio porfiado volvía y volvía cada noche con una nueva mentirilla, estaba celoso de mi amigo Mario porque sabía que viajábamos juntos, así que empezó a inventar cosas de él, diciendo que era perverso y que debía alejarme, que el color de sus ojos eran de animal, y hasta un día se robo su informe y me lo llevó, pero yo por supuesto me negué a mirarlo.

Como no había forma de que le abriera la puerta, un día trató de convencerme con historias místicas, diciéndome que había meditado taanto taanto (poco menos alcanzando la iluminación), que me había visto enamorada de él en su vida pasada, y que el destino nos había dado una nueva oportunidad para que estuviéramos juntos.

Me dijo que era psicólogo, médico, profesor de yoga, biólogo, y chamán. Que le diera mi dirección en Chile, porque me iba a ir a visitar cuando fuera millonario y una pila de sandeces más. Durante el día aparecía sigiloso como gato de la nada haciéndome  gritar un par de veces de espanto, hasta que un día se volvió loco… me rogó que lo dejara entrar, pero como obviamente le dije que no, se puso en trance afuera de mi habitación como poseído estilo el exorcista moviendo los brazos y dando vueltas como trompo.

Finalmente complete los diez días, claro lo único que quería era irme y huir de Sandeep y la famosa meditación que me tenía de verdad más que harta, pero el indio trato de hacerse amigo de Mario para hacernos un city tour, y seguir acosándome por supuesto, pero yo le dije que ni loca. A pesar de eso como tenía días libres nos siguió hasta la ciudad, pero ahora estaba con Mario me sentía más segura, le conté todo y al otro día dejamos Sarnath con destino a Nepal.

Han pasado tres meses de esta experiencia, y de verdad a pesar de todo lo mal que lo pase hay cambios en mi que debo agradecer a este tipo de práctica. Lo primero es que deje de fumar, sí, no tenía intención alguna, pero de la nada luego de salir del centro volví a fumar unos dos cigarros como máximo, y nunca más me dieron ganas.

Según lo que he leído es porque cura adicciones. Hasta el momento no he sentido deseos de hacerlo nuevamente, y les hablo de 12 años fumando excesivamente (una época llegue a fumar 40 cigarrillos diarios).

Luego de India he estado en Nepal, Tailandia, Hong Kong, Japón y China donde me encuentro actualmente. Nos ha pasado de todo, me he quedado sin dinero, nos han tratado de estafar, he tenido que estar internada en el hospital, me robaron mi billetera, y he tenido días malos como cualquier ser humano, pero nunca me he enloquecido o perdido la razón.

Siempre me acuerdo de lo que decía el gurú de la grabación, y es que “todo es pasajero, incluso la felicidad”. Creo que debemos aceptar la vida como nos venga, no hablo de quedarnos inmóvil frente a nuestros sueños, todo lo contrario, pero a veces están esas luces y oscuridades, y aunque siempre trato de ver todo desde un punto de vista positivo, yo sé muy bien que a veces ocurren cosas que nos duelen, y mucho. 

Pero no se olviden de que es sólo un instante, recuerden lo que decía Buda “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento opcional”, y esa es la forma de vida que escojí yo. 

Les deseo buenas noches desde mi internado de Tai Chi en China, que es donde me encuentro ahora. Luego les contaré de eso… 再见

Los dormitorios femeninos, donde fui la única huesped.

La imagen de Buda en unos de los tantos templos de Sarnath.

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Tags: adicciones, buda, budismo, India, meditación vipassana, samkara, Sarnath, Siddharta Gautama


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