Revista Viajes

Consejos para viajar

Por Universo De A @UniversodeA

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Publico este artículo muy oportunamente, cerca de las vacaciones, y espero que resulte útil a muchos.

A decir verdad, hacía tiempo que consideraba que se necesitaba este tipo de artículo genérico (al estilo de otros muchos –por ejemplo este, también de carácter turístico-, que también han resultado sumamente útiles una vez publicados), para dejar de repetir continuamente los mismos temas en diferentes escritos… así, enlazo a este texto, y problema solucionado.

Ya decía Cervantes a través de su inmortal caballero andante don Quijote que “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”, alabando así pues la costumbre de viajar, y es que muchas razones pueden llevar a amar realizar esta actividad, y cada uno tiene las suyas, pero no hay duda de que siempre se aprende mucho (yo soy de alta cultura, otros serán de deportes… pero todos sacamos o descubrimos algo de nuestras experiencias)… bueno, al menos si uno no se resiste a ello deliberadamente, como tantas veces he visto, de modo que todo el viaje no les sirve para nada y es como si no salieran de casa.

En fin, el caso es que este artículo nace, tras haber trotado mucho por el mundo, solo o acompañado, en diversas épocas del año, de las más variadas maneras… etc; y en él expongo muchas cosas que he aprendido acerca de viajar, pues la experiencia es un grado y siempre es útil, y que espero que os puedan ser útiles también a vosotros… en cualquier caso, no dudéis en compartir también vuestra sabiduría y consejos, ¡que seguro que también serán útiles!.

Obviamente, también tiene un punto de opinión, personal y subjetivo, pues cada uno tiene sus gustos personales e impresiones particulares… pero yo creo que, en general, el artículo puede resultar sumamente práctico a mucha gente.

Así pues, divido el artículo por temáticas:

Por tu cuenta o con agencia

Escribí un artículo entero sobre esa temática con los pros y los contras de ir de forma autónoma o en un tour organizado.

Organización

Hay un enemigo implacable contra el que todo viajero o turista (bueno, si nos ponemos filosóficos, todo el mundo en general) se enfrenta desde el momento en el que inicia el viaje, y ese es: el tiempo… que, además, nunca va a nuestro favor.

Es lógico, un viaje tiene siempre una limitación temporal, y mientras dura, todos pretendemos sacar el máximo partido al lugar nuevo que nos rodea, tratamos de conocerlo a fondo y saber cómo es la vida allí, porque para eso vamos a otros sitios, para descubrir otras culturas, costumbres… etc.

Pero siempre es muy ingenuo pensar que lo conseguiremos, algunos sitios no se conocen totalmente ni pasando toda tu vida allí, para cuanto más.

Por ello, es inevitable hacer una selección, que dependerá de gustos, pero que yo recomiendo lo más genérica posible, para poder llevarnos las impresiones más variadas (ejemplo: dedicarse a ver museos y a la alta cultura, sin duda es una gran opción, pero no estará de más reservar algo de tiempo para la gastronomía o para descubrir los lugares favoritos de los habitantes del lugar para relacionarse).

En cualquier caso, seguimos en lo mismo, el problema tiempo… y la ironía de que, como le pasa a muchos, cuando van a cualquier sitio ven todos los lugares de interés turístico en tiempo record… pero no le han echado ni una ojeada al museo que tienen en frente de su casa. Pero eso ya es otro tema.

Así pues, nos encontramos con una misión imposible desde el principio: intentar combinar ver mucho y bien… francamente, después de muchos años viajando, he llegado a la conclusión de que la mayor parte de las veces es mejor pararse cuando algo es realmente interesante y merece la pena, dedicarle tiempo, el que sea… antes que andar corriendo por todos los lados y verlo todo a prisas, con presión y agobio, lo que a menudo suele resultar frustrante, sin mencionar, que realmente no estás apreciando nada porque no le estás dedicando la atención debida y necesaria. Sin duda, habrá quién se oponga a esta idea de pararse cuando la realicemos, y tras llevarla a cabo, nos diga “pero es que tú sólo has visto eso”, la respuesta que debemos dar es muy sencilla “yo he visto lo que quería ver”, y si nosotros mismos estamos satisfechos con ello, y suele pasar, no podemos pedir más (ejemplo práctico: para mí vale mucho más la pena pasarse una tarde entera en la Galería de los Uffizi, pudiendo deleitarse con tranquilidad con los Botticelli… que tratar de ver en el mismo tiempo el museo nombrado, la Academia y los dos palazos).

De modo que, podemos concluir que en esa lucha contra el tiempo, cuya batalla está perdida de antemano (pues nunca podremos conocer realmente a fondo un lugar con una breve visita), se puede conseguir una moderada victoria si, al menos, se aprovecha bien cada momento del viaje… y, como ya digo, el concepto de “aprovechamiento del tiempo” es totalmente personal, y cada uno debe decidir cuales son sus preferencias y prioridades.

Así pues, para conseguir ese mejor aprovechamiento, considero que lo mejor es organizarse previamente al viaje, pues si llegamos allí, y nos ponemos a mirar lo que hay, ya estamos desperdiciando unas horas muy valiosas.

Por ello, mi experiencia me ha hecho muy partidario de organizar previamente cualquier viaje, pues, si sabes lo que vas a encontrar, lo que te interesa y a dónde ir, todo es mucho más sencillo desde el principio… y aún así, tampoco es tan fácil, puesto que, al estar en un lugar desconocido, siempre se está más desorientado, pero, a pesar de ello, si se tienen las cosas claras y un previo conocimiento, todo resulta más sencillo.

Sin mencionar que, sabiendo algo del sitio, también resulta más fácil luego conseguir un alojamiento situado en un buen sitio o saber mejor que medios de transporte se van a usar.

Indudablemente, cuando lleguemos allí también obtendremos información valiosa, pero considero que no hay que esperar a que llegue ese momento, pues lo dicho, si empezamos a organizarnos y a decidir qué hacer cuando ya ha comenzado el viaje… estaremos desperdiciando un tiempo precioso.

Así pues, ¿cómo organizarse?, depende de los intereses de cada uno, del factor económico y de con qué medios se cuente o se piense contar… pero una vez que se sabe esto, no debe resultar difícil planificar día por día, de modo que todo salga bien.

Para llevar a cabo todo esto, hay múltiples medios, a mí personalmente, me encantan las guías de viaje y las encuentro sumamente útiles, puesto que siempre proporcionan mapas, referencias de los lugares y museos más interesantes, rutas andadas… además de mucha información histórica, artística… etc; así pues, si se planifica en base a esto, resulta fácil, una vez llegados al sitio, moverse casi como si se conociera.

Aunque, por supuesto, internet es utilísimo, puesto que toda la información viene actualizada, y la mayoría de las instituciones cuentan con página web, de modo que podremos saberlo todo antes de llegar al lugar con toda facilidad y evitar imprevistos.

Todo ello, no priva de que, una vez allí, si es posible, se pase por la oficina de turismo, pues a menudo nos pueden ofrecer cosas interesantes y sobre todo actualizadas, desde los horarios y precios de los museos hasta un evento que se celebra precisamente ese día.

Por otro lado, yo (analógico que es uno) prefiero la información impresa, me parece mucho más práctica y menos problemática… aunque reconozco que la digital puede ser muy útil también.

Equipaje

Ir cargado como una mula siempre es una mala idea, si hay una idea que cualquier viajero debe tener en la mente, por encima de cualquier otra, esa es “pragmatismo”… y para los que ya estén pensando que ni en broma se ponen, por ejemplo, ropa de deporte, no olvidemos que se puede ser práctico pero con estilo; la cuestión, al final, es estar cómodo con lo que se lleva y que no nos dé problemas (ejemplo práctico: indudablemente, tus preciosos zapatos monkstrap lucirán deslumbrantes encima de las históricas calles empedradas… aunque también pueden producirte unas ampollas igualmente históricas que no te permitan disfrutar ni un sólo segundo del resto del viaje… ya que bastante esfuerzo físico se va a hacer, asegurémonos de que llevamos algo que aguantemos y que vaya a aguantarlo… obviamente, todos sabemos y hemos experimentado con lo que usamos como para saber si va a funcionar o no; porque, evidentemente, al menos en mi opinión, jamás se debe llevar algo nuevo que no hayamos probado durante un tiempo considerable, no sólo puede destrozarnos sino también estropearse… un viaje siempre es una prueba de resistencia, tanto para las personas como para los objetos).

Así pues, antes de empezar a hacer el equipaje, yo recomiendo, ante todo, que nos informemos sobre el lugar al que vamos a ir, desde la climatología a las costumbres, pues ello nos evitará tener que perder tiempo haciendo compras allí porque nos falte algo… porque no nos olvidemos, vamos a otro sitio con unas características diferentes, y por tanto, con necesidades que probablemente no tengan mucho que ver con las de dónde vivimos, así pues, quizás debamos hacernos con cosas que no usamos normalmente, es decir, si hay que comprar algo, mejor en el lugar de origen que en el de destino (ejemplos prácticos: si alguien va a Galicia, y se queja de que hace frío y llueve, mientras que en Granada lucía en sol y te bañabas en la playa… bueno, tal vez esa persona debería haber metido en el equipaje un chubasquero y jerseys en vez de camisetas y pantalones cortos; o, si estaba previsto entrar en una mezquita, pero una vez allí, tras una larga cola, no os dejan pasar porque el vestuario es considerado irrespetuoso… pues es algo que habría que haber tenido en cuenta).

Por lo demás, el equipaje debe hacerse teniendo en cuenta la palabra “austeridad”, lo adecuado es, así pues, llevar la ropa básica para los días que vamos a estar, algunas mudas, y, por si acaso, alguna ropa excepcional o elegante (obviamente, no un chaqué con todos los complementos, pero una corbata o una chaqueta de sport no ocupan tanto), puesto que nunca se sabe. Y toda ella debe ser elegida, repito, teniendo en cuenta las características del lugar al que vamos (nunca en el que estamos, que parece una tontería, pero mucha gente comete ese error continuamente, y ello le amarga los viajes).

Y por supuesto, lo típico que siempre dicen las fuerzas de seguridad con toda razón, no hay llevar nada que delate en exceso que somos turistas (dentro de lo que cabe, pues siempre habrá cosas que hagan ver que somos foráneos), al menos de forma visible, aunque sólo sea para evitar disgustos.

Por lo demás al hacer la maleta, recomiendo organizarla bien, a ser posible según el orden en el que vayamos a utilizar la ropa, o de modo que todo esté sumamente visible y accesible; puesto que, una vez en el destino, para evitar pérdidas y olvidos, lo más recomendable es jamás deshacer el equipaje, y sacar de este, la noche anterior, lo mínimo y básico para el día siguiente (ritual que deberemos realizar diariamente mientras dure el viaje), de modo que la maleta permanezca lo más inalterada posible (esto es especialmente importante y vital si cada día pernoctamos en un lugar diferente o esto se hace muy frecuentemente).

Economía

Viajar o hacer turismo, no deja de ser un lujo (depende de como se haga, pero es innegable que es parte de un ocio pensado para ser caro), y por tanto va a ser algo inevitablemente caro, se puede gastar más o menos… pero es inevitable hacerlo.

Por ello, mi consejo es estar concienciados de ello, y de elegir entre gastar o no, casi siempre es mejor hacer lo primero, puesto que quizás no volvamos a ese sitio así que hay que aprovecharlo al máximo.

Ahora bien, tampoco hay que tirar la casa por la ventana y arruinarse como un Osuna, pues, como en todas las otras cosas en la vida, se puede gastar con mesura, conciencia y seleccionando bien por qué vale la pena pagar y por qué no, para que el total no nos salga por un ojo de la cara.

Y no nos equivoquemos, hay mil formas de ahorrar: se puede elegir un alojamiento no demasiado caro; no hace falta ir de restaurante todos los días, sino que se puede aprovechar para descubrir los supermercados del barrio (y así comprobar como es la vida de la gente del lugar en vivo y en directo, no hay mal que por bien no venga, no gastamos mucho, y además tenemos una impresión totalmente cotidiana del lugar); casi todas las instituciones culturales tienen una importante cantidad de descuentos a múltiples sectores (ahora bien, en taquilla no te los van a decir -de hecho, a veces incluso tienen la explícita instrucción de no hacerlo a menos que se pida de modo totalmente específico-, por ello recomiendo fervientemente tenerlos investigados antes y pedir exactamente lo que queremos para que no nos cobren de más, cuando podíamos haber pasado por menos)… etc.

Hospedaje

Aunque al oír la palabra “viaje”, probablemente, de las primeras cosas que se nos vengan a la cabeza sea la palabra “hotel”, existen muchas formas de alojamiento (algunas muy vanguardistas: intercambio de casas, alojamiento a cambio de ayuda en las tareas domésticas, albergues… quién sabe, tal vez la opción más convencional resulte no ser la que más te guste o convenga), y yo recomiendo probar todas las posibles para saber cuál nos gusta más y nos merece más la pena.

En cualquier caso, demasiado a menudo, el hospedaje suele ser de lo más caro del viaje, con lo que, a menos que seamos muy tiquismiquis, considero que lo mejor es tratar de ahorrar lo más posible en un servicio que, al fin y al cabo, y si aprovechamos bien el tiempo, sólo utilizaremos para caer rendidos al llegar el final del día.

No obstante, no se debe ahorrar dinero a la hora de conseguir un alojamiento lo más céntrico posible (muy especialmente si es un viaje organizado por mayorista, aunque haya que pagar un extra o un suplemento, pues siempre será mejor un hotel en el centro, que uno en las afueras o en un pueblo cercano, con unos transportes terribles, y que se tarde como mínimo una hora en llegar a cualquier sitio medianamente interesante… una vez más, no nos podemos permitir pérdidas de tiempo, y menos de un tipo tan estúpido) y cercano a nuestros lugares de interés; para esta cuestión, el lema siempre ha de ser “mejor pagar con dinero que con tiempo”, porque repito, si nos lo podemos permitir, siempre será mejor gastar el primero que el segundo.

Ahora hablaré de las formas de alojamiento que he probado (todas ellas bastante convencionales porque suelo viajar con gente que no se quiere arriesgar en ese aspecto):

-Hotel y derivados: los hoteles siempre tienen un encanto especial, estilo, glamour, tal vez debido a la magia de pretender recrear la perfección en la realidad, todo se hace solo a tu alrededor sin que tengas que mover un dedo… también se ocupan de cobrarlo bien cobrado. Ese es quizás su problema, no puedes hacer nada sin que se te cargue un extra, casi nunca hay nada incluido junto al alojamiento; por otro lado tampoco dispones de mucha libertad, puesto que, a parte de que son lugares diseñados para gastar, siempre están llenos de normas, ya sea explícitas, o que sobreentendidas. Sin embargo, hay que destacar que siempre tienen un gran concepto de la servicialidad, y ello siempre es positivo.

-Apartamento turístico: si la jugada sale adecuadamente, y están arreglados decentemente (y algunos están extremadamente bien), pueden ser una gran opción, puesto que es casi como trasladar tu casa a otro sitio. Se dispone de una inmensísima libertad (normalmente se puede contar con cosas como: llaves propias, cocina para hacer tu propia comida, posibilidad de lavar la ropa… etc)… el problema es que hay que hacerlo todo, con el gasto de tiempo y energía que ello conlleva. Y luego lidiar con el propietario o con la empresa que lo gestione, que pueden ser más o menos amables o flexibles.

Alimentación

Como diré a lo largo del resto del artículo, aunque sí considero que hay que dedicar algo de tiempo, interés y dinero en la cuestión gastronómica, los platos típicos, especialidades y esas cuestiones… como en todos los gastos que vayan a ser obligatorios e imposibles de esquivar, recomiendo no excederse y optar por lo barato en la mayor parte de las comidas que vayamos a hacer.

Y ya no sólo por el gasto, sino porque comer en cualquier local, implica invertir una cantidad de tiempo bastante considerable desde que te sientas hasta que te levantas. Obviamente, esta es una cuestión de gustos, pero yo soy partidario de no utilizar una buena parte del escaso tiempo del que disponemos en eso.

Aunque entendámonos todos aquí, es imprescindible comer, y hacerlo bien, puesto que el turismo produce un inmenso gasto de energía, así que hay que asegurarse de darle al cuerpo lo que necesita o caeremos rendidos de agotamiento, literalmente.

Transporte

Lo mejor es, casi siempre, contar con transporte propio (a menos que sólo vayamos a una única población, entonces es una tontería, porque tendremos permanentes problemas con el tráfico y el aparcamiento), nuestro propio coche que nos evite depender de nadie que no sea nosotros mismos, con nuestros horarios y a nuestro gusto. Ahora bien todos sabemos que eso no siempre puede ser.

En cualquier caso, también nos convendrá analizar, dependiendo de las características del destino donde vayamos a estar, si nos conviene utilizar cualquier tipo de transporte (ejemplo práctico: si vamos a pasar unos días en una ciudad de provincias sin movernos de allí, y nuestro alojamiento está al lado de todo lo monumental, casi seguro que nos será innecesario todo transporte; si en cambio vamos a una gran capital europea, aunque nuestro hospedaje esté cerca de algo importante… seguro que necesitaremos trasladarnos largas distancias para ver el resto de las cosas relevantes de la ciudad).

Ante tal situación, surgen estas posibles opciones:

-Transporte público: si se va a estar sólo en una población, es lo más práctico, comprar un bono lo más amplio posible (preferiblemente turístico, que los hay); pero práctico para no pagar una cantidad absurda por algo que no vas a usar.

La mejor opción suele ser el Metro (si lo hay y funciona bien -Ejemplos prácticos: el de Madrid, genial; el de Moscú: imprescindible -y no sólo por el tema artístico-; el de Roma, muy poco útil; el de Valencia, tomadura de pelo descarada-, de esto habrá que enterarse previamente, como bien decía en el apartado “organización”), básicamente porque el bus suele ser para personas enteradas, que reconocen los sitios a los que van y conocen las paradas concretas en las que pulsar… y ese no suele ser el caso del viajero o turista; por ello, el Metro proporciona una gran seguridad: sabemos que tal monumento está en tal parada, así que es tan sencillo como trasladarnos de la que estamos a la que vamos, y no va a haber alteración o cambio ninguno, cuando salgamos del transporte vamos a saber exactamente a donde hemos llegado, sin desconcierto alguno; siendo además un transporte rápido y eficaz, no se le puede pedir más.

Por otro lado, no sobra decir, el transporte público ofrece la magnífica posibilidad de interactuar con los habitantes del lugar, de poder fijarse en ellos y observar como es su vida cotidiana, puesto que, al fin y al cabo, también ellos lo usan frecuentemente y forma parte de sus vidas… y lo dicho, si uno viaja, es para descubrir otras cosas, cultura y formas de vida; y parecerá una exageración o una tontería, pero lo cierto es que pocas cosas reflejan mejor eso que el transporte público y sus usuarios.

-Coche de alquiler: dependiendo del lugar, puede ser una opción cara o aceptable (e incluso necesaria), aunque dependiendo de la empresa que lleve a cabo la transacción, puede resultar también un poco arriesgado (las condiciones del contrato pueden asustar un poco); sin duda es algo a pensar si compensa. Sin embargo, no hay duda de que nos aporta una movilidad, facilidades y una libertad increíbles. No obstante, por todo lo dicho anteriormente en este mismo apartado, yo, es una opción que sólo uso cuando hay que desplazarse a otros lugares distintos de aquel en el que me alojo, hacia las que el transporte público es especialmente complicado.

-Taxi y parecidos: si te sobra el dinero, bueno, no hay duda de que es algo cómodo. Aunque la mayor parte de viajeros y turistas que lo usan, suele ser por falta de pericia (se pierden, no llegan al transporte que tenían que haber llegado… etc).

Y ya que mencionamos temas de transporte, casi nunca suele ser buena idea usar uno de esos servicios de autobuses turísticos, trenes o cosas parecidas; son superficiales y a veces incluso una estafa (porque si hay una zona peatonalizada, y las históricas suelen estarlo, evidentemente, no pueden pasar por ahí). Hay quien los defiende diciendo que ayudan a situarse y a ubicar las cosas en un sitio… pero si habéis hecho lo que digo en el apartado “organización” de este mismo artículo, no lo necesitaréis; por otro lado, suele ser un servicio demasiado caro para lo que ofrece y es demasiado turístico en el mal sentido de la palabra, pues perdemos todo sentido de lo que es el lugar y su sabor.

Visitas turísticas

Sin duda, la temática de este apartado es la gran misión de todo viajero o turista (pues no olvidemos que dentro de estas visitas no sólo se engloba la alta cultura, también todo tipo de actividades que hagas fuera de tu lugar de residencia).

En primer lugar, recomendar que no os quedéis con el tópico o con los horarios de apertura, si tenéis la oportunidad, y un sitio os gusta especialmente, tratad de pasar por allí varias horas al día para ver como cambia… en cualquier caso, yo siempre recomiendo conocer cualquier lugar al que vayáis, tanto de día como de noche, pues suele cambiar drásticamente, siempre hay otro ambiente, tiene otro encanto y aporta cosas distintas (ejemplo práctico: la parte intramuros de Cáceres es deslumbrante por el día… pero cuando es de noche, lo es incluso más, con la iluminación, el cielo estrellado, y los habitantes haciendo su vida en las plazas o terrazas. Y ya no mencionemos ejemplos más típicos como París, ¡la ciudad de la luz!).

Por otro lado, mi experiencia me dice que, de cara a organizarse bien, saber lo que merece la pena y perder el menor tiempo posible, debemos clasificar cualquier lugar al que vayamos en:

-Interior: todo, o casi todo, su interés está en sus museos, fundaciones, salas de exposición, lugares históricos muy concretos… es decir, sitios que requieren entrada o que pueden estar cerrados y restringidos a un horario. El patrimonio monumental exterior es muy escaso o no tan interesante, con lo que callejear no merece mucho la pena, y conviene más centrarse en recorrer y entrar en los lugares de exposición antes que cualquier otra cosa.

Ejemplos: Mérida, Ciudad del Vaticano, Versalles…. etc.

-Exterior: lo más interesante está fuera, el verdadero interés es el sitio en sí mismo: sus calles, callejones, esquinas… un museo al aire libre. En esta clasificación pueden entrar todos, o casi todos, los lugares que conforman un conjunto histórico-artístico.

Ejemplos: Oporto, Toledo, A Coruña… etc.

-Mixto: son aquellos lugares en los que hay una gran combinación, y sobre todo calidad, de lugares de interior y de exterior; con lo que hay que rentabilizar al máximo el horario de apertura de los museos, y según se sale de estos, callejear sin descanso. Dentro de esta clasificación se puede meter casi cualquier gran capital Europea.

Ejemplos: Madrid, Roma, Londres… etc.

Por supuesto, esta clasificación no puede ser tomada o usada de modo absoluto, pero casi siempre, cualquier lugar o población tira más hacia una cosa o a otra… lo que ayuda a ver en que nos compensa más invertir nuestro tiempo.

Respecto a los horarios que afectan a las visitas turísticas… no os dejéis engañar, el truco de ir a primera hora, o al mediodía, es un secreto a voces que conoce todo el mundo, con lo cual, no os ahorraréis cola en eses momentos. Lo que sí he observado, es que cuando baja el nivel de gente es a media mañana o media tarde… ahora bien esa opción nunca es la mejor para aprovechar lo más posible el día, de modo que, en mi opinión, siempre será mejor tragarse la cola de primera hora de la mañana (y cuanto antes se llegue, menos habrá) y rentabilizar el tiempo, antes que estar mirando las horas pasar y que luego no dé tiempo a nada.

Por otro lado, también he de recomendar, especialmente cuando no vayáis a capitales de un país, que busquéis los lugares donde se exponga lo más local o regional, o que si lo encontráis, seáis capaces de apreciarlo en lo que vale; por ejemplo, puede que haya un museo que presuma de tener un Goya… pero ello no significa que el resto de la colección no valga nada, a menudo, un museo que no está en la capital de un país, resulta especialmente interesante cuando no se concentra en tener muchas firmas famosas de cara al público (pues a menudo, incluso suelen ser obras de menos valor, o incluso mediocres, depositadas por los grandes museos nacionales), sino que contiene obras de artistas del lugar, que siempre resultan mucho más interesantes (aunque no necesariamente sean buenísimas y desde luego no alcancen la maestría de los grandes artistas… aunque siempre podéis hacer algún descubrimiento, a mí no es la primera vez que me pasa) puesto que te da una idea de lo que se movía en ese sitio, de las inquietudes que llegaron a tener, de cómo se desarrolló su cultura, de qué visión tenían sus habitantes de dónde vivían… etc. Por ello, recomiendo enormemente buscar instituciones dónde estén expuestas obras de artistas locales y regionales, lo que, y más haciendo un viaje un sitio concreto, siempre será mucho más enriquecedor que ver la obra menor (porque las mayores no van a estar) de un artista famoso que ni siquiera pisó el lugar dónde estamos y no tiene nada que ver con él.

Vivencias

Puede parecer una tontería, pero lo he visto demasiadas veces, así que lo digo: cuando uno viaja, es para vivir otras experiencias; porque, para hacer lo mismo que se hacía, es mejor quedarse en casa; todo viaje siempre debe cambiar nuestra vida y nuestra perspectiva, ya sea momentáneamente o durante mucho más tiempo.

En realidad, es extremadamente sencillo detectar a quién no viaja, al que no ha salido de su casa en su vida, que no tiene mundo, que es un turista en el peor sentido de la palabra… ¿que cómo se les distingue?, pues muy sencillo, porque son aquellos que quieren reproducir su vida y sus costumbres del lugar dónde viven, tal cual, en otro sitio distinto… sobra decir, que esto siempre resulta ridículo y estúpido, pero hay mucho paleto suelto… aunque, al final, los que peor lo pasan con estas personas, son los trabajadores del sector turístico, porque esta gente palurda, es además, absurdamente exigente y siempre plantea los problemas más tontos a la más mínima contrariedad, lo que se debe a ese intento desesperado, como ya he comentado, de mantener su status quo particular; todo lo cual, claro está, siempre les lleva, inevitablemente, a la amargura y la frustración, y con ellos, sus acompañantes también.

Así pues, la palabra que se nos debe meter en la cabeza, cada vez que hagamos un viaje, es siempre la misma: adaptación. Y es que, tener y mantener esta capacidad hará que disfrutemos de verdad y que podamos ser felices; de lo contrario, sólo nos espera ansiedad, estrés y enfado constante… ¿y qué necesidad hay de pasarlo mal cuando se puede pasarlo bien?, pues eso.

Esta capacidad de adaptación, nos llevará además a vivir nuestras mejores aventuras, pues, aunque, como habéis visto, soy muy partidario de la organización, la planificación, y lo considero sumamente importante… también es cierto que sé y manifiesto que jamás hay que llevarlo al extremo o encorsetarse, porque también nos llevará a la frustración, ya que, en todo viaje, los imprevistos son absolutamente inevitables, así que, nuevamente, la capacidad de adaptación nos resultará sumamente útil.

Todo ello, sin mencionar que, en muchas ocasiones, lo que surja espontáneamente, puede ser mucho más emocionante o interesante que lo que estaba planificado, de modo que puede merecer mucho la pena dejarse llevar por ello (ejemplo práctico: si resulta que precisamente el día que estáis en la plaza mayor de Brujas está la orquesta de las fuerzas armadas de Bélgica… tal vez sea mucha mejor opción sentarse con el resto de los belgas a escucharles un rato, que visitar el museo de Dalí intensamente o dar vueltas por calles dónde no hay nada buscando un atractivo turístico que ya se te ha presentado). No obstante, sí he de advertir que, en todo lo posible, hay que mantener la estructura planeada, puesto que si nos dejamos llevar demasiado por la improvisación o lo que surja, se acabará por perder mucho tiempo en cosas que, a lo mejor, al final no merecen la pena o acabar con muchísimos tiempos muertos porque se te pasó la hora para tal o cual cosa y te has perdido algo que era muy relevante. Para estas cuestiones, el mejor lema siempre será que hay que saber priorizar lo importante sobre lo urgente.

Por otro lado, como ya he dicho, es muy buena idea salir de lo habitualmente turístico (aunque no seáis de los típicos que van diciendo eso de que quieren conocer la auténtica población que conocen sus habitantes… eso es un imposible y una catetada, porque para conocer un sitio de verdad hay que vivir en él, y en cualquier caso, casi cualquier lugar que merezca la pena, es diferente para cada persona… así, sólo en mi círculo, podría presentaros a gente que conoce un Madrid totalmente distinto al mío, depende de gustos, aficiones, relaciones sociales… por lo que siempre será absolutamente irrealizable abarcarlo todo, incluso viviendo toda la vida en él, para cuánto más viniendo sólo unos días), y descubrir lugares a los que van los habitantes o otras formas de cultura no tan habituales; por ejemplo, siempre puede ser una buena idea ir a un espectáculo teatral o a un concierto, acudir a algunos locales de marcha… etc, lo que siempre es un modo de medir el pulso de la ciudad y ver lo que se mueve hoy en día, y como es la realidad de los locales del lugar donde estás.

Y es que cuando se viaja hay que ser una esponja y empaparse de todo lo que nos rodea, muy especialmente si es algo poco habitual o que no tenemos la posibilidad de ver normalmente (ejemplo práctico: sin duda alguna, acudir a un McDonald’s o a un Starbucks nos aportará una gran seguridad, pues sabemos exactamente lo que vamos a encontrar, ya que en todo el mundo es lo mismo -¡cuidado con la globalización!, lo dicho, para hacer nuestra vida tal cual la hacíamos en nuestro lugar de origen, mejor quedarse en casa-… sin embargo, quizás sea mejor optar por esa taberna, claramente un negocio familiar, probablemente con décadas de historia, que está a rebosar con los vecinos del barrio y con gente que se conoce de toda la vida; que además, cuenta con una carta sumamente sugerente en la que se incluyen comidas y bebidas que no conocíamos y que probablemente no volvamos a tener la oportunidad de probar).

Por ello, recomiendo fervientemente conocer toda la gente que se pueda, aprovechar la más mínima ocasión para tener una conversación, ya sea con otro viajero (siempre nos puede dar consejos útiles, ideas o contarnos alguna cosa que no sabíamos), pero sobre todo, con los locales del sitio al que vayamos, pues siempre será interesante descubrir como son, ver lo que se tiene en común, cuales son las diferencias culturales, sus modos, estilo de vida, perspectivas… etc.

Y, aunque a veces el idioma local pueda ser un impedimento para lo anterior (eso de que hoy día todo el mundo habla inglés es un topicazo… lo habla mucha gente y resulta útil para viajar al extranjero, pero saber únicamente ese idioma no es garantía de nada, y más en determinados países); no puedo dejar de aconsejar aprender unas pocas palabras de la lengua del lugar al que vamos (algo simbólico, no hace falta hacer una filología, cosas tipo: disculpe / perdón / hola / buenos días / gracias / de nada), pues siempre causa muy buena impresión en un primer acercamiento y motiva a que sean más amables con el visitante, pues ven que realmente tiene interés y respeto por la cultura del sitio en el que está, por conocerlo más allá de lo superficial y del tópico.

Y, de momento, esto es todo lo que se me ha ocurrido que es importante de cara a encarar un nuevo viaje (y creo que no es poco)… por supuesto, como todo el blog, este artículo es susceptible de ser actualizado continuamente, a medida que se me vayan ocurriendo más cosas… y por supuesto, con vuestras aportaciones a través de los comentarios, ¡que seguro que también tenéis múltiples experiencias viajeras de lo más enriquecedoras!.

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