Revista Educación

Criar para la desobediencia

Por Violetaosorior

Criar para la desobediencia¡A mis padres, eternos desobedientes!
En nombre del amor (es por tu bien), el sentido común (si todos lo hacen, si siempre se ha hecho así...) y la obediencia  (porque yo lo digo!) se comenten los peores crímenes.
Soy de la llamadas madre blandas, de esas que estamos criando un pequeño monstruo sin límites, egoísta, malcriado y anárquico! Uno que además se siente amado y contenido...pero esa es otra historia... en definitiva lo que yo estoy criando es una bomba atómica! ¿Todo por qué? Porque de corazón creo ( aunque no siempre logro practicarlo) que límites no es igual a órdenes (y por cierto para límites ya tiene bastantes con los naturales), que expresar las emociones es sano y la hipocresía enferma y sobre todo que: Estate quieta, no toques, responde cuando se te habla, calla cuando yo lo digo, no te ensucies, pórtate bien y la consabida ¡Por qué yo lo digo! son normas diseñadas para que yo como adulta no pierda mi zona de confort y ella como niña esté bajo control. Parece que dictar normas es el premio, el privilegio que hemos ganado por haber sobrevivido al autoritarismo de nuestra infancia.
Las estructuras sociales que hemos creado responden en la mayoría de casos a un orden militar; a una visión de oprimidos y opresores, de vencedores y vencidos y cada ser humano como un campo de batalla. Lo social lo manejamos desde la prohibición, el miedo, la amenaza, el control y la sumisión. Por supuesto la familia y la escuela como entes fundadores del orden social no se quedan atrás (más bien son pioneros).
Desde pequeños les decimos y les enseñamos que otros saben lo que es mejor para ellos, que aunque eso vaya en contra de sus necesidades y deseos otros pensamos por ellos mejor que ellos mismos y que el único lugar posible de habitar es la obediencia. ¿Cuántas veces al día escucho en otro, pienso y digo, reglas, normas que no están hechas para que tú (crezcas, estés contenido y protegido...) sino para que yo (no me haga cargo, no me esfuerce, no me cuestione...)?
Lo más peligroso es que nuestro niños con su infinito amor y su credibilidad en nosotros van amoldándose, perdiendo la voz de sus instinto; aprenden  a mirarse en nuestros deseos y expectativas,  en nuestros miedos y fracasos; se hacen buenos y malos chicos solo para darnos la razón, para que podamos seguir manteniendo la idea que lo que nosotros pensamos y sentimos por ellos es mucho mejor que los que ellos hacen por si mismos. Luego incluso tenemos la desfachatez de justificarnos con frases como: a mi me duele más que a ti!
Somos nosotros, como padres y maestros quienes les enseñamos el mundo en brazos de: no te pongas difícil, no me contestes, no se te ocurra desobedecerme. Somos nosotros quienes en primera instancia les enseñamos que lo más importante es que los adultos estemos contentos, cómodos, respetados en nuestros tiempos y necesidades y que ellos no son importantes ni amados sino en la medida que cumplen las normas establecidas y se manejen dentro de los límites del mundo que para ellos hemos creado. Les ponemos cosas tan absurdas como una campana para que les enseñe cuando deben salir al recreo y tener ganas de ir al baño y hambre y ganas de jugar y compartir con sus compañeros…Les enseñamos de un millón de formas distintas que para sobrevivir, ser amados y aceptados hay que ser obedientes (de adultos ya vendrá el desquite).
Es evidente que la obediencia es un lugar de comodidad y permanencia para quien la ejerce y un lugar de abandono, maltrato y mutilación para quien la vive. Pretende perpetuar un estilo de vida, una construcción del mundo que presupone y fomenta la existencia de jerarquías, de divisiones entre buenos y malos, mejores y peores. Es la obediencia la que sostiene es status quo, establece verticalidad, exclusión, competencia, polarización... todos estos sinónimos de violencia
¿Obediente ante quién? , ¿obediente para qué? me pregunto yo como responsable de este ser humano a quien hemos llamado Kyara,  porque no soy inocente y le debo a mi hija algo más que mirar para el costado. Cuando le enseño a obedecer, incluso en las pequeñas cosas , esas que supuestamente no tiene importancia le robo su felicidad, su libertad y autonomía y además, por encima de lo que crean muchos no es ante mí a quien responderá, ni a mi a quien conviene su obediencia sino a una sociedad que sigue discriminando, abandonando, maltratando, esclavizando, abusando.
Por eso, hago eco de la frase bandera de un importante movimiento colombiano "no parimos, ni criamos hijos e hijas para la guerra" y hoy  me lanzo a decir: yo no gesté, ni parí, ni voy a amamantar y criar para la obediencia. Así de paso me aseguro que no la educo para la guerra.


Volver a la Portada de Logo Paperblog