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Crítica alien: covenant (2017), por albert graells

Publicado el 18 mayo 2017 por Matias Olmedo @DragsterWav3
CRÍTICA ALIEN: COVENANT (2017), POR ALBERT GRAELLS
Sinopsis: Rumbo a un remoto planeta al otro lado de la galaxia, la tripulación de la nave colonial 'Covenant' descubre lo que creen que es un paraíso inexplorado, y que resulta ser un mundo oscuro y hostil.
CON SPOILERS
Han pasado 38 años desde que se estrenara “Alien, el octavo pasajero”, y cinco años desde que se estrenó “Prometheus”, precuela de la mencionada “Alien, el octavo pasajero”. Ahora se nos presenta “Alien: Covenant”, que sirve tanto de precuela de “Alien, el octavo pasajero” como de secuela de “Prometheus”, es decir, de secuela de la primera precuela. Cosas de hacer las sagas cronológicamente desordenadas. Las expectativas en cuanto a “Alien: Covenant” estaban en que no iba a llegar a la altura de “Alien, el octavo pasajero” pero que iba a ser bastante mejor que “Prometheus”. Una vez visto el resultado final, hay que decir que las expectativas se han cumplido satisfactoriamente. “Alien: Covenant” no está a la altura de “Alien, el octavo pasajero” pero es bastante mejor que “Prometheus”.
“Alien: Covenant” es acertada en cuanto que procura alejarse lo más que puede de “Prometheus”, sin dejar de ser una secuela de la misma, para acercarse lo más posible a “Alien, el octavo pasajero”, y en parte lo consigue. En esta película no sólo sale el alien, sino que salen muchos aliens, y todos con forma distinta, lo que dota a la película de un valor añadido que la hace mejor en éste aspecto que “Prometheus”, dónde tres cuartos de la película el peligro era semen negro, en el último cuarto el peligro era el primo de Zumosol culturista, y sólo en la última escena veíamos el alien cuando ya no suponía ningún peligro para nadie.
Ahora, en “Alien: Covenant”, tenemos un surtido de aliens con muy buenos diseños, y que además ocasionan momentos de terror y de suspense muy notables. En esta película Ridley Scott se deja de documentales de La 2 sobre otros planetas, que es lo que fue “Prometheus”, y se mete de nuevo en el género del terror, como lo hizo con “Alien, el octavo pasajero”, y que en “Alien: Covenant” no termina de explotarlo del todo pero sí en gran medida, y eso se agradece.
CRÍTICA ALIEN: COVENANT (2017), POR ALBERT GRAELLS
Ridley Scott muestra mucha más motivación en “Alien: Covenant” de la que demostró en “Prometheus”, visualmente la película es mucho mejor, Scott expone una muy buena construcción de la escena en la mayoría de las escenas. Ayuda también a eso la excelente fotografía de Dariusz Wolski, que ya demostró su impresionante hacer en propuestas como “The walk”, “The martian”, “Prometheus”, “Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet”, “Dark City”, “El Cuervo” o las cuatro primeras películas de “Piratas del Caribe”. En “Alien: Covenant” Wolski juega mucho con el contraluz y con las sombras y la ausencia de luz solar directa para recrear lumínicamente una ambientación malrollera, con mucha inquietud, que induzca al miedo.
También cabe destacar que en “Alien: Covenant” hay sangre cuando debe haberla, y hay mucha. Manda narices que se tenga que destacar eso, pero es que de un tiempo a esta parte vivimos en una absurda imposición de una ridícula ley no escrita en Hollywood de que debe haber la menor cantidad de sangre posible, a poder ser nada, para que la película sea para todos los públicos y tenga más posibilidades de recaudar más dinero al poder verla más gente. “Alien: Covenant” no la irán a ver los niños, los niños irán a ver “Animalitos en el bosque 3: La vaca que ríe”, los que irán a ver “Alien: Covenant” son los mayores, y lo que esperan los mayores de “Alien: Covenant” es que haya sangre, y si ven que la película no es calificada R sino apta para todos los públicos entonces mandarán la película a hacer gárgaras, y con razón. Por eso hay que aplaudir la valentía de los máximos responsable de la película por no rajarse en cuanto a la sangre, pero es triste que sea valentía algo que debería ser sentido común.
La película tiene un diseño de producción muy currado, no sólo referente al diseño, interno y externo, de la nave y sus apéndices auxiliares, sino también de los escenarios naturales y artificiales del planeta al que aterriza la nave Covenant: los bosques, la ciudad de los ingenieros, los diferentes habitáculos de la casa que ha ocupado David en la ciudad, etc. Incluso el vestuario está muy bien pensado. ¿Qué ocurre? Que Scott juega muy bien con los escenarios del planeta, pero no le saca partido al espacio escénico de la nave. En “Alien, el octavo pasajero” Scott presentaba al principio cómo era cotidianamente la nave Nostromo, y cuando salía el alien y empezaba a atacar a los tripulantes entonces Scott iba mostrando la nave como un laberinto introduciendo al espectador en ese laberinto para que se sintiera tan atrapado por el alien como los tripulantes de la Nostromo, convertía al espectador en un tripulante más de la Nostromo. Incluso en “Prometheus” Scott jugaba más con el espacio escénico de la nave, le sacaba más partido.
CRÍTICA ALIEN: COVENANT (2017), POR ALBERT GRAELLS
Hay algo en la película que está muy bien, y es que de las parejas que forman la tripulación, parejas sentimentales, hay una que es del mismo sexo, dos hombres. Algo que es no sólo normal, es que además es lógico. Si habiendo negros (o afroamericanos, o morenos, o gente de color, o como se le quiera llamar) y personas de estatura menor (o enanos, o como se le quiera llamar) en la vida real, y por esa razón salen negros (ídem) y personas de estatura menor (ídem) en las películas y series, entonces también deben salir en las películas y series parejas del mismo sexo, porque también las hay en la vida real. Pero hubiera estado mejor que la pareja del mismo sexo no hubiese sido una pareja secundaria sino principal. Por ejemplo, que el personaje de Billy Crudup sea pareja del personaje de James Franco, o que el personaje de Katherine Waterston sea pareja del personaje de Carmen Ejogo. Eso hubiese estado muy bien porque, del mismo modo en que en “Alien, el octavo pasajero” apostaron valientemente para que el héroe principal fuera una mujer, y una mujer valiente, no el típico actionman, que no relegaran el papel de la mujer a simple damisela que debe ser salvada sino que se salva ella misma (recordemos que “Alien, el octavo pasajero” es una película de 1979), hubiera sido también una apuesta valiente, y sobretodo justa y tardía ya en pleno siglo XXI, que en “Alien: Covenant” el héroe principal fuera homosexual, porque todos los héroes principales de todas las superproducciones son heterosexuales y parece que los homosexuales no existan o que sí existen pero no pueden ser héroes ni protagonistas en superproducciones; hombre, pues no es justo. Tampoco es cuestión ahora de ponerse a hacer gays a James Bond o a Han Solo, pero en la gran mayoría de películas, y “Alien: Covenant” es una de ellas, no hay un personaje con personalismo ya heredado y muy destacado sino que hay personajes completamente nuevos, por lo tanto se podría hacer perfectamente que un protagonista fuera homosexual sin que nadie se escandalizase porque rompiera con lo que el personaje era anteriormente.
Las actuaciones están todas muy bien, los actores le echan muchas ganas. Destacan sobretodo Billy Crudup, Kathrine Waterston y Danny McBride, y también un Guy Pearce muy bien maquillado. Ahora, el que más se recuerda es a Michael Fassbender, que está que se sale en su doble papel de David y Walter. Es interesante la relación entre David y Walter en “Alien: Covenant”, son una suerte de Caín y Abel. Se quieren tanto como hermanos hasta llegar a un punto de incestuosidad homoerótica (lo de la flauta es tan sutil que se vuelve descarado), pero al mismo tiempo desconfían mutuamente el uno del otro de forma instintiva, hay una tensión entre ambos por sus simultáneos sentimientos de fraternidad y competitividad.
CRÍTICA ALIEN: COVENANT (2017), POR ALBERT GRAELLS
El personaje de David está muy bien construido, y en éste sentido es muy acertada la escena inicial, cuya función es hacer que el espectador comprenda mejor a David y también anticipar la vital y máxima importancia que tendrá David en el devenir de la historia que sucede en la película. David es una buena ejemplificación de la tesitura nietzschesiana de que Dios ha muerto y ha nacido el superhombre. El Renacimiento fue un primer intento de que el hombre mate a Dios y le sustituya, y no hay muestra más conocida de eso que el David de Miguel Ángel. Según la teoría de Nietzsche el creado es mejor que su creador, se acerca más a la perfección, así que, inevitablemente, el creado, al verse mejor y superior a su creador, termina por matarle y sustituirle convirtiéndose él en otro creador de algo mejor que él mismo, y así sucesivamente. El David de Miguel Ángel es un intento del hombre de convertirse en Dios creando a alguien mejor que él, creando a alguien que se atenga más a sus parámetros de la perfección. Es lo que muestra Scott muy significativamente en la escena inicial de “Alien: Covenant”, David comprende la naturaleza de su existencia y actúa en consecuencia, mata a su creador para poder ocupar su lugar y crear algo mejor que él mismo y que se atenga más a sus parámetros de la perfección. Se convierte en una suerte de Victor Frankenstein (personaje que, en su obra original, era a su vez una suerte de Prometeo, que le arrebató a los dioses el fuego sagrado de la vida, lo que nos enlaza con “Prometheus”).
No todo está bien en la película. “Alien: Covenant” tiene muchas cosas que están muy bien, muchas, pero el guión es un lastre para la película. Qué lástima de guión, en serio. No es que haya lagunas, es que hay embalses enteros grandes como que hay que cruzarlos en lancha motora.
Por ejemplo, no hay presentación de los nuevos personajes. A la película le falta una o dos escenas de presentación de los personajes, incluso me parece que hay esa escena pero que Scott, no se sabe porqué, la eliminó del montaje ¿Pero porque elimina del montaje una escena que es necesaria? Claro, te encuentras con que todos los tripulantes son parejas y tú no te enteras hasta que te lo van diciendo de pareja en pareja en espacios de diez minutos, pero para cuando te lo cuentan a ti ya te da igual porque llevas una hora de película y ya ha muerto uno de cada pareja, casi. Y parece que a los propios personajes también les da igual, porque cuando se les muere su respectiva pareja están en plan “Buah, buah. Se ha muerto mi mujer o mi marido. Qué voy a hacer ahora. Buah, buah”, y a los cinco minutos están como si quien se les hubiese muerto fuese el canario del vecino del quinto primera.
CRÍTICA ALIEN: COVENANT (2017), POR ALBERT GRAELLS
Luego, la tripulación de la Covenant se encuentra con una señal que proviene de un planeta que, según el ordenador de a bordo, es incluso mejor que el planeta que iban a colonizar, vamos, que está para entrar a vivir. Cuando llegan al planeta, vemos que éste está completamente cubierto por una tormenta planetaria que dura meses. ¿En qué quedamos? ¿Eso presentaba mejores condiciones que el planeta que en principio iban a colonizar? ¿Qué mierda de ordenador de a bordo lleva la nave?
Envían una avanzadilla para explorar el planeta y buscar el origen de la señal. Los tripulantes, entre los que se incluye el capitán y un experto en trigo, salen a explorar el planeta como Pedro por su casa, sin trajes de astronauta ni cascos ni hostias. ¿De paso porque no van completamente desnudos y se ponen a follar allí mismo? No sé, puestos a sudar de las medidas de seguridad más básicas pues que lo hagan totalmente sin escrúpulos. Si se sacan la polla para mear no les viene de ahí, y además se ponen a fumar en medio de una zona boscosa, seguro que no hay riesgo de incendiar nada.
Dos de los tripulantes enferman por unas esporas tóxicas parasitarias que les han entrado en el organismo, y a uno de ellos lo llevan a la enfermería de la nave auxiliar, pero no saben qué hacer porque nadie es médico. Tócate los cojones. Una misión colonizadora y ninguno de los tripulantes no sabe hacer ni primeros auxilios. Eso sí, tienen a un experto en trigo, eso que no falte.
El tripulante contagiado de la espora parasitaria empieza a morir porque el alien que le crece dentro le está rompiendo la columna vertebral para salir, y una tripulante, la mujer del personaje de Danny McBride, sella la puerta de la enfermería encerrando con el contagiado a otra tripulante con la excusa de que hay que mantener en cuarentena la enfermería para evitar más contagio, y eso sería creíble si no fuese porque ella está más manchada de sangre del contagiado que la otra. Entonces es absurdo. Que se encierre ella también en la enfermería o que no la selle.
La mujer de Danny McBride vuelve con un arma de fuego y abre la enfermería. Pero vamos a ver ¿Qué lógica tiene encerrar a su compañera cuando aun no ha salido el bicho de la espalda del contagiado, y luego abrir la puerta cuando el bicho ya ha salido y está libre posibilitando que salga de la enfermería y se escape? ¿Si sellas la enfermería por cuarentena, entonces porqué la vuelves a abrir para además entrar? Es absurdo.
CRÍTICA ALIEN: COVENANT (2017), POR ALBERT GRAELLS
Por cierto, mucha tecnología muy avanzada, mucha nave espacial y muchos androides, pero los cristales de las ventanas de la nave espacial son una mierda, las rompe un alienígena del tamaño de un gato. Joder, hasta la ventana de mi habitación resiste eso ¿No lo va a aguantar entonces los cristales de una nave espacial del siglo XXII?
La mujer de Danny McBride se pone a disparar al bicho que se sube por las paredes y, sin querer, le da a una de las células de combustible y toda la nave auxiliar explota que da gusto. Pero vamos a ver ¿En serio las células de combustible no son a prueba de golpes, impactos de bala y disparos? Deberían serlo, precisamente porque son células de combustibles, porque pueden explotar.
El capitán de la tripulación, Billy Crudup, ve como David defiende a un alien teen que le ha arrancado la cabeza a una tripulante y, en vez de pegarle dos tiros en la cabeza, le sigue a un sótano, sin avisar al resto de la tripulación de que David está de parte de los aliens en contra de ellos. Una vez en el sótano, David le enseña al capitán su colección de huevos kinder sorpresa, uno de ellos se abre y el capitán se asoma para ver en el interior y es entonces cuando le ataca el alien que sale del huevo. Es de una subnormalidad inconcebible, es que ni siquiera Forrest Gumb actuaría con tan poco sentido común.
Luego está que el piloto de la Covenant, el personaje interpretado por Danny McBride, quiere bajar la nave hasta por debajo de la tormenta, pero el ordenador de a bordo no deja de insistir en que si la nave se acerca a menos de ochenta kilómetros de la tormenta entonces la nave será destruida por la violencia de la misma tormenta. Bueno, pues al piloto se la suda a pesar de que lleva dos mil colonos y que si se destruye la nave mueren todos. Digo yo que sería buena idea que, antes de contratar a nadie como tripulante en una misión espacial colonizadora, se les hiciera a los aspirantes un examen psicológico, para no mandar a alguien que esté dispuesto a sacrificar la vida de los dos mil colonos por capricho.
CRÍTICA ALIEN: COVENANT (2017), POR ALBERT GRAELLS
Al final la nave Covenant atraviesa la tormenta sin sufrir daños ¿Entonces qué puta mierda decía el ordenador de a bordo? Al final la tormenta no era para tanto, y el ordenador de a bordo diciendo que si se acercaban un poquito la nave quedaría destruida. Primero con lo del planeta, y ahora con la tormenta. Weyland industries debe ser la empresa más barata del mundo. No sé qué presupuestos invierten en las misiones espaciales, pero los cristales de la nave se rompen al primer golpe de nada, las células de combustible explotan al tocarlas, y el ordenador de a bordo acierta menos que una pitonisa de programa de tarot de madrugada. Eso a parte de que contratan como tripulantes a las personas más imbéciles del planeta.
Walter tampoco es mucho más inteligente. Cuando David ataca al personaje de Kathrine Waterston, Walter, en vez de matar a David atacándolo por sorpresa por detrás, coge a David y lo lanza violentamente para apartarlo del personaje de Kathrine Waterston. Pero que cosa más estúpida. Siempre que hay un cyborg o un androide que quiere matar a alguien, en vez de hacerlo coge y lo lanza lejos para volver a por él y lanzarlo otra vez, como si fuese un chucho que se lanza él mismo el palo para volverlo a buscar. Es algo muy gilipollas ¿Porqué lo lanzas? Mátalo y ya.
Walter y David se enfrentan, pero no vemos el desenlace de dicho enfrentamiento, así que cuando vemos a Michael Fassbender subiendo a la nave nos quedamos con la duda de si es Walter o David, duda que se resuelve al final viendo que quien se salvó fue David. Hasta ahí bien. El problema está en cómo se revela que el que se salvó es David, cuando el personaje de Kathrine Waterston lo descubre antes de entrar en estado de invernación. Pero ese momento sobra, porque luego vemos a David sacándose por la boca un par de embriones de alien y guardándolos con los embriones humanos. Claro, si vemos a Michael Fassbender sacándose de la boca embriones de alien y guardándolos bien, eso ya no dice que él es David y no Walter, entonces el momento anterior en que Kathrine Waterston descubre que es David no sólo es innecesario, es que además estropea la sorpresa del momento en que David se saca los embriones de alien por la boca.
En conclusión. “Alien: Covenant” comete el mismo error que “Prometheus” de tener un guión fallido, dónde los personajes actúan con ningún sentido común y hacen lo que hasta ni el más tonto haría. El montaje, además, no es del todo acertado, en el sentido de que la película tiene escenas que le sobran y le falta escenas que necesita. Pero la historia de “Alien: Covenant” es mejor que la de “Prometheus”, todo hay que decirlo. Ridley Scott dirige bastante bien, visualmente se lo trabaja mucho. Los efectos especiales son impecables, la película es muy entretenida... En general “Alien: Covenant” tiene los suficientes aspectos positivos y suficientemente positivos como para compensar ligeramente el fallido guión y el mejorable montaje y acabar resultando en su conjunto una propuesta merecedora de un aprobado bien.
Mi calificación es:CRÍTICA ALIEN: COVENANT (2017), POR ALBERT GRAELLS

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