Revista Sociedad

Crónica de una madre inmigrante

Por Glenny
Crónica de una madre inmigrante
“Se produce una creciente migración de millones de mujeres que abandonan los países pobres y se trasladan a las sociedades más ricas, en las que ejercen de nanas, trabajadoras domésticas y trabajadoras sexuales. En ausencia de corresponsabilidad masculina en las tareas domésticas y familiares por parte de las parejas masculinas, muchas mujeres occidentales tienen éxito en sus carreras profesionales en “un mundo masculino”, a base de traspasar el cuidado de los niños, de las personas ancianas y dependientes y de determinadas tareas del hogar a otras mujeres”.

Hace unos días, dialogaba con una amiga, a la que llamaré Eloisa, sobre los problemas y las vicisitudes que ha vivido en Madrid, ciudad que la acogió hace cerca de cuatro años, cuando vino a trabajar a este país desde República Dominicana con un contrato en el área del servicio doméstico. Pero el destino le jugó una mala pasada.
Pasado el año de residencia legal en España y cumpliendo con todo lo que manda la Ley, se quedó en situación de irregularidad porque figuraba como que no cumplía con los pagos correspondientes a la Seguridad Social, y pese a que presentó los documentos que avalaban que cumplía con la cotización, no se pudo resolver el problema y perdió su residencia.
Han pasado unos dos años desde que Eloisa se quedó sin papeles, desde entonces lo más que le preocupa son sus hijas a las que no ve desde entonces. Cerca de cuatro años sin ver físicamente a sus hijas; sin abrazarlas, besarlas…y lo peor, porque no hay cosa peor para una madre que sentir que sus hijos e hijas no están bien atendidos ni reciben el cariño y el cuidado que le da una madre.
Me decía, como el padre de las niñas no se preocupa mucho por ellas, como una de ella la tiene una vecina; las dos más pequeñas con su abuela paterna y la mayor con otro familiar.
Como otras tantas personas, ha tenido que buscarse la vida de una forma u otra para poder resolver su legalidad en España. Lamentablemente, tomó la decisión que muchas personas piensan que es una salida a su situación de ilegalidad: casarse por negocio con un ciudadano español pagando la suma de 6,000 euros, dinero que le costará mucho trabajo saldar. Me ha dicho que no le ha quedado otra alternativa. Sólo quiere resolver su situación de irregularidad, para poder trabajar como peluquera, oficio que hace sin contrato de trabajo, con el que suele ganarse la vida, y en el que muchas veces es explotada porque trabaja muchas horas y no son respetados sus derechos.
Eloisa dice que inmediatamente ponga huellas para la tarjeta en el mes de diciembre, trabajará hasta más no poder para volver a estar con sus hijasne Santo Domingo,  aunque sabe que será difícilcomo una amiga le decía: “cuando vengas al país y tengas que regresar a España, lo más dcomplicado será volver a dejar a tus hijas, y más por la situación en la que están”. No hay verdad más dura que ésta para una madre.
Aunque esta sea una realidad dura que viven muchas mujeres inmigrantes, no les queda más remedio que seguir hacia adelante y luchar por conseguir una estabilidad en este país. Estos y muchos otros más son algunos de los problemas que arrastramos los inmigrantes y que muchas veces nos cuesta tanto superar.
Honestamente, creo que es un error, aunque para muchas personas contraer matrimonio es su única solución para legalizarse, pero no solo casarse, que creo solo debe realizarse con la persona amada, sino más bien, el dinero que tienen que pagar para llevar a cabo esta acción...un dinero que cuesta mucho conseguir y que agranda la deuda de estas/os migrantes, y que contribuye negativamente a que muchas mafias se sigan beneficiando con estas acciones.

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