Revista Coaching

Cuando la vida no fluye

Por Kheldar @KheldarArainai

Hoy me apetece que hablemos en el blog acerca de los peores tipos de estancamiento. Es un tema que hemos tratado y que vamos a seguir tratando hasta que termine marzo, el mes dedicado al Lado Oscuro de la vida.

En estos meses, mi trabajo se orienta en torno a la Comunidad que hemos creado en este proyecto. Para quienes no estén al tanto, se trata de un círculo privado en el que nos reunimos para tratar temas candentes y duros; de esos que suele costar mucho sacarlos con tus amigos de siempre o con tu familia, pero que necesitas tratar.

De hecho, este es uno de los temas que más relación tienen conmigo y con una parte de mis circunstancias personales. Ya he contado mis atascos hasta donde no invado las historias vitales de otros, tanto en este blog como en el resto de mis redes.

Si quieres cotillear un poco sobre mi pasado y los orígenes del proyecto, lee más.

Si quieres encontrar una posible solución a estos estancamientos, lee más.

Y si no te interesa nada de lo anterior, cierra la página y santas pascuas. 🙂

Quien me conoce un poquito, sabe que yo fui un caso de fracaso y abandono escolar.

Así es, fui un “nini” durante un tiempo. Tal cual te lo cuento.

Por mucho que sepa desde los siete años que tengo 159 de CI, y una gran capacidad para conectar ideas y expresarlas. También sé desde entonces que a veces me cuesta reconocer los dobles sentidos, los sarcasmos y otras cosas que no debería tomarme tan literalmente.

Sucede que, en aquellos instantes, yo no podía hacer otra cosa que estar.

Hasta que decidí dejar de estar.

Con catorce años, empecé a faltar cada vez más a clase. Mitad por falta de ganas, desencanto, rechazo al ambiente y esas cosas; mitad por migrañas y por contraer una sinusitis crónica justo en aquellas circunstancias.

Mis amigos y familiares, y más de un conocido, me decían por entonces que iba a ser el eterno aprendiz pero que jamás sería experto en algo. Que sería un bueno para nada. Que no conseguiría estabilidad ni avances en mi vida…

Y resulta que conseguí esto. ¡Creé La Vida es Fluir!

Un proyecto y una plataforma con los que he desarrollado las competencias que ahora se exigen a los trabajadores, antes de que fuera un requisito.

Un proyecto y una plataforma con los que he entrado en contacto con mis pasiones, mis intereses principales y mi vocación, y encima puedo compartirlos abiertamente.

Claro, que todo esto fue posible porque tenía curiosidades muy persuasivas, y demasiadas ganas de explorar. Si no hubiera sido por eso, podría haberme quedado estancado para siempre. De hecho, durante un tiempo rechacé de plano todo lo que estoy haciendo ahora.

  • El grado universitario en Pedagogía me parecía un sacacuartos innecesario, igual que la mayoría de estudios universitarios (con algunas excepciones).
  • El estar en una oficina me parecía estúpido, pudiendo hacer la misma tarea desde casa. Y descansando y produciendo mejor, para colmo.
  • El ir y venir constantemente de una ciudad a otra en transporte público me parecía un mareo acojonante… Y los precios del abono de transportes, abusivos como poco.

Y no sólo lo rechacé, sino que lo combatí…

Con todas mis fuerzas, y con toda pasión. Cada vez que alguien me sacaba esos temas, me ponía a la defensiva y la conversación se volvía un choque de testas.

Pero todo puede cambiar de sentido radicalmente. De hecho, ahora son los que veían mis decisiones como arriesgadas los que han acabado cayendo en lo que me advertían…

Yo, entre tanto, probé a hacer prácticamente de todo. Cursos de masaje, de electrónica, de hostelería, de terapias naturales… Todo ello, siempre que pude, a través de canales oficiales. Por supuesto, no completé todo lo que intenté hacer por entonces.

Ahí fue cuando me tocó aceptar que hay cosas que no casan bien conmigo…

Y que el mundo no se acaba por eso.

Volví a fluir y comencé a influir y confluir

El fluir de la vida hizo que fuesen cuadrando las circunstancias. Empezó a mejorar mi salud, evolucionaron mis perspectivas y comencé a perfilar mejor mis aspiraciones.

Cuando el tiempo estuvo maduro, comencé a tomarme las cosas de otra manera.

Empecé a pensar en aprovecharme del sistema. En conocer cómo funcionaba todo y en aprovechar su inercia para que me impulsara en la dirección que yo deseaba ir.

Quizás fue por influencia del Aikido y de otras artes marciales del mismo ramo.

Cuando todas las partes de mi vida se alinearon, seguía teniendo mierda que tragar. Había malas circunstancias que afrontar, pero simplemente caminaba y vadeaba todos los obstáculos. Fue cuando comencé a acostumbrarme a lo incierto y a lo inevitable.

Cuando no podía evitar algo, lo usaba de escalera para llegar más alto.

Cuando no podía subir más, no me importaba tener que bajar.

Y así sigo hasta hoy…

Al parecer, mi ejemplo inspira y mi compañía da seguridad. En estos y otros asuntos.

Pero no siempre ha sido así. Como ya mencioné, me movía por el mundo con rechazo absoluto. Y eso, por supuesto, asustaba a mi gente. Algunos, haciendo honor a la verdad, también se preguntaban si sería posible mi propósito.

Hay un momento en tu vida (con suerte uno concreto que te enseña a responder ante los demás que vendrán) que supone la mayor encrucijada que vivirás hasta nueva orden.

Te enfrentaste sin remedio a una circunstancia inevitable, y sobreviviste.

Pero desde entonces, nada es igual. Ni siquiera tú.

¡Y es así como se supone que debe ser!

Que lo aproveches o que lo desperdicies depende únicamente de tus circunstancias personales. En medio de toda la mierda, de todo el dolor, el sufrimiento, el miedo y lo más oscuro del alma y el mundo, hay vida.

Y en la vida, hay belleza esperando a que seas su testigo y la celebres.

Como te contaba no hace mucho, que te estanques o que te impulses tú mismo se debe a las historias que contamos sobre nosotros, tanto para nuestros adentros como al resto.

En este punto de los estancamientos, yo distingo dos tipos de actitudes.

Tiene pinta de que ya hablé de ellas en mi libro Todo, menos marear. Te muestro:

También podemos exponerlas de este modo:

Una es la de quien llega ante algo inevitable y no hace más que recordarse que no fue suficiente, que no fue capaz, que no supo estar a la altura… Y de ahí no le sacas. Y deja de intentar las cosas que le recuerdan a eso, y acaba por dejar de intentar nada.

Probablemente, alguien así volvería a hacer lo mismo si se repite la situación. Ya no sólo porque no lo ha superado, sino porque se ha visto anulado y dominado por ello.

Otra es la de quien puede tener una conciencia distinta de un hecho semejante. Tal vez despierte su atención el no poder evitar lo que sucedió, pero precisamente por eso es por lo que saltó de un carril a otro, y fue probando hasta encontrar lo que le servía.

Todo eso, claro está, sin perder el ánimo. No se machaca psicológicamente pensando que tendría que haberlo hecho distinto, que pudo hacer más y mejor, que debió hacer otra cosa, o incluso que no debió exponerse ni hacer nada.

Siempre habrá dolor, miedo, rabia, odio, incomprensión, duda, incertidumbre, asco…

Y siempre habrá humanidad en todo lo que encuentres. Algo que podrá facilitarte claridad y aceptación incondicional. Que hará que no te autoabandones ni te machaques.

Algo que puede resolver tus problemas, pero escondido a simple vista.

Yo hallé mi solución en clarificar y perseguir mis pasiones…

Pero hoy me interesa más conocer la tuya, si ya la has encontrado.

Y si no fue así, te propongo que te la imagines y me la envíes. No hay respuestas incorrectas, porque tú sabes lo que estás viviendo y cómo te gustaría afrontarlo. Quienes opinemos al respecto, lo haremos únicamente para aportarte puntos de vista que te ayuden a construir la mejor opción a tu altura.

¿Te apetece contármela? ¿Te gustaría que te contesten desde la Comunidad, si lo haces?

Házmelo saber en los comentarios.

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Sergio Melich (Kheldar)Autor: Sergio Melich (Kheldar)
Pedagogo al 90% y subiendo. Comunicador y mentor por vocación (y pronto, más cositas). Autor de las webs La Vida es Fluir & Play it Sexy!, Aventurero y Heartist (persona comprometida a vivir, crear y obrar con cabeza, corazón y conciencia). Escribo sobre el Buen Vivir: autoaprendizaje, estilo de vida, habilidades sociales, relaciones y más.

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