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Cuentos para niños: La última travesura

Por Asfuentes

Cuentos para niños: La última travesura

Mario es un niño de unos 12 años al que le encantaba hacer trastadas.  Le encantaban hasta que realizó la que fue su última travesura.

Estaban a punto de coger las vacaciones de Semana Santa y Mario seguía con sus travesuras, a pesar de que sus profesores y familiares le aconsejaban que por ese camino solo conseguiría dar un disgusto a alguien. Le ponía chinchetas en las sillas de sus compañeros, les escondía sus almuerzos en lugares insospechados  y hasta fue capaz de meter un saltamontes en  el cajón de una profesora.

Pero Mario ya estaba aburrido de gastar las mismas bromas y pensó en cambiar, en hacer algo más llamativo, para hacer que todos sus compañeros le temieran aún más de lo que ya lo hacían pues, como podéis imaginar, era el terror del colegio al que asistía.

Cuentos para niños: La última travesura

Preparó con mucho cuidado el escenario de la que sería su broma, y eligió la clase y el momento. Días atrás, su profesora de Conocimiento les había comunicado que, en la próxima clase irían al laboratorio para empezar a hacer sus primeras reacciones químicas.

Ese, pensó Mario, sería un buen lugar para hacer su travesura. En el laboratorio, mientras sus compañeros  hacían las mezclas, el aprovecharía el momento para lanzar una bomba fétida y  culpar al primero que estuviese junto a él. Lo pensó y lo hizo, tiró la bomba fétida en el momento que la profesora explicaba lo que debían hacer. De repente, un aire irrespirable se apoderaba de la clase y entre todo el barullo, uno de los alumnos, ajeno a todo el escándalo y sin haberse enterado de la explicación de la maestra, comenzó a mezclar lo que tenía a su alrededor.

Al ver la reacción que hacía todo lo que había mezclado,  se asustó y comenzó a gritar. La maestra, al fin y oyendo los gritos del alumno, consiguió poner calma, aunque esta duró por poco tiempo.

El frasco de cristal donde se realizaba la reacción cambiaba de colores y echaba humo a una velocidad impresionante. Mario, al ver como reaccionaba aquello pensó que su inocente broma, en principio, iba a tener un precio muy alto. Tenía la sensación de que todo aquello podría explotar.

Debido a la mezcla del “aroma “ de la bomba fétida de Mario y la reacción química que había producido el otro alumno, rápidamente tuvieron que evacuar el laboratorio y las clases colindantes, pues corrían el peligro de asfixiarse por el humo producido que invadía el espacio a pasos agigantados.

Una vez puestos a salvo y después de recuperarse del susto, Mario prometió que desde ese día  dejaría de hacer tantas bromas pesadas y travesuras. Le costaría, pero el verse a punto de morir asfixiado por el caos provocado, le había hecho cambiar de opinión.

Por Rosario Requena Correoso

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