Revista Literatura

Cultura, esa palabra

Por Salvaguti
CULTURA, ESA PALABRA
A este paso, todos los que nos dedicamos a esa cosa de las letras, de los cuadros, de las películas, ya saben ustedes de lo que les hablo, esos que hacemos cosas para entretener a la gente, con novelas, poemas, conciertos o edificios, acabaremos siendo una especie en extinción y como los últimos bisontes europeos acabaremos en un refugio. Por un módico precio, y hasta puede que gratis, ya puestos, se nos podrá contemplar, que no admirar, feos y deformados de puro aburrimiento, contagiados de rutina e ignorancia, desde la distancia, a través de un grueso cristal. Aislados, que no protegidos, no confundamos los términos. Vaya que nos reproduzcamos o, peor aún, que contagiemos al resto de la sociedad, con lo que ha costado domesticarla y encauzarla por el buen camino. Hasta puede que acabemos como los bisontes de la reserva valenciana de Valdeserrillas, envenenados y decapitados. Llevado al extremo el infalible método de Walking Dead para impedir la propagación de la pandemia zombi. Las palabras de Lorca, reivindicando pan y libros en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros, se difuminaron en la sibilina sonrisa de Wert, antes de perderse en asuntos de Estado en su prejubilación parisina de alto standing. En la capital francesa, entre cruasanes y queso azul, entre paseos por Montmartre y largas lecturas de Le Monde, disfruta de esa cosa que hacemos los que escribimos libros, o filmamos películas o pintamos cuadros, porque allí, a pesar de haber tenido y padecido una crisis económica similar, con su paro y sus impuestos, la palabra Cultura sigue existiendo. Aquí, en España, ya no. Tras dejarla sin presupuesto, primero, a continuación procedieron a vaciarla de significado. ¿A quién le interesa? Termina la faena ese ministro de la cosa con sonoridad y estética aristocrática, que por algo es el noveno Barón de Claret, llamado Méndez de Vigo, que junto al inefable Montoro, emperador primero del asutericidio en primer grado, ejecutando la demolición de la cosa, con soltura y eficiencia, mientras el confeti se desparrama en la entrada de la Audiencia Nacional. Y es que compraron tantos y tantos kilos, Mato y su ex, el señor del Jaguar, que aún siguen alfombrando de confeti por donde pasan. Una primera estimación señala que los señores, personajes, damas y maleantes implicados en la conocida trama Gürtel se embolsaron más de mil millones de dinero público. Así, grosso modo, que ahí no está contabilizada la chatarrilla, los dame veinte mil euros por una campañita a cambio de una licencia y los prepara un seis por ciento si te quieres quedar con esa obra, no, hablamos de las grandes cifras. Retomo a Lorca, ese poeta que sigue mal enterrad... sigue leyendo en El Día de Córdoba

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