Revista Política

De momento, cambio de lenguaje

Publicado el 03 enero 2012 por Basseta
De momento, cambio de lenguaje El nuevo gobierno se ha puesto a trabajar y es pronto para juzgar todas y cada una de sus propuestas. Se les debe de conceder ese plazo de 100 días que se concede a todo gobernante que llega a un cargo. Sin embargo, no dejan de ser llamativos los giros lingüisticos que empiezan a utilizar algunos de sus miembros más destacados.
Para empezar con Ana Mato, alguien ha notado que la nueva ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, ha vuelto a describir el Sistema Nacional de Salud sin los tradicionales adjetivos de "público" y "gratuito", como ya ocurriera en su jura del cargo. Ahora, en la toma de posesión de altos cargos de su departamento, ha desgranado los principios que defenderá: "Universalidad, equidad, calidad y excelencia". La manera de denominar la Sanidad no va a solucionar nada, lo importante son los hechos hechos. Pero para mí, la nomenclatura tiene relevancia si lo que quiere decir la Ministra es que habrá sanidad para todos (universalidad y equidad), pero tenemos que poner dinero de nuestro bolsillo (calidad y excelencia), pues eso cambia mucho las cosas.
Esta misma Ministra saltó a los medios de comunicación cuando, a los pocos días de tomar posesión, utilizó el término "violencia en el entorno familiar" en lugar de "violencia de género", usado por la ONU desde la cumbre de Pekín en 1995 y que consagró nuestra ley integral de 2004 pese a las reticencias de la Real Academia Española, que sigue sin incluir esta acepción. Y es que no son sinónimos. Por ejemplo, la frase que usa la Ministra no sirve para proteger a las mujeres jóvenes o a las maduras separadas.
No menos astuto es el nuevo Ministro de Economía, De Guindos, que prefiere utilizar el término "crecimiento negativo" al de recesión. Algunos interpretaron que era el primer paso para justificar próximos recortes. Está claro que los políticos deben intentar encontrar el término medio en sus declaraciones, pues si se es excesivamente pesimista, al mostrar un escenario catastrófico, la gente deja de consumir por miedo. Y si se ex muy optimista, se dan esperanzas a la gente y se ponen a gastar a manos llenas.
De momento, cambio de lenguaje En el trasfondo de todo esto subyace una pregunta: ¿están los ciudadanos en general preparados para conocer la verdad? ¿es mejor político el que dice la verdad o el que la enmascara en falsas promesas? puestos a votar a un candidato ¿se vota al que dice la verdad? yo creo que no. Creo que hay mucha gente que prefiere vivir en su mundo, ajeno a la realidad, ensimismado en sus propios quehaceres, que tiene al político para que le resuelva sus problemas y punto, aunque le engañe.

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