Revista Viajes

De viaje por San Rafael del Rio, Castellón y su aceite de oliva

Por Inshalatravel @inshalablog

Me dirigí de viaje por la provincia de Castellón, a mi refugio favorito en busca de la manera de desconectar de la ciudad y evitar un largo desplazamiento para pocos días.

En un pueblecito situado en el límite norte de la región, colindante con Tarragona, llamado San Rafael del Río vive un buen amigo, autóctono de la zona. ¿Y os preguntaréis: ¿de qué río? Pues, el rio Sénia, encargado de separar las provincias de Castellón y Tarragona.
Suele estar seco la mayoría del año y sólo baja con agua muy de tanto en tanto, como en el pasado mes de marzo cuando aparece una tormenta de Levante y cae tanta agua que hace que sea necesario abrir las compuertas del pantano de Ulldecona, que es el encargado de darle vida al rio. El pantano está situado en la Tinença de Benifassà, en plena montaña y justo apenas a unos 12 km del pueblo.
Durante unos días, el rio baja con todo su esplendor y los pueblos limítrofes salen a recibir este preciado bien para la vida que es el agua.

Pocas veces al año (y en ocasiones pasan años si hay sequía) se puede apreciar como sube el caudal del río Sénia cada hora hasta que la tormenta amaina y todo vuelve a la calma. El resto del año se guarda el agua como oro en paño, para regar en verano y abastecer las balsas de las diferentes comunidades de regantes y las de los agricultores.

Y es que esta zona, además de tener la montaña a un tiro de piedra, goza del mar Mediterráneo a menos de 20km. ¿Ya vais entendiendo porque la considero mi vía de escape verdad?

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Todos relacionamos el Mediterráneo con campos frutales, principalmente naranjas y mandarinas pero además tiene muchísimas hectáreas de olivos y una importantísima producción de aceite de oliva.

Yo me quedo siempre en casa de mi amigo Diego. Tiene varias fincas de olivares y produce un aceite de oliva virgen extra riquísimo, un coupage de las variedades arbequina y picual.

Las características climáticas de la zona, su tierra, el sol y como no, el mediterráneo, hacen que estas dos variedades exportadas de fuera de su zona se adapten a la perfección y le den ese toque tan especial, exclusivo y único a su aceite de oliva virgen extra.

Con Diego he ido descubriendo un mundo desconocido para mí y apreciando las cualidades y sus múltiples usos, no sólo el culinario. De hecho, su cuñado toma cada día una cucharada sopera de aceite de oliva en ayunas, pues sirve para proteger el estómago. Y una amiga lo utiliza como loción para después de depilarse, pues le deja la piel muy suave. También elabora sus propias mascarillas, con aceite de oliva, para el pelo y jabón para lavar la ropa.

Sus familia obtiene este preciado oro líquido desde hace varias generaciones. De hecho, tenían junto a su casa un molino propio. Hace unas décadas, en San Rafael del Rio, casi cada familia tenía su propia almazara y llegó a haber, en un pueblo que solo tenía 800 habitantes, aproximadamente 20 almazaras que rendían a plena producción. Fue en la época en la que se independizaron del pueblo de al lado, Traiguera, en 1927. Ahora se ha reducido la población, algo más de 500 habitantes, y son muchos menos los molinos en la zona pero más grandes y colectivos.

Diego trabaja los olivares durante todo el año: poda los árboles, los protege de las posibles plagas, se preocupa de que siempre tengan agua, y si mirando al cielo no llega el agua de lluvia, utiliza el sistema de regadío. Los trata con mucho mimo para conseguir que la naturaleza se lo agradezca con el mejor aceite de oliva virgen extra. Este año, Diego ha tenido una producción impresionante, más de 100.000 kilos de aceitunas. La producción varía mucho de unos años a otros, el año pasado los olivares se tomaron un respiro y solo produjeron 8000 kilos. Y es que, en la producción del aceite de oliva, influyen muchos factores.

Tuve la suerte de participar en gran parte del proceso de recolección y transformación de la oliva en aceite. Diego lleva a cabo La recogida de las olivas con el llamado "paraguas", que es una máquina que recubre el árbol a modo de paraguas (dando la vuelta) y que hace que las olivas caigan en él sin tocar el suelo y sin pincharlas. Así se evita la oxidación de la oliva y que el futuro aceite pierda parte de sus propiedades. Quiere hacer bien su trabajo para conseguir el mejor resultado. Diego, en su día a día, intenta mejorar y perfeccionar su técnica para producir lo mejor de lo mejor. Os pongo un ejemplo: en plena campaña de recogida de la aceituna (de noviembre a enero) recoge las aceitunas directamente del árbol y no pasa ni medio día hasta que la producción está en la almazara para extraer el mejor aceite de oliva virgen extra. Me explica que, cuanto antes se lleve al molino la oliva, mantendrá mejor todas sus propiedades y no sufrirá ninguna alteración.

El día que le acompañé al molino a ver el final del proceso y la transformación de la oliva en aceite, nos levantamos muy pronto, todavía de noche. Diego quería llegar el primero para que sus aceitunas pasaran por las rampas perfectamente limpias y así evitar el contacto con los restos de aceitunas molidas anteriormente. Así el agua para limpiarlas es limpia, lo que sumado a unas olivas en perfecto estado, consigue que el aceite salga puro, sin mezcla alguna con restos de partidas anteriores y, seguramente, de peor calidad. En mi ignorancia, sonrío ante tanta perfección, pero en el fondo sé que lo bien hecho, luego mejor sabe.

El olor del molino, a aceituna prensada, es un olor especial, muy agradable, que muestra los aromas del campo, de la naturaleza, de lo rural, de lo auténtico.

Para que el aceite se considere virgen extra ha que tener una graduación de 0,8 o menor. El de mi amigo tiene 0,2. Una graduación fantástica. El dueño del molino afirma que pocas veces ven una graduación tan buena. Así que, mi amigo se queda tranquilo y satisfecho por haber hecho un buen trabajo.

A los pocos días se envasa el aceite en los distintos formatos que comercializan. Hace unos años vendía casi toda la producción al propio molino (exceptuando lo que se quedaba para consumo propio) y el propio molino lo comercializaba, llevándose la mayor parte del beneficio. El beneficio que se lleva el agricultor es irrisorio y al final no se valora la calidad del producto ni en muchos casos se cubren gastos (si inviertes para hacer las cosas bien). Esto animó a mi amigo a crear su propia marca de aceite de oliva virgen extra. Se llama "Mas de Cameu" (Twitter: @AceiteMasCameu). Así es como se llama su finca principal, su casa al fin y al cabo.
En breve tendrá una segunda marca para envases de cristal, será el Dos Noventa y Dos. Su principal objetivo: un producto de gran calidad que llegue directamente al consumidor final.

Camino de vuelta, detengo el coche, abro el maletero y saco mi "Mas de Cameu" para disfrutar de una rebanada de pan con aceite de oliva virgen extra mientras revivo imágenes, olores y sabores dentro de mí. Me voy de San Rafael del Rio con alegría. He conocido un producto creado por alguien que ama lo que hace y sé más sobre el oro verde que está en todas las casas, pero que sigue siendo desconocido para los consumidores.

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