Revista Jurídico

¿Debemos obedecer leyes injustas?

Por Basseta
Como dije hace unos días, la pregunta que sirve de título a esta entrada encierra uno de los dilemas más discutidos en la historia de la humanidad, o quizás, en la historia del pensamiento filosófico. Responder a esta pregunta, también hoy en día, constituye un reto, y la posición que se adopte influirá decisivamente en la postura que se pueda adoptar frente a los "asuntos difíciles" (desde el aborto hasta la eutanasia, pasando por la guerra o la discriminación inversa).
Quizás algún lector se preguntará ¿pueden existir leyes injustas? o más concretamente ¿derecho y justicia son cosas diferentes? Ruego que nadie se apresure a responder, porque la cosa no es ni fácil ni simple. A primera vista puede parecer que el "derecho" es una creación humana (con sus virtudes y sus defectos, como todo lo que hacen los hombres), mientras que al hablar de "justicia" parece que estamos apelando a un concepto superior, más trascendente, más difícil de definir (parece existir cierto consenso en definir que "justicia es dar a cada uno lo suyo", es decir, algo próximo al concepto de "equidad").
Pero las opiniones están lejos de ser unánimes. Existió una corriente, que sigue teniendo sus adeptos, que defendía la existencia de un enlace entre "justicia" y "divinidad", de forma que "lo justo" sólo es aquello que no contraviene la "ley natural". Con este argumento, muchos políticos y falsos filósofos se permiten el lujo de objetar en conciencia todo aquello que, a su entender, es antinatural (por ejemplo, el aborto o la eutanasia; curiosamente, no son tan rigurosos en temas como la guerra o la pena de muerte). Un ejemplo de este planteamiento lo encontrados en un diálogo entre Marco y Quinto que Cicerón exponía en su obra "Las Leyes":
MARCO. Me parece entonces que, en opinión de los sabios más eminentes, la Ley no es el producto de la inteligencia humana ni de la voluntad popular, sino algo eterno que rige el universo por medio de sabios mandatos y sabias prohibiciones. [...] la Ley verdadera y esencial, la que manda y prohíbe legítimamente, es la recta razón del sumo Júpiter.
QUINTO. Pienso como tú, hermano mío, que lo recto y verdadero es también eterno, y que no nace ni muere con la letra de las decisiones legales.
Ya adelanto que, en mi opinión, esta línea de pensamiento ha llevado y lleva hoy en día a asimilar peligrosamente "derecho" y "religión", es decir, "leyes" y "catecismo" (o Corán). Esta peligrosa asimilación está en la base de las doctrinas más fundamentalistas, las defienda Bin Laden o Rouco Varela.
Para la corriente opuesta, resulta que únicamente es "justo" lo que es "legal" y, por lo tanto, no cabe la desobediencia o la objeción de conciencia ante una determinada ley, por muy antinatural que pueda parecer su contenido. Para los defensores del positivismo jurídico, hay que distinguir dos ordenes sociales diferentes: "derecho" y "moral", y las normas emanadas del poder legislativo garantizan la seguridad jurídica (y, por consiguiente, la previsibilidad de la decisión jurídica). Veamos como respondía Kant a Hobbes:
Pero si una ley pública es legítima y, por consiguiente, irreprochable (irreprensible) desde el punto de vista del derecho, están también ligadas a ella la facultad de coaccionar y, por el otro lado, la prohibición de oponerse a la voluntad del legislador, incluso aunque no sea de obra; es decir: el poder que en el Estado de efectividad a la ley no admite resistencia (es irresistible), y no hay comunidad jurídicamente constituida sin tal poder, sin un poder que eche por tierra toda resistencia interior, pues ésta acontecería conforme a una máxima que, universalizada, destruiría toda constitución civil, aniquilando el único estado en que los hombres pueden poseer derechos en general.
Esta última postura es la que más se parece a la defendida por Sara Yousfi, la estudiante de 1º de Bachiller del IES La Foia, en su trabajo "Anámnesis", que quedó clasificada en tercer lugar en la II Olimpíada de Filosofía. Ella lo resumía así:
En síntesis, opino que no se debe hacer caso omiso de las leyes, ya que sin ellas toda nuestra sociedad estaría sumida en un paisaje neblinoso y andaríamos a tientas. Sí, debemos obedecer leyes injustas para no poner en peligro nuestra seguridad, pero los tiempos cambian y las leyes han de ajustarse a las necesidades que se cree que tiene cada sociedad.
Aunque pueda parece extraño, los filósofos de hoy en día siguen debatiendo sobre esta cuestión, como lo hace, por ejemplo, el catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Alicante D. Manuel Atienza, del que ya he hablado en alguna ocasión en este blog, encargado precisamente de clausurar la II Olimpíada de Filosofía a la que me referido arriba. Su postura, a la que me uno como buen discípulo suyo, queda expuesta así:  podemos y debemos desobedecer las leyes injustas, pues "la salud de la democracia depende de esto, y no quiero decir que de cualquier manera, sino con formas pacíficas". Atienza asegura que la desobediencia siempre ha jugado un papel importante en la sociedad (recuerdo alguno de sus artículos respecto a la absolución de los insumisos) y "en estos momentos, en los que parece que la sociedad está adormecida, está bien crear conciencia social". Ahora bien, recomendando a los jóvenes que sean menos obedientes, pero con argumentos. Ya lo dejó escrito J. Rawls:
Como la desobediencia civil es un tipo de alocución que tiene lugar en el foro público, ha de tenerse cierto cuidado de que esto sea claramente entendido. Por tanto, el ejercicio del derecho a la desobediencia civil, como cualquier otro derecho, ha de ser racionalmente proyectado para conseguir nuestros fines o los de quienes deseamos proteger.
Hay que ser cuidadosos a la hora de interpretar estos conceptos. Cualquier persona podría arrogarse la facultad de desobedecer una determinada ley con la excusa de considerarla injusta desde su escala de valores, desde su interés personal o, simplemente, desde su capricho. En artículo muy reciente publicado en Información, el profesor Atienza ponía ejemplos muy claros de leyes injustas cuya desobediencia estuvo bien justificada y sirvió, además, para cambiar la historia. Estoy hablando de la desobediencia a las leyes de exclusión racial en EE.UU. durante los años 40 y 50, o la postura de los insumisos que se negaron a realizar el servicio militar obligatorio en España durante los años 70 y 80.

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LOS COMENTARIOS (2)

Por  esdraselius
publicado el 11 diciembre a las 00:19
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esto es algo que publique ace poquito: el barril baja su precio y la gasolina sigue subiendo, esta claro que no somos los responsables de la crisis pero aun así nos la hacen pagar a los ciudadanos, si es que somos unos inútiles que no hacemos nada al respecto. yo creo que nos lo merecemos por dejar que nos guíen como cabras de pasto y borregos. y dejar que nos arruinen y nos roben nuestros derechos como ciudadanos. QUE EN NADA NO PODREMOS NI FUMAR EN LOS BARES!!! si es que ni el mismísimo adolf nos hubiera impuesto una abominación semejante que nos obliga ya seamos fumadores o no a acatar sus ordenes sin rechistar.

y después prohibiran los insultos y pondrán multas por ellos, Y EN DOS DIAS TE OBLIGARAN A SACARTE UN CARNET POR PUNTOS PARA LA BICI Y LOS PATINES DE LINEA. y nos pondrán el chip localizador en la piel a aquellos que no lleven los moviles encendidos las 24 horas del día. XDDDDD.

señores mios si el cancer lo producen las centrales... esta mas que demostrado pero se empeñan en culpar al tabaco. y los moviles también emiten radiación pero no los prohiben ya que así nos pueden controlar y saber todo lo que hacemos y decimos.

Por  lili
publicado el 28 abril a las 19:07
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no pues m da mucha flojera leeeer jejeje bye

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