Revista Opinión

Del esperpento al totalitarismo

Publicado el 15 mayo 2014 por Javierm

Pues si. Al final he tenido que sacudir las telarañas del blog, darle con el desfibrilador y resucitarlo.

La culpa es de esta noticia. “Detenido un joven por expresar en Twitter “su conformidad” con el asesinato de Carrasco”. Al principio me ha parecido un esperpento que las fuerzas de seguridad del estado,comandadas por el Monasterio del Interior, se dedique a perseguir tamañas gilipolleces en las redes sociales y le he dado la importancia justa.

De hecho, no es la primera vez que se detiene a personas que en las redes sociales han desbarrado, pero después de la “Operación araña” de la semana pasada, uno ha empezado a pensar seriamente en la posibilidad de que, viendo los ejemplos que muestran en vídeo los ciberswat de la guardia civil, lo mejor es empezar a hacer delete en mi TL y ponerme a silbar mirando a Cuenca.

Porque si. Lo confieso. Yo he deseado la muerte de más de un político. Hubo una época que de hecho deseaba que el ébola pillara a Bush con los calzones bajados y se lo llevara por delante. Me he acordado de la madre de alguno como Aznar unas cien mil veces. Y ni te cuento los insultos que pude soltar en aquel agosto de 2010 donde ZP traicionó a su partido, a los que le votaron y a millones de trabajadores con su famoso 135. Esto por poner algunos ejemplos.

Y si, algunas veces flojeo y deseo que algún hijo de puta muera.

Es más, hace muy pocos días me dije a mi mismo que si alguien le pegaba dos tiros, tres granadas y dos misiles aire tierra al líder de Boko Haram, yo no iba a poner el grito en el cielo, haciendo por un momento un alto en mi oposición a los asesinatos extrajudiciales a los que es tan adicto el criminal que habita en la casa blanca. (Uysss. He llamado criminal a Obama. Acabo en Guantánamo fijo).

Les ahorro enlaces a mi Time Line de mi Twitter, pero lo cierto es que he bromeado (o a veces no tanto) con la necesidad de khalasnikov y soy cada día más partidario de acabar con algunas tonterías que lanzan algunas miserables de la CEOE apelando a la guillotina.

Se que todas estas cosas no me hacen ni mejor ni peor persona. Algunos, sobre todos los aludidos, pensarán de mi que soy mala persona, un cenutrio de tomo y lomo e incluso un ser miserable. Y a sus ojos tal vez sea así. Lo que se es que no he cometido delito alguno por escribir esas tonterías. Ni yo, ni la mayoría de esos twitteros a los que la policía detiene de forma arbitraria y desproporcionada.

Y también se que cuando se cruza esa línea del esperpento y se pone el foco en criminalizar a las redes de la manera que se está haciendo es simple y llanamente porque el poder político y económico las teme. Porque teme lo que no controla. Porque este gobierno se ha afanado en controlar los medios de comunicación social poniéndolos en su órbita para acabar con las críticas, cambiando directores, torciendo líneas editoriales. Pero las redes sociales son un espacio al que temen.

Criminalizarlas y empezar a elucubrar como controlarlas es solo el primer paso. Este gobierno ya ha pasado del esperpento al totalitarismo.

Hala. Y ahora me meto a ver a Heidi y al Abuelo en un psuedodebate tipo dúo pimpinela que es un #PuroTeatro


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