Revista Opinión

Desde Ayamonte hasta Faro

Publicado el 20 agosto 2020 por Manuelsegura @manuelsegura

Desde Ayamonte hasta Faro

A finales de este año se cumplirán dos décadas de la muerte de Carlos Cano, ese juglar granaíno de la copla al que siempre deberemos que esta no se extinguiera. Carlos murió joven, a los 54 años, en su ciudad, de un problema cardiovascular del que tiempo atrás lo habían intentado recuperar en el prestigioso centro médico Monte Sinaí; de aquí que con su sorna habitual dijera en ocasiones que había vuelto a nacer “en Nueva York, provincia de Granada”.

Carlos Cano dejó un inmenso legado en forma de canciones. Era de lo más versátil componiendo, hasta el punto de ser capaz de enfrentarse con solvencia a una rumba, un pasodoble, un tango, una nana o una murga. El proceso de concebir una canción desde su origen puede resultar fascinante. En 1986 escribió uno de sus mayores éxitos, a modo de fado, ‘María la portuguesa’, tras tener conocimiento de un trágico acontecimiento acaecido en la Navidad del año anterior en Portugal, suceso que tuvo amplio eco en la prensa española. En vísperas del día de Reyes, el pescador Juan Flores fue sorprendido atravesando el Guadiana, entre la localidad portuguesa de Castro Marim y la onubense de Ayamonte, por la guarda costera lusa. Transportaba cuatro cajas de cigalas de contrabando para venderlas en Huelva y sacarse así un dinero con el que comprar, para esa noche tan especial, regalos a sus dos hijas. Un agente le disparó mortalmente. Trasladaron su cuerpo a una morgue. La familia estaba en Ayamonte y no podía trasladarse hasta el día siguiente. Esa noche, una misteriosa mujer enlutada permaneció junto al cadáver, sin separarse de él. En principio, nadie sabía quién era ni porqué estaba allí. Dijo llamarse María. Cuando varios días después repatriaron el cuerpo de Flores, a ella le impidieron los familiares subir al barco. Sin embargo, cuando el transbordador llegó al pueblo, estaba esperándolo al otro lado.

En 2016, el periodista David López Frías buceó en esta historia. Quiso saber más de aquella misteriosa mujer y a fe que lo consiguió. Es lo que tiene el periodismo cuando se ejerce con la solemnidad que precisa el oficio. Averiguó que la tal María se llamaba Aurora, que era española y no portuguesa, que había sido prostituta, que cuando dejó de ejercer se dedicó al contrabando, que acabó siendo presa del síndrome de Diógenes y que murió en una residencia geriátrica en 2011 a los 87 años.

Cuando la compuso, Carlos Cano reconoció a un amigo que esta canción le iba a provocar intensos dolores de cabeza. Nunca se aclaró suficientemente qué relación mantenía aquella mujer, de más de 60 años entonces, con el pescador Juan Flores, que solo tenía 35 y estaba casado. La habladuría popular se encargó de engordar una historia que dio pasto a la prensa. María la portuguesa o Aurora Murta Gonzaga -que ese era su verdadero nombre- vivió una vida intensa, con episodios novelescos. Fue amante del primer torero de raza negra de la historia, el mozambiqueño Ricardo Chibanga, y en 1959 llegó a estar invitada a una fiesta navideña, en el palacio de Buckingham, por la mismísima reina de Inglaterra, invitación que declinó con su gracejo andaluz porque eran “muchas horas de barco para una fiesta”

Solo la destreza de Carlos Cano podía rescatar aquella historia para transformarla en canción. Emigrante en sus años mozos, trabajó fabricando farolillos para ataúdes, en la imprenta de un periódico o en el muelle del puerto de Rotterdam. También ejerció de peón albañil en Barcelona. Se reconoció anarquista en algunas cosas y conservador en otras, pero siempre revolucionario y solidario. En sus comienzos, en los ambientes granadinos se le denominaba ‘el que canta bajito’. Ya curtido, confesó al loco Jesús Quintero, en una de sus últimas entrevistas, que Andalucía necesitaba una pasada, “no por la izquierda -aclaró- sino por la malafollá”. Para él, el sur era una forma de sentir, quizá lo olvidado. Aprendió muy de joven a decir que no. Se las tuvo tiesas con los socialistas, por ejemplo, en el referéndum de la OTAN. No es de extrañar que esperaran a 2001 para hacerlo hijo predilecto de Andalucía, a título póstumo.

[‘La Verdad’ de Murcia. 20-8-2020]


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