Revista América Latina

Desde España, José A. Medina: España: la dictadura venezolana

Publicado el 14 marzo 2015 por Joseantoniomedina1234

columnista103Los medios de comunicación españoles hablan tanto de la Venezuela de Maduro que no queda más remedio en pensar que se le tiene miedo, se le odia o se le quiere quitar del medio.

Lo que más inquieta a quienes tienen una idea, más acertada o no, sobre la realidad venezolana, es leer y escuchar a conocidos especialistas y periodistas de la prensa escrita, tv y radio españoles, hablar de la dictadura venezolana al mismo tiempo que se reproduce en la pantalla del canal español Telecinco, la entrevista al editor del periódico privado venezolano, El Nacional, Miguel Enrique Otero, hablando del régimen autoritario de Maduro y la falta de libertad de expresión en el país caribeño.

Hay que preguntarse, como así lo señala el semanario privado venezolano, Las Verdades de Miguel (LVM), si esto mismo lo hubiese podido decir en el Chile de Pinochet, añadiendo nosotros, o en la España de Franco.

Las declaraciones de Otero no se sostienen porque (siguiendo a LVM 518) él mismo ha sido reiteradamente considerado como un desestabilizador por verse involucrado en el enjuiciamiento de Carlos Andrés Pérez y en el golpe contra Chávez en 2002.

Con todas las limitaciones que se impongan al uso de la palabra en Venezuela, se hace necesario recordar, en favor del sentido crítico, que el 30 de diciembre de 2014 Maduro dio una rueda de prensa delante de 33 medios de comunicación nacionales e internacionales, en ese momento preguntaron: Reuters, Prensa Latina, Unión Radio/ Globovisión, Hoy Venezuela y Venevisión. En julio, 6 meses antes, dio otra rueda de prensa a medios nacionales e internacionales donde asistieron: Unión Radio, Telesur, Efe, Venezolana de Televisión y la agencia china Xinhua. En marzo de 2014 hizo otra comparecencia ante la prensa nacional e internacional.

Valga cualquier análisis, pero alguien no dice toda la verdad o manipula y orquesta un escenario de desestabilización sobre Venezuela, hay tantos ejemplos a los que acudir que no hace falta dar otra prueba aunque sí cuestionarse por qué no se realiza tal presión sobre países como Azerbaiyán, Arabia Saudí, Guinea Ecuatorial o Qatar.

Por de pronto los venezolanos pro-Maduro que viven en Venezuela deberían de olvidarse de Podemos, a menos que en las esferas decisorias gubernamentales y económicas del país del petróleo, se esté planificando el aterrizaje de Iglesias al poder español bajo la retirada transitoria de la simpatía mutua. No parece verosímil, pero Julio Verne llegó más lejos.

El ruido que causa Venezuela en el reino hispano está haciendo ineludible pensar en la existencia de una trama para tumbar de manera blanda al sucesor de Chávez o en un autogolpe para mantener el poder bolivariano. Otros han comenzado a recordar el desabastecimiento y las colas para comprar alimentos y que terminaron derribando a Salvador Allende.

En todo caso nadie debe creer en lo del golpe blando; no existen maneras blandas de deshonrar al enemigo cuando se habla de echarle, si se da un golpe se da con la fuerza que se tiene; el que se tenga más o menos potencia al momento de dar el golpe no supone de manera alguna que ello deje de ser un golpe y que la intención sea sólo la de asustar.

Deberíamos cuestionarnos, los de a pie, por qué los periodistas y tertulianos españoles que dicen que en Venezuela no hay libertad de prensa, nunca dicen cuántos medios de comunicación privados y del Estado existen en la actualidad en ese país, y cómo es posible que se publiquen en medios impresos y se hable vía televisión y radio que hay una dictadura que reprime la libertad de expresión.

El desabastecimiento, el militarismo, la corrupción y la responsabilidad del gobierno de Maduro son un hecho donde, sin embargo, cabe más de una explicación, que seguro conocen los periodistas españoles que abanderan la salida del heredero de Chávez; pero, sin entrar en esas observaciones, también parece evidente que lo que sucede actualmente contra Venezuela suena a algo orquestado y ello, sin tener que acudir a la Ley para la Defensa de los Derechos Humanos y Sociedad Civil de Venezuela que Estados Unidos firmó en diciembre de 2014, momento en el que el demócrata Robert Menéndez, uno de los impulsores del proyecto, aprovechó para pedir que la OEA y la UE apoyaran para asegurar el final inmediato de la violencia contra los manifestantes y para dar una respuesta “enérgica y rápida” a los desafueros venezolanos; sumando a esa solicitud una ayuda de 15 millones de dólares para favorecer el desarrollo de organizaciones democráticas y de medios de comunicación independientes.

Como siempre, las lecturas en entrelíneas se hacen obligatorias para todos aquellos que no quieran ser considerados unos leguleyos, más cuando al senador Menéndez, según el New York Times, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos le está preparando cargos por corrupción por supuestos regalos y vacaciones lujosas aceptados a cambio de favores políticos.

Es tal el repiqueteo en nuestros oídos que se hace necesario conocer la realidad sobre quiénes fueron los que perdieron la vida entre febrero y julio de 2014, no el dato sino las personas, Amnistía Internacional (AI) ya se ha pronunciado sobre esas 40 personas, 10 de ellos fueron agentes de las fuerzas de seguridad, otros fallecieron por ataques cardiacos y otros por falta de asistencia sanitaria. En esta columna ya señalamos que no todas las muertes fueron por causas violentas, pero poco parece importar esta apreciación sobre el detalle.

Sin duda el gobierno venezolano tiene que aclarar muchas cosas sobre las que está señalado, entre ellas las que AI en su informe anual 2014-2015 denunció: “… Decenas de personas fueron detenidas arbitrariamente y vieron negado su acceso a abogados y médicos. Se denunciaron torturas y otros malos tratos a manifestantes y transeúntes. Se siguió utilizando el sistema judicial para silenciar a quienes criticaban al gobierno…“.

Con una Cuba negociadora, una Syriza ridiculizada por la prensa mundial, una demonización de Podemos en España y una Venezuela presta a regresar al liberalismo de los 90, se nos ocurre que a muchos nos están dirigiendo al escenario del siglo XX. [email protected] Colaboración especial para LatinPress®. http://www.latinpress.es


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