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Desde esta parte de El Patio ¿Quién, cómo, cuando? La industria discográfica

Publicado el 07 febrero 2011 por Cosechadel66

Al final, me está saliendo la reflexión un poco grande. Pero creo que es un tema que merece la pena analizar en profundidad. Aunque sólo sea en plan egoista, me está sirviendo para tener claras las ideas acerca de todo este tema de la Red y los contenidos. Si llegas por primera vez a esta serie de artículos, quizás te gustaría conocer el principio. Lo puedes encontrar aquí.

La Industria Discográfica

Confieso que me da la impresión de conocer bastante poco esta industria. Si con las demás partes mantenía una relación más o menos directa, con el de la música tan sólo me une ser su consumidor. Si en las demás partes ya mi opinión no pretende ser tomada como doctrina, sino como apuntes de una mirada desde mi perspectiva, con más razón pido esa comprensión para lo que pueda decir sobre este tema.

La industria discográfica fue la primera en recibir “reveses” por culpa de los avances tecnológicos. Aun antes de la Red, la aparición de las cintas de casette fue respondida como una amenaza, y también en aquel momento se hablo de “pirateria” o “fin de la música”. Obviamente, no fue el fin de la música. Sólo ocurrió a pequeña escala lo que ha vuelto a ocurrir con la aparición de los archivos digitales, el CD e Internet. Pero es cierto que cada golpe fue un poco más duro, coincidiendo con el perfeccionamiento de los soportes y de la tecnología. A diferencia del cine, donde no todas las películas que se estrenan en cine están disponibles en descarga con la misma calidad de imagen y sonido, las especiales características de un trabajo discográfico hace que si sea exactamente igual el puesto a la venta que el disponible en una descarga gratuita.

La industria discográfica ha adolecido durante mucho tiempo del mismo problema que el resto, su necesidad de mantener un alto margen de beneficio y que esto incurra en una falta de “flexibilidad” ante la aparición de nuevos tipos de mercado que no son tan sencillos de explotar de manera directa como lo eran antes de llegada de Internet. Y la impresión dejada en el consumidor de que está pagando de manera obligada un precio excesivo por lo que consume. De ahí el éxito de Itunes o Spotify. Pero el éxito de estas dos plataformas no puede compararse, en bruto, con el que se podía conseguir antes con la comercialización en discos. La salida de la industria, o al menos lo que parece desde esta parte del patio, han sido los directos. Una absoluta vuelta al mercado. Antes los conciertos se hacían para promocionar discos. Ahora los discos, o la publicación, se hacen para promocionar conciertos. La consecuencia negativa es que los conciertos han subido espectacularmente de precio y que, por desgracia, el número de salas donde se puede ofrecer música en directo parece ser más bien escasa, incluyendo a ciudades como Madrid.

Asi que creo que si, que el negocio de las discográficas ha dejado de existir como tal. Empresas como Emi no tienen sentido en el marco actual. Puede que se disgregen en pequeñas compañías (casi más parecidas en dimensiones o funciones a “agentes artísticos”, que deriven en organizadoras de espectáculos, o incluso que sean absorbidas, junto con sus catálogos, por las empresas tecnológicas que ahora se han convertido en sus verdaderos distribuidores. En todo caso, los tiempos de masivas campañas de lanzamiento y de “fabricación” de artistas de éxito, puede que hayan acabado. La relación cantante-oyente se ha hecho más directa y ya no es factible desde el punto de vista puramente económico una gran inversión en un artista, salvo en contadas ocasiones.

Las redes sociales han venido a dar otra vuelta de tuerca al panorama. La música se ha convertido en uno de los temas sobre los que más se comparte y habla en ellas. Se usa para comunicar estados de animo o para tener un detalle con cualquier persona, para ilustrar contenidos o como material de apoyo para hablar de su época. Sea lo que sea que surge como industria discográfica de todo este embrollo, tiene una magnífica oportunidad para utilizar todo ese movimiento a su favor.

Pero al igual que el resto de la industria, está en todo su derecho en entender que las webs de descarga como tales no pueden aprovecharse de su trabajo. Deben reflexionar y sería bueno que modificaran ciertos mecanismos de conducta frente al consumidor, pero eso no niega la mayor:  Que ven como de su trabajo sacan beneficio otras personas. Puede que con la llegada del fenómeno “Spotify” las descargas de música hayan bajado. Todos debemos sacar conclusiones de ello. Sin embargo, no siempre el mercado soluciona por si mismo todos los problemas o injusticias. Es injusto que alguien saque beneficio del trabajo de otro sin su consentimiento. El consumidor que ame la música debe entender a los músicos y a la industria que gira alrededor, y entender que ese trabajo tiene un coste que no sólo pasa por pagar chalets o grandes coches. Y la industria debe entender que el consumidor no va a aceptar una relación que se base tan sólo en los deseos de facturación de grandes empresas.

Hablemos.

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