Revista Viajes

Día 5: vega de pas – espinosa de los monteros

Por Trotaburgos @trotaburgos

La etapa de hoy tiene sabor a final de canción, a momento de despedida, a final de reto.

Me hago un poco más el remolón y me lo tomo con más calma todo, no en vano, la etapa es corta y si todo va bien no tardaré más de tres horas. Eso me da margen para ir muy tranquilo. Tras los preparativos de todos los días y ordenar las cosas sobre hybrid comienzo a dar pedales. Me encanta ver que a estas alturas del viaje cabe casi todo en las alforjas y la bolsa de la ropa sucia la puedo llevar por fuera como si de otra alforja se tratara. La idea de traer esta bolsa-regalo ha sido todo un acierto. La ventaja de esta ruta es que al ser de cinco días me ha traído toda la ropa para cada una de las etapas para no tener que lavar salvo en caso de mojarme o de algún imprevisto.

Comienzo a dar pedales a las 09:15 de la mañana. Antes de comenzar a subir Estacas de Trueba paro en el bar "El Café" para hacer precisamente eso, tomarme uno. Dicen que la cafeína es buena para el ejercicio.

La temperatura es perfecta. El cielo está cubierto, pero eso ayuda a que el sol no me achicharre desde tan pronto. A medida que salgo de Vega de Pas me encuentro a gente que está dando su paseo matutino, son escenas indescriptibles y las sensaciones increíbles. El olor que hay, el color que lo adorna todo, las personas que despiertan y comienzan su vida. Ver a un señor andar con su vara de avellano y su boina calada, es genial!. Las señoras que sentadas al borde de la carretera charlan tranquilamente mientras ven que otro "personaje" sube el puerto. Me imagino que se preguntarán: "¿qué verán estos en hacer estas cosas?".

A medida que voy subiendo, el paisaje me impresiona más. Lo conocía en coche, pero no tiene nada que ver. Cada poco paro para intentar captar esa imagen que me está impactando tanto. Me adelantan otros ciclistas que llevan otro ritmo y, desde luego, un plan diferente de ruta. Lo cierto es que el momento es maravilloso.

Sigo subiendo, curva tras curva y a medida que voy ganando cota, veo que las vistas que dejo atrás son igualmente impresionantes. Hay momentos en los que empiezo a pensar que estoy en otro país, en otra región. Quizá por las imágenes que tantas veces he visto en la tele me recuerde a Escocia. No puedo decir nada porque no he estado allí. Lo que si aseguro es que es uno de los paisajes, junto al Asón y la Magdalena que más me han impresionado de este viaje.

Antes de coronar encuentro a una gran persona y buen amigo que ha salido desde Espinosa para ir a mi encuentro en esta última etapa, no me lo esperaba y la sorpresa ha sido fantástica. Me pilla subiendo y a unos cuatro kilómetros de coronarlo, ha sido un detalle mágico. De los que difícilmente se olvidan. Así, la subida "duele" y cuesta menos.

Desde el cartel, situado en el kilómetro 14, hasta Espinosa nos quedan otros 18 kilómetros. No tiene ningún misterio en cuanto a dificultad. Se baja rápido. Los paisajes se mantienen preciosos. Salpicados de casas, de zonas de pastos y rodeados por montañas. Recuerdan más a imágenes, como decía antes, que nos venden de otros países.

El almuerzo-desayuno lo hacemos en Espinosa. En la Plaza Mayor. En mi punto de partida.

Aprovecho para comer por la zona con este amigo y nos vamos a las Machorras, al restaurante del mismo nombre. Probar las alubias caseras, acompañado de quien lo estoy y en este lugar se me antoja un lujo fantástico y un gran broche a todo este viaje absolutamente recomendable.

Teniendo parte de la tarde libre me despido y voy a hacer algo de turismo por la zona.

Termino haciendo turismo en Valle de Mena. La localidad no tiene cosas que me hayan llamado especialmente la atención, pero su entorno y los paisajes son preciosos también. Había estado por aquí hacía unos días, así que el turismo artístico y etnográfico ya lo había hecho. Decido continuar hasta Valmaseda, una localidad del país vasco cercana al Valle de Mena que me ha encantado.

Se encuentra en el Valle de Encartaciones, un espacio geográfico que se encuentra en la provincia de Vizcaya tiene una enorme oferta turística con mucho que ver o disfrutar. La capital es el propio Valmaseda así de con la casualidad de mi lado aprovecho la oportunidad de disfrutar este recorrido.

Camino su casco histórico y me encanta. Es una ciudad o pueblo grande tranquilo, arreglado y limpio. He disfrutado mucho de su ambiente y del paseo que me he permitido dar.

Aunque lo realmente impactante ha sido la visita a la fábrica de boinas que hay próxima a la localidad. Se trata de la Fábrica-Museo de la Encartada. Es un enclave centenario dedicado a la producción de géneros de punto de lana, desde su fundación en 1892 hasta su cierre en 1992. Por un lado recoge un sector industrial poco representado en el territorio, el textil lanero. Y por otro, lo más llamativo (por lo menos para mí), se ha mantenido casi intacto desde su fundación su sistema de maquinaria, distribución, generación eléctrica, domicilios obreros y de gerencia, etc. Visita muy, muy recomendable.

Con esta visita cierro mi vuelta a Cantabria.


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