Revista Cultura y Ocio

Diario de a bordo. 6 de febrero de 2017

Por Jesús Marcial Grande Gutiérrez
Diario de a bordo. 6 de febrero de 2017
Es lunes. La semana comienza. Me levanto con una leve fiebre. En la tarde de ayer celebración de aniversarios: cuñado y sobrino concentrados en una tarde de domingo. Alguna ausencia, alguna tardanza. Los adolescentes: móvil y pizza en una esquina de la mesa y después en la cocina; los niños juegos en la habitación del más pequeño. En el salón las conversaciones por zonas. La mesa lateral para los hombres, la central con los sofás para las mujeres. Comienzo pronto a picotear: había hambre; Un plato combinado en el Corte Inglés nunca me resulta saciante.
Fútbol, el 90% del tiempo. Hace mucho que me desentendí del tema. Creo que no he visto un partido desde hace más de dos años. A veces, me siento un florero en medio de la conversación. Terminé consultando el móvil, como uno de los jóvenes bachilleres. Tengo al lado a Pedro, un guardia civil. Se me ocurre consultarle por el misterioso número del final de la segunda fila impresa en la cara posterior de la tarjeta. ¿Realmente indica el número de personas que se llaman como yo? Seríamos cuatro Jesús Marcial... ¿Llega a ser probable esta coincidencia? Consulto a mi cuñado José Ángel... el suyo marca 1. Podría ser. Intento certificarlo en la web. Parece cierto (no lo aseguran del todo).
El programa servidor de noticias me va pasando titulares... Me quedo con uno para profundizar en casa: Parece que Pedro Almodóvar, el director de Julieta, acude a los Goyas (el próximo año dirigirá el Festival de Cannes) y apenas se hace notar: ya no es el catalizador de todas las movidas. Le veo al poco en TV: nada recuerda su aspecto rompedor de los sesenta  Luce una cuidada barba blanca y arreglado peinado . Traje formal. Presenta un aspecto venerable, casi sacerdotal entre sus admiradoras. Sobrevuelo el texto de una entrevista que le hacen. Me quedo con una palabra: "Tinnitus"... Profundizo. ¡Sí, padece tinnitus! Me lanzo a leer. Con piadosa solidaridad me visto con su piel, esa piel nueva que muda ahora.  Le escucho reflexionar sobre su reciente aislamiento, su deseo de permanecer en casa tranquilo, leyendo, corrigiendo... Su voluntad de dedicarse a seguir filmando, pero su resistencia a las fiestas, las salidas, la vida social... Su fidelidad a los amigos pero su renuncia a resultar un engorro... Sí, el tinnitus... reconozco sus efectos. Habla del sueño, del sueño insatisfecho: yo tengo un máster en la materia. Habla, no mucho, de su vida actual. Parece que una fina y persistente lluvia hubiera apagado las chispas de una hoguera de creatividad e ingenio. Quizás las próximas películas serán como brasas incandescentes, pero sin llama.
Siento una extraña pena. Jamás hubiera imaginado que esta lotería que al final nos toca a todos, le premiara con esta amargura temprana. No oír bien, no ser capaz de escuchar ya jamás el silencio es una burlona condena del destino a quién era el alma de la fiesta hace años. Retirarse de la batalla social vencido, derrotado por la gota malaya que le tortura. Febrero nos trae nuevas insospechadas, la verdad.
Y, después, para distraerme de este repetido pesar (el mío, lo controlo ya más o menos, a estas alturas) me dedico a leer, cómo si de un cómic se tratara, las pueriles aventuras del villano actual: las increíbles andanzas teewteras y maldades de Donad Trump. Y sonrío de nuevo. Después una nube de sospecha e incertidumbre pasa ante mis ojos... ¡Puede que esto también acabe en tragedia!

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