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"Dispara, yo ya estoy muerto": el último best-seller de Julia Navarro

Publicado el 29 septiembre 2014 por Juancarlos53

San Petersburgo, pogromos, sionismo

La plaza del Palacio del Hermitage de San Petersburgo

Como a finales de agosto pensaba visitar  la ciudad de San Petersburgo busqué, como acostumbro a hacer siempre que planeo un viaje turístico a algún lugar, novelas que se desarrollasen allí o que tuviesen a esta ciudad como elemento importante. Barajé algunos títulos: Nicolás Gogol, "La perspectiva Nevski"; Dostoievski, "Crimen y castigo"; Lev Tolstoi, "Guerra y paz"; Coetzee, "El maestro de San Petersburgo"; Mayra Montero"El caballero de san Petersburgo"; Julia Navarro, "Dispara, yo ya estoy muerto"; etc.
Deseché los titulos del XIX, por la extensión en Dostoievski y Tolstoi, aunque sí eché un vistazo al romántico cuento de Gogol sobre la que hoy es la arteria principal de la ciudad y que en ese momento (1840) acababa de abrirse en la capital zarista. Como es habitual en los autores románticos, la pasión amorosa y la atracción fatal centraban el relato que apenas si dibujaba una ciudad en la que los jóvenes oficiales del ejército aguardaban indolentes el destino que sus superiores decidieran.
Tras los clásicos me dije: vamos a ver qué dicen los autores actuales. Decidí que leería la novela de Julia Navarro porque vistas diversas sinopsis publicitarias de las tres contemporáneas era la única que sucedía en la actualidad o que al menos llegaba hasta ella, mientras que la de Coetzee se situaba en las postrimerías del XIX y la de Mayra Montero se alejaba hasta el XVIII e inicios del XIX cuando las colonias españolas en Hispanoamérica comenzaban su despertar hacia la independencia. Por  contra la publicidad de "Dispara, yo ya estoy muerto" hacía hincapié desde la portada en la ciudad de San Petersburgo a finales del XIX aunque, decía la sinopsis, la historia relatada llegaba hasta nuestros días. Esta es la que leeré, decidí.
Ya sabía yo que la autora, procedente del mundo del periodismo, se cuenta entre los escritores de best-sellers más exitosos en nuestro país. Pese a no ser yo lector habitual de este tipo de novelas, en esta ocasión no me importaba mucho que lo fuese pues lo que yo buscaba era un relato que al tiempo que me entretuviera me adentrara en la ciudad a través de la descripción de sus calles y plazas. Pero craso error: En "Dispara..." San Petersburgo es sólo un marco onomástico donde suceden los primeros episodios de la azarosa vida de la familia Zúcker, judíos polacos que habitan en dicha localidad, la cual habrán de abandonar huyendo de uno de los pogromos acaecidos durante los años finales del XIX. No vemos a los personajes deslizarse por calles y plazas determinadas; diríase que la autora no conoce San Petersburgo o que ni siquiera ha consultado un mapa con los nombres de sus paseos, o quizás sea que Julia Navarro no quiere hacerlo.., pero entonces, ¿por qué publicita la novela con el nombre de la ciudad y  con la autora en algunas imágenes situada frente al Palacio del Ermitage?
La novelista

Iglesia de San Salvador o de la Sangre derramada

Julia Navarro frente a la Iglesia de San Salvador 

La autora, nacida en 1953 está unida al mundo del periodismo por familia  (hija de "Yale"; casada con Fermín Bocos) y por ser periodista también ella. La profesión la ha ejercido en medios como la Cadena Ser, la Cope, Telecinco, Canal Sur y otros. Antes de decantarse más decididamente por la escritura de narrativa su presencia era habitual en tertulias televisivas. Aún hoy ejerce de analista política de la agencia OTR/Europa Press y publica artículos de opinión en su sección on line "Escaño Cero".
"Dispara, yo ya estoy muerto" apareció en noviembre de 2013 y ya va por la 11° ó 12° edición. Es su quinta novela y su éxito de ventas ha sido inmenso, superando los conseguidos anteriormente especialmente con su primer relato "La hermandad de la sábana santa" (2004) que la catapultó a la fama en este campo.
Sinopsis
Dos familias, los hebreos Zucker y los palestinos Ziad, conviven desde la llegada de los primeros a Palestina en 1899 hasta el momento actual. Su relación que se inició con desconfianza será estrecha, pero la diferente cultura religiosa y las circunstancias políticas del mundo y su repercusión en la zona hará que evolucione en una dirección poco deseada por todos.
Comentario
Ya en otro lugar de este blog, concretamente en el comentario que hice de "La verdad sobre el caso Harry Queberc" de Joël Dicker al que califiqué de best-seller decididamente buscado por el autor suizo, señalé características propias de este tipo de obras que buscan por encima de todas las cosas el éxito en ventas aun en detrimento de cualidades literarias más elevadas. De mano, y para evitar errores y/o confusiones innecesarias he de decir que la novela de Joël Dicker me parece de mucha mayor calidad literaria que la que ahora comento. La de Julia Navarro es una extensa novela cuya pretensión es la de entretener al público lector dándole las claves histórico-políticas del conflicto enquistado desde hace décadas entre hebreos y palestinos.
Estamos ante un producto específicamente creado para lograr un público lector mayoritario que por lógica conlleva un elevado número de ejemplares vendidos.
Elementos más sobresalientes
Lenguaje muy asequible de tono muy coloquial. Con la pretensión de acercar lectores al relato, la novelista utiliza un idioma actual sin importarle incluso que la historia en algunos momentos transcurra a principios del siglo pasado o incluso anteriormente. Con frecuencia cae en el anacronismo al usar en ocasiones un idioma ajeno a la época que narra. Ejemplo claro -y chirriante- de esto lo veo cuando para calificar la mala situación de Rusia durante la primera década del siglo XX, dice que la misma se debía a que "Rusia estaba en manos de aquellos aristócratas manirrotos".
Por otra parte la escritora evita a sus lectores cualquier término o frase que pueda encerrar dificultad para su intelección. Por si alguno existiera, no sé si por idea de la escritora o de la propia empresa editora, el voluminoso ejemplar de 912 páginas incorpora tras los 15 capítulos en que se distribuye la historia un Glosario de términos empleados y una relación de Personajes históricos. Con este sistema se logra evitar pérdida de lectores por no tener suficientes conocimientos de la época histórica en que suceden los hechos relatados.
Escritura rápida con frecuente incursión en errores lingüísticos muy asentados entre la población (leísmo, clientas...) con lo que el valor lingüístico ejemplificador que en mi opinión debe tener el autor de literatura desaparece santificando el error popular. Sin embargo Julia Navarro a veces parece que disfruta con el hallazgo lingüístico que, por ello, repetirá una y otra vez (el gentilicio "jerosolimitano" aplicado a los habitantes de Jerusalem lo utiliza en muchísimas ocasiones). También constantemente Julia Navarro incurre en "leísmo" y con frecuencia en "laísmo". Asimismo, y esto ya me parece más grave, en una ocasión hace uso del presente de indicativo ('andamos') en lugar del correcto pretérito perfecto simple ('anduvimos'). Por último creo percibir impropiedades léxicas en el uso de términos como "oneroso" (en p. 493 utiliza el adjetivo con el significado contrario al que en realidad tiene) o en la frase de la página 760 "la Agencia Judía no ceja de fletar barcos" que en mi opinión debiera de ser "la Agencia Judía no deja de ['no ceja en' o 'no deja de'] fletar barcos.
Repetición 'ad nauseam' de los argumentos en los que se basa la tesis defendida en el relato. Así la idea de que culturas y confesiones religiosas no tienen por qué llevarse mal se convierte en un auténtico mantra a lo largo de la novela:
  • Rezar de manera diferente no nos hace diferentes. (p. 609);
  • A Wädi le resultó un misterio que un fraile hiciera tan buenas migas con un anglicano como Moore, (p. 770); 
  • ¿Qué malo hay en que un judío se case con una musulmana o con una cristiana? (p. 746).
Repetición frecuente de lo sucedido hasta el momento dada la extensión del relato. Para evitar despistes en los lectores Julia Navarro hace frecuentes recopilaciones de lo dicho hasta el momento.
★ Complicidad con los lectores. La historia de las dos familias que conviven juntas pero con diferencias entre ellos muy asentadas las trata la novelista de la manera como estas diferencias son vistas hoy dentro de una comunidad de vecinos en la que  a la par que confianza también existen ciertas discrepancias que aparecen muchas veces en forma de auténticos cotilleos de familiaridad vecinal. Esta confianza mostrada en estas confesiones entre amigos y vecinos creo que es uno de los motivos que explican el éxito popular de la escritora
"En realidad mi mundo no iba más allá de mi madre, mis tíos Yossi y Judith, además de Yasmin y Mijaíl, y todos los que vivían con nosotros en la Huerta. Sobre todo de Wädi. Dina también había sido una persona importante para mí, como también lo eran Aya y sus hijos Rami y Noor. Incluso los tíos de Mohamed, Hassan y Layla, y su hijo Jaled eran parte importante de mi existencia."  (p. 584)
Llevar el agua a su molino
 El problema político planteado en la novela, la convivencia pacífica de dos comunidades distintas (palestinos y judíos), se cuenta pero siempre con el pensamiento puesto en la realidad española: (—Deberían esforzarse más con el inglés, les será más útil en el futuro —le dijo Samuel. [p. 443].) ¿En quiénes está pensando la novelista. Yo creo que en los españoles de las comunidades bilingües más que en los judíos de Palestina de 1930. O sea Julia Navarro se dirige sin ambages a sus propios lectores españoles de hoy mismo
Caída en lo banal. A veces el relato, pretendidamente serio, profundo y elevado, se precipita en el abismo de lo insustancial e inane; así un asunto tan serio como el conflicto árabe-israelí que investiga la periodista protagonista del relato queda subsumido en algo tan insustancial como el actual fumar/no fumar:
 "Marian se quedó en silencio preguntándose si Ezequiel le permitiría encender un cigarrillo, pero no se atrevía a pedírselo. También en Israel había restricciones para fumar en público." (p. 186)
Búsqueda premeditada de momentos muy emotivos algunos muy cargados de melodramatismo. Esta presencia de la emotividad me hace pensar que la novela entre otras muchas cosas linda o al menos flirtea con el público de la denominada "chick-lit"; si no véanse los siguientes momentos:
  • Y aunque estaba seguro de no estar enamorado de Katia, no podía resistir la atracción que  sentía por ella. (p. 473)
  • Samuel le decía que gastara cuanto quisiera, pero nunca se daba por enterado cuando ella estrenaba un vestido nuevo. A Miriam le costaba aceptar que su matrimonio era una pantomima y que sólo les unía Dalida y Ezequiel. (p. 469)
Las alusiones a estar mucho o poco enamorados algunos de los personajes es tan repetitiva a lo largo de la novela que por momentos parece que nos encontráramos ante una novela rosa característica.
Pregonada imparcialidad narrativa, aunque siempre decantándose por uno de los dos contendientes, a pesar de que la Navarro pretende huir del habitual maniqueísmo buenos/malos.
Personajes, planos o de mínima evolución. Son personajes poco desarrollados cuya función esencial es la de ser sostenedores de tópicos con que habitualmente se asocia a israelitas, rusos, árabes, americanos, españoles, etc. Algunos ejemplos:
Árabes vs Judíos
"Ahmed se entristeció al verles marchar. Aquellos hombres que se decían socialistas habían arrancado a Dios de sus vidas y lo habían sustituido por otra divinidad que ellos llamaban «Razón»".(p. 258).
Como se puede ver estamos ante el tópico del tozudo musulmán frente al avanzado y permisivo judío. ¿No es ésta ya una manera de posicionarse -e inclinar al lector- hacia unos u otros?
"Él no aprobaba que Kassia se remangara la falda enseñando la pantorrilla mientras desbrozaba hierbas. Ni que se desabrochara dos o tres botones de la blusa cuando apretaba el calor, o se remangara dejando los brazos al descubierto." (pág. 190)
Los Ziad (árabes) son muy conservadores en su cultura, mientras que los judíos (los Zucker) aparecen como más avanzados en costumbres, ideas políticas y práctica de la religión.
América, tierra de las oportunidades
"—Señor Zucker, soy norteamericano y soy judío. Mis padres eran polacos, emigraron a finales del siglo XIX a Estados Unidos, y ya  ve, yo, su hijo, hijo de unos campesinos, soy médico".(p. 738).
 Le dice el doctor Levinshon, que cuida de la sanidad de uno de los campos de exterminio liberados, al joven Ezequiel que lo visita.
Los rusos, borrachos
"Si le llevan una buena botella de whisky se lo agradecerá." (p. 723) le dice a Ezequiel el coronel Williams del USA Army, cuando le habla de Boris, encargado de un campo que depende de la administración soviética.
Los bravos españoles:
"Dalida admiraba la fuerza de Juana, la española" (p. 681). Juana era una republicana refugiada en Francia que colaboraba con la Resistencia frente a los nazis.
Los judíos sefarditas:
"Mi padre hablaba con su madre en español y mi abuela nos hablaba a nosotras también en sefardí. ¡Es una lengua tan hermosa! ¿Sabes?, Judith y yo conservamos como un tesoro la llave de la casa de mis antepasados en Toledo" (p. 425).
Aquí el tópico de lo español se subsume en el mantenido lugar común referido a los sefarditas.
Insistente presentación de sucesos históricos sobradamente conocidos por el lector sin añadir ningún dato nuevo o poco conocido. Me refiero especialmente a todo lo referido a los campos de exterminio nazis.
Hablar de lo muy sabido sólo cumple la función de satisfacer el ego de quienes al leerlo ven crecer su autoestima al sentirse incluídos en el "selecto" grupo de los conocedores, sin percatarse de que este conocimiento está ya hoy vulgarizado.
Con todo no está nunca de más recordar las atrocidades cometidas por los nazis durante la 2ª guerra mundial, y aquí sí que la novela de Julia Navarro cumple la función.
Lugares comunes con frases hechas muy manidas:
  • "Tú ya me has dado un tesoro, el de tu amistad" (p. 126)
  • "Pocas veces los hijos somos capaces de decirles a nuestros padres cuánto les queremos"  (p. 147)
  • "Si el Infierno existe, estaba allí" (p. 709) se repite una y otra vez puesto en boca de distintos personajes para exponer la barbarie de los campos nazis.
★ Escasísimas referencias culturales.
Literariamente hablando apenas si hay una alusión al poema "La ciudad de la matanza" del poeta judío ruso Bialik, otra al drama de Máximo Gorki titulado "Los bajos fondos" que causó un fuerte escándalo en la corte zarista cuando se representó y el intertexto debidamente aclarado de un verso de Maiakovski ("Los sueños de la juventud se estrellan contra la realidad de la vida cotidiana. Lo escribió Maiakovski refiriéndose al amor, pero lo mismo sirve para todo lo demás" [p. 541]).
El grueso de referencias culturales lo son de tipo histórico-político. Así los nombres de los creadores del sionismo (Theodor Herzl, David Wolffsohn, Ben Gurion,Chaim Weizmann) o los de políticos ingleses, alemanes, árabes como el sultán Mehmet, Cemal Pachá, Musa al-Alami, el general inglés Allenby, el mismísimo Lawrence  del que hace una descripción más inspirada en el actor Peter O'toole que en el personaje histórico ("Es bajo de estatura pero fuerte, tiene un aspecto muy británico, los ojos azules, frío, distante. Por lo que he podido oír, es extremadamente inteligente.") (p. 359)
También aparecen citados el presidente alemán Paul von Hindenburg, el canciller Adolf Hitler, los presidentes norteamericanos Wilson y Truman, los franceses Vichy, el mariscal Petain,los zares Alejandro III y Nicolás II, los rusos Lenin y Stalin, el general Franco, etc., etc.
★ Caída en el reportaje periodístico más que en una narración propiamente novelística.  Se nota que la autora es una periodista especializada en el análisis político,  lo que provoca que en no pocos momentos la novela discurra más por la senda del reporterismo político que por el de la ficción narrativa. Así lo percibo en la rapidez con que realiza transiciones narrativas de lugar y/o tiempo; pero también en el exceso de nombres de personajes históricos sólo justificados por el deseo de la autora de mostrar sus conocimientos y no por exigencias narrativas. Esto, literariamente hablando, me parece un error.
Aspectos narratológicos
Desde el punto de vista de lo formal, estrictamente literario, la estructura de la narración es lineal si bien hay que decir que la historia que se nos cuenta es narrada por Miriam, la voluntaria de una ONG que está haciendo un informe sobre los asentamientos judíos en los territorios ocupados, que nos relata todo lo conversado con los miembros de la familia palestina Ziad, y por Ezequiel que es quien le habla a ella de cómo su familia huyó de Rusia y llegó a Palestina a finales del siglo XIX. Los sucesos se presentan sucesivamente y alternativamente nos son relatados por estos dos personajes.
Se inicia la narración en San Petersburgo con el atentado que costó la vida al zar Alejandro II en 1881 y que tuvo lugar en la Iglesia de San Salvador, llamada desde ese día iglesia de San Salvador o de la Sangre Derramada en recuerdo del zar asesinado. Y finaliza hoy mismo. Se recorre en el relato toda la genealogía familiar de una y otra familia:
La palestina de los Ziad (Ahmed - Mohamed - Wädi - Miriam) y la judía de los Zucker (Isaac - Samuel - Ezequiel - Aarón - Jonás).
La persona narrativa empleada es habitualmente la 3ª, externa y objetiva. Esta persona narrativa cede rápidamente la voz a los protagonistas de las acciones, con lo que la novela gana en dinamismo y prescinde bastante -a veces en exceso, en mi opinión- de la descripción. Este modo de actuar provoca que el ritmo narrativo sea rápido, poco demorado, y con transiciones temporales bruscas y poco motivadas o, al menos, no debidamente justificadas. Esta manera de obrar unida a la acumulación de información propiamente histórico-política provoca que por momentos, -como ya he dicho antes-, la novela parezca más un reportaje periodístico que una narración literaria. Un ejemplo claro es el cúmulo de nombres de organizaciones judías (Histadruth, Haganah, Irgun, Palmach, Lehi, etc.) y palestinas (Fida, OLP, FDLP, Organización 15 de mayo, FLP, etc.) que aparecen citadas.
Tan sólo hay un momento en que la persona narrativa pasa a ser la 1ª, cuando la historia llega a la altura de Ezequiel, uno de los dos contertulios. Pero, aunque Ezequiel comienza utilizándola, rápidamente la obvia y vuelve a la 3ª. Este cambio es advertido por el lector, algo que la novelista parece adivinar y en un momento dado Miriam, la periodista que habla con Ezequiel, le advierte a éste del contrasentido de hablar de sí mismo en 3ª
  • Dalida había heredado el cabello negro de Miriam y el color aceitunado de su piel. Ezequiel se parecía a Samuel, (pág. 469). Es Ezequiel quien habla aquí.
  • —¿Sabe?, me sorprende que hable de sí mismo como si no fuera usted. Se refiere a Ezequiel como si fuera otro... (pág. 488). Es Miriam quién le advierte de su alejamiento del 'yo'.

Conclusión

Asentamientos judíos

Un asentamiento judío en los territorios ocupados

Una novela de excesiva extensión para lo que cuenta y para el desarrollo que da a los personajes que la protagonizan.
Si se lee hasta el final el lector encuentra una sorpresa que algunos cientos de páginas antes ya empieza a ser intuida.
Con todo la novela se lee con agrado siempre que no se busque en ella más de lo que es: Un reportaje periodístico novelado sobre el origen del Estado de Israel y el conflicto que desde hace casi 70 años enfrenta a judíos y palestinos presentado desde el punto de vista de dos familias normales que lo sufren y lo protagonizan a su pesar.

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