Revista Coaching

El árbol del encuentro

Por Juanmarodriguez @juanmariarm

Víctima

Decides parar tras una larga caminata en “El árbol del encuentro”.

Lástima de árbol viejo y seco ¿Nadie pudo regar el lugar, viendo que la sequía cada vez era más fuerte? Para estar así, mejor talarlo y usar su tronco para hacer una hoguera.

¿Y las piedras? Los que han pasado por aquí antes no han podido ir quitándolas para hacer de éste un lugar confortable en el que uno pueda descansar ¡Parece que han ido trayendo todas al mismo lugar!

¡Malditas nubes anunciadoras de lluvia! El agua mojará mi ropa y junto con el frío y molesto viento provocarán que me enfríe.

¿Árbol del encuentro? ¿Quiénes van a venir hasta aquí para encontrarse? Ni una sola comodidad. Solamente una persona estúpida como yo, puede recaer en un lugar tan inhóspito. Una vez más, se repite la misma historia. Todo lo malo me ocurre a mí. Seguro que existe un camino reservado exclusivamente para los “señoritos” caminantes de primera. Esos que contratan a porteadores para que les lleven los bultos. A los pobres, solamente nos dejan las migajas. Seguro que nos dirán, que tenemos que estar agradecidos que podamos apoyar nuestra maltrecha espalda, sobre el tronco seco de este árbol viejo.

Jamás, en mi vida, he disfrutado de un momento de confort. Y si alguna vez lo he podido disfrutar, pronto se encargaron otros de hacerme volver a la realidad.

Desde pequeño supe que esta vida era un campo lleno de minas y que el dolor y el sufrimiento serían mis compañeros de viaje. Pocas veces los labios de mis padres rozaron mi rostro y escasas ocasiones las que mi cuerpo fue cobijado entre sus brazos.

Ellos se encargaron de enseñarme lo sinuoso que es el camino; las trampas que otros se encargan en poner y de no olvidar nunca que unos nacieron de pie y otros de cabeza. Simplemente recordar la vida que ellos llevaron, es suficiente para confirmar la regla que esto es un valle de lágrimas. Y si no es suficiente, con levantar un poco la mirada, puedo comprobar la vida de los demás. Esfuerzo, sacrificio y pena.

Ya se ocuparon  “aquellos” de organizarlo todo bien, para que todo siga igual y pocas cosas cambien. Mi vida gira al son de sus tambores y mis pies ya no están para bailar.

Curioso que este tronco y su seca madera, según pasa el tiempo,  parece acoger mi espalda dándole calor y protección.

Las piedras, ahora que me doy cuenta,  están colocadas de manera que puedo apoyar mis pies logrando que mis cansadas piernas liberen la tensión, acumulada en los músculos.

Menos mal que están las nubes. Con el calor que hace, no sé si podría estar descansando tan cómodamente si el Sol hiciera acto de presencia.

Caen las primeras gotas, parece que va a llover un buen rato. He aprovechado para quitarme la ropa y sentir el agua caer sobre mi piel. Según siento la lluvia, tengo la sensación de estar limpiándome.

Sinceramente creo que de pequeño, recibí las caricias y los besos necesarios, sabiendo que mis padres trabajaban muchas horas para poder alimentarme y que no me faltara de nada. Aún así, llegando cansados, siempre tuvieron una palabra de cariño y una mirada cálida antes de acostarse.

Mi padre, me enseñó la dificultad de vivir pero también me transmitió que la vida es un regalo. El mejor regalo que jamás nadie te puede hacer. Unos vienen envueltos en papel de colores, otros en papel de periódico. Me enseño que tuviera siempre claro el lugar al que quería llegar y que no dejara ningún día de caminar hacia él. En mí está lo necesario para alcanzarlo.

“Esfuerzo, sacrificio y pena son compañeras de recompensa, gloria y alegría”. Frase que mi padre repetía una y otra vez.

Mi madre, recuerdo, que siempre me decía que cada uno de mis pasos debían salir de lo más profundo de mi corazón y no de los gritos que me pudieran dar los demás. Siempre me habló que cada uno de nosotros tenemos un poder. Poseemos algo que nos ayudará a transitar en este viaje. Eso no nos lo puede quitar nadie ¿Cómo le llamaba? El poder de elección. Eso es, el poder de elección. Podemos elegir cómo ver las cosas, cómo afrontarlas. Eso nadie podrá quitárnoslo.

Sigue lloviendo, qué lugar más maravilloso. Hasta del viejo árbol aparecen pequeños brotes.  Lo que no comprendo todavía es la razón de llamar a este árbol, el árbol del encuentro.


Volver a la Portada de Logo Paperblog