Revista Ciencia

El arte de ser creador

Publicado el 11 abril 2011 por Jal

Ocasionalmente, la ciencia pasa de ser una disciplina entre probetas y aparatajes, a ser objeto de creación artística de primer orden. Hace poco, Luke Jerram nos sorprendía recreando virus y bacterias, letales in vivo, pero de belleza singular extrema pulcramente plasmados en cristal a tamaño macromolecular…

Entre la ciencia y el arte: El arte de ser creador.

Árboles luminosos por nanopartículas...

El abismo que separa investigación básica y creación artística se fusiona por instantes interminables en obras cuya catalogación se hace compleja:  ¿Cómo definir un objeto cuyo embriagador efecto visual es a la vez una perfecta copia a escala de un organismo tan ampliamente estudiado como la bacteria E. coli o el virus del sida?  ¿Habría que definirlo como elemento decorativo objeto de galería o como maqueta experimental de recurso didáctico?. Quizás, habría que ir al origen de su ingenio para creer clasificarlo correctamente.  Quizás, tratar de encuadrarlo sería denominarlo 'arte científico', pero sería erróneo; puesto que no se trata de una investigación artística.  

Definir esta delgada línea que une y separa arte y ciencia es una ardua tarea altamente controvertida.  En general, el arte es entendido por una búsqueda de la componente estética, mientras que la ciencia indaga por los derroteros del conocimiento en pro del incremento del acervo tecnológico funcional.  En este punto, hay que replantearse algo: la finalidad del Arte puede ser estética o comunicativa. ¿Qué es más comunicativo, interactivo y didáctico que la ciencia mostrada bajo la forma de obra de arte?

Echemos un vistazo a este conjunto de embriones de mosca (Drosophila melanogaster, para los amigos).  A simple vista, se trata de una figura oval compuesta por un patrón de bandas fluorescentes.  Técnicamente, estamos visualizando el patrón de desarrollo corporal de la mosca de la fruta.  El conjunto de bandas, teñidas con agentes específicos de posición fluorescentes, nos identifica el patrón de desarrollo corporal que dará lugar al futuro cuerpo adulto: de la cabeza a las extremidades.

La siguiente imagen, no es más que la tinción del sistema nervioso en otro embrión de este insecto.  Estéticamente perfecto;  ciencia al servicio del arte, arte que divulga ciencia.

 Imaginemos ahora que nuestras farolas son sustituidas por árboles luminiscentes.  Atractivo, sin duda; pero ¿posible?  Buscando una iluminación de alta eficiencia, que a su vez prescinda del empleo de productos químicos tóxicos como los usados hasta ahora en LEDs blancos, el Dr. Yen-Hsun Su del Centro de Investigación en Ciencias Aplicadas de la Academia Sinica en Taiwan, ha conseguido una ornamentación de lo más creativo y funcional.  Nanopartículas de oro implantadas en las hojas de la planta Bacopa caroliniana sometidas a irradiación de alta longitud de onda como la luz ultravioleta, emiten fluorescencia azul-violácea capaz de activar la clorofila endógena en la producción de luz roja. Según su creador, estos árboles luminiscentes podrían emplearse como iluminación de carretera y como tecnología verde, ya que la fotosíntesis consume CO2 y con este sistema la planta la realizaría también durante la noche.

Experimentación práctica y creación artística se fusionan por momentos. Los aquí referidos son sólo un par de ejemplos. La imaginación es inagotable, como inagotable es el espíritu creador de tantos científicos que hacen arte; de tantos artistas que son científicos. La finalidad práctica del trabajo se mantiene: la mejora del Conocimiento.

Elena Campos (CBMSO)



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