Revista Viajes

El asombroso caso del “tío bueno” que intenta ligarte en mitad de la calle

Por Saraytg @Desdemilanblog

Yo tan distraída antes del encuentro

Yo tan distraída antes del encuentro

Antes de venir a Italia por primera vez, hace muchos años ya, había llegado a mis oídos un tópico sobre el hombre italiano que me resultaba extremadamente curioso. Según las fuentes que nunca revelaré ya que no me acuerdo bien de quién fue, los italianos eran los típicos hombres que te pararían en mitad de la calle para decirte frases como el “me acabo de enamorar”, “eres bellísima”, “tenemos que conocernos”…

En mi investigación de campo durante los años siguiente me sentí un poco defraudada porque a pesar de que sí hay italianos que llegan a ser extremadamente pesados a la hora de intentar ligar, también los hay normales que no lo hacen, pero no había dado aún con el típico italiano que te para en mitad de la calle y te hace pasar hasta vergüenza ajena. Bueno pues he de confesarme, hace muy poquito he encontrado a uno de estos y he experimentado esa sensación. Os lo contaré.

Iba yo saliendo del metro en la parada de la estación del Duomo, como siempre ensimismada en mis cosas y con la cabeza ida. Me preparo para subir las escaleras de salida de la boca de Metro cuando veo ante mí a un hombre de espaldas de esos que te paras aunque sean dos segundos a mirar, de esos que te llaman la atención, de esos que van tan deliciosamente bien vestido que encaja perfectamente en la típica visión del milanés que tienes en tu mente… también diré que debía medir como 1,90 y esa altura se hace notar.

Yo que pensaba que llegaba tarde, le pasé de largo en un rápido adelantamiento por la izquierda dejándole atrás y sin pensar más en él una vez sobrepasado. Salgo a la calle y me encuentro con una Piazza del Duomo hasta arriba de gente a la espera de hacer fotos al árbol de Navidad. En ese momento yo iba dentro de mí maldiciendo a toda la ciudadanía milanesa cuando veo que alguien muy alto se me coloca a la derecha y dice “Ciao, scusami”… Entonces veo que es el italiano-estilo-milanés de 1,90 metros de altura y que encima tiene cara de modelo de ropa interior de Calvin Klein. Inocente de mí me pienso que le está hablando a la persona que tengo a mi izquierda y que justo yo he ido a parar al medio de su conversación sintiendo un ridículo espantoso, por lo que le miro, pongo cara de “uy perdón” y acelero mi paso chocándome con la gente que había delante. Es en ese momento cuando me vuelve a hablar y yo ya le tengo que decir totalmente en shock “ah! ¿pero me estás hablando a mí?”.

Mi cara cuando empezó el numerito...

Mi cara cuando empezó el numerito…

A su respuesta afirmativa y a sus siguientes comentarios el shock fue tal que sólo atinaba a decirle ” pero… ¿qué me estás diciendo?”… El italiano-estilo-milanés-con-cara-de-modelo-de-Calvin-Klein (para acortar la frase anterior) empieza un ritual de cortejo en la mismísima plaza del Duomo sin importarle que estuviéramos rodeados de miles de personas… que si te he visto en el metro y he tenido que pararte… que si ha sentido la necesidad de que nos teníamos que conocer… que si eres bellísima…

A cada frase nueva que se le iba ocurriendo mi tono color carne de la cara se empieza a volver de un tono rojo sangre que desde luego en ese momento lo que menos podía estar era atractiva. Con los ojos como platos (y ya sabéis que tengo los ojos un poco grandes, así que tenía como cara de besugo o extraterrestre) y roja como un tomate a mí sólo me venía a la mente la siguiente reflexión “esto tiene que ser una cámara oculta o peor, efectivamente existen los italianos que te hacen pasar vergüenza en mitad de la calle”.

Peor aún fue cuando inició el contacto físico al cogerme una mano para mirarla… que yo pensé… “maldita sea, en qué momento no se me ocurrió arreglarme las uñas esta mañana?” a la vez que me decía a mí misma “santa madre de Dios, qué mano tan gigante para una mano tan pequeñita”. Y aún peor fue el segundo contacto… cuando después de convencerme de que tenía un pelo maravilloso (insistió tanto en mi pelo que llegué a pensar que era peluquero o tenía un negocio de pelucas), su mano se dirigió a mi cabello para meterme de forma coqueta el pelo detrás de la oreja… No he pasado más vergüenza en toda mi santa vida… Para colmo, tenía a medio ejército que custodiaba la Gallería Vittorio Emanuele y que habían visto la escena partiéndose de risa a nuestra costa…

¿Really? ¿ Sin Facebook?

¿Really? ¿ Sin Facebook?

Tras mucha charla en la que sólo hablaba él y yo sólo quería hundirme bajo el suelo de la famosa Gallería, él lo que quería era el número de teléfono para como dijo “tú que eres periodista, te tienen que gustar las aventuras, ¡vamos a vivir una aventura!” (Esto es real y fue literal, os juro que no miento) se me ocurre preguntar debido a mi intuitiva desconfianza femenina: “¿pero tú esto lo has hecho más veces? Lo de parar a una chica por la calle y hacer esto?”A lo que el italiano-tipico-milanes-con-cara-de-modelo-de-Calvin-Klein muy sinceramente dijo que sí y también reveló que no tenía Facebook. ((¿Quién no tiene Facebook en el siglo XXI?))

No contaré lo que aconteció, lo dejo para vuestras mentes calenturientas pero con esto confirmo, que EXISTE, existe el italiano que te para por la calle para intentar ligar contigo y te hace pasar vergüenza.

 


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