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El cine fantasma (by Nino): XIX.- Calle Cloverfield 10

Publicado el 05 junio 2016 por Drebbin @hablandodepelis
Calle Cloverfield 10
"Encerrados con John Goodman" (por Nino Martínez)
@CinecomioWall
El cine fantasma (by Nino): XIX.- Calle Cloverfield 10 Hombre y mujer desde tiempos apocalípticos de un Adán y Eva solitarios y casi desnudos frente al peligro, correteando y atrapados espiritualmente en el paraíso perdido, siempre han estado involucrados con el temor individual. Por territorios fantásticos o con la presión de algún elemento terrible llamando a las puertas, siempre existe un oculto peligro, indefinido o sigiloso, casi una sugestión reptante que atacase en la nocturna calma de la noche, o un amaneces luminoso y artificial, la integridad física de sus protagonistas. Un jaque a los cimientos filosóficos o la discusión antropológica del mundo conocido.
En esto del terror ancestral, tanto la literatura como en el cine, siempre ha tenido su indivisible repercusión o visión cultural desde distintos frentes, donde autores inclinados a reflejar estas inquietudes ancestrales o el miedo a lo desconocido, han alimentado nuestro subconsciente desde esa condición de especie terrestre y corazón mortal. Por avenidas o líneas, nuestras vidas corren paralelas a la aparición de elementos incontrolables, de la naturaleza o no, que pudieran convertirse en una amenaza para la propia existencia.
Un director de Philadelphia con raíces en el ámbito publicitario, aquí  se ve encargado de la última producción de Paramount, aparentemente, sugestionado por el éxito cinematográfico e internacional de un auténtico superviviente llamado J.J. Abrams y la empresa Bad Robot. Aspirante a convertirse en un exponente destacado del fantástico, que dirige sus pasos constantemente hacia el género y la sombra del todopoderoso. Su nombre, Dan Trachtenberg, va unido a la televisión con la tercera inmersión de la serie Black Mirror, con un largometraje algo tópico que mantiene su correlación argumental a la misma y una significativa atracción por las historias asombrosas que ponen en duda la ética del ser humano o pertenecientes a las diferentes expresiones del terror o la ciencia ficción. Con este primer largometraje cuyo título despega de las líneas terrestres del callejero hacia otra Calle denominada Cloverfield 10, más un camino campestre que una avenida de reencuentros o Señales, y algo de sangre derramada en tensa paz y cubículo artificial. Mas, el encierro desarrolla una espiral introspectiva, con sentimientos encontrados y actitudes poco fiables que transitan por las mentes de sus protagonistas, o mejor dicho, se expanden al exterior con incredulidad y el terror.

El cine fantasma (by Nino): XIX.- Calle Cloverfield 10

La intriga es el género principal en esta película

Creo que este director es un fiel seguidor que se transformará en otro ser fantástico con posibilidades
de crecimiento. Porque, como hace Abrams cada vez que se ha instalado tras la cámara, parece invertir a partes iguales en imaginación y oscuridad, como método indispensable para la consecución de sus objetivos cinematográficos o comerciales. El espectáculo como atractivo masivo y el factor sorprendente, entre personajes abocados o presionados a esta dramática coexistencia en un lugar cerrado y angustioso, y los más diversos seres o personajes de Abrams, enredados en problemas que se derivan de sus propias debilidades o errores. Que se dirigen a lo desconocido en ralentizado increscendo de magnitudes extrasensoriales... o más allá.
Incluso de sus confusas conversaciones se desprende, aparentemente, dicha dirección al género fantástico y una definida tendencia al terror psicológico, si bien, de manera colectiva, sus explicaciones parezcan incoherentemente enrevesadas o sin un brillo gramatical exhaustivo, ni la exactitud definida de sus pensamientos o posibles posiciones ante la protección conjunta, o la violencia.
En la eficacia argumental, a media luz como esas extrañas declaraciones o emociones de los personajes cautivos, y una visita ampulosa del montaje cinematográfico y la dirección conceptual, Cloverfield 10 Lane, pasa del tópico encarcelamiento a ceder al arrojo juvenil para abordar un tema tan trillado ya. Esto es, la creación de estos espacios agorafóbicos de tipo bunker o los zulos perdidos entre la naturaleza sumergida. Paulatinos desvíos de la realidad y la conciencia, hacia un giro que albergue con dramatismo, las limitadas opciones de estos ´perdidos` en el interior, aunque reconociendo que la experiencia ayudaría a acometer nuevos desafíos o amenazas, que significaría la superviviencia como especie.

El cine fantasma (by Nino): XIX.- Calle Cloverfield 10

John Goodman, actor con amplio recorrido y versátil

Así lo mejor, es hacer surgir de nuevo, aquellos temas que nos visitan en sueños, esa consecución racional que sugiere nuestro miedo recurrente; aquellos hechos que siempre nos conmocionan, o hemos interpretado desde diferentes focos; formas desde el terror de The Thing o La Niebla de Carpenter hasta las películas más reconocidas de Steven Spielberg; actividades o retos fantásticos conviviendo en nuestra cabeza, con una realidad más catastrófica. Según esas pautas, ritos o presunciones, que nos arrinconan o aislan, las acciones más o menos heroicas que los seres humanos atravesamos en diferentes etapas de nuestras sociedades modernas, se derivan de una visión cinematográfica del riesgo nuclear o una catástrofe apocalíptica de inicios radiactivos, y desbarata otras extravagancias o lejanas percepciones, que no asimilaríamos en el subconsciente colectivo.
En esa granja apartada, la vía Cloverfield 20 esconde esa apuesta de pioneros del scifi, creando una motivación extraordinaria y una trama sobre unos atrapados que profundizan en el ánimo sugestivo, en estado de conmoción, o ciertos desarrollos psicológicos cercanos al miedo. Apostando por el suspense ante algunas aptitudes incubadas por el horror, que no son fácilmente explicables por los humanos desde el punto de vista razonable o inteligente. Y un argumento que remite al efecto sorpresa, que va permitiendo una oscuridad envolvente y espesa, como una inteligencia superior contemplara una armadura arquitectónica o construcción en el campo, o un cerebro investigase las aptitudes diabólicas o especiales dentro de las historias de Stephen King.
Todo comenzó en un día luminoso de primavera, quizás, justo después de un violento choque cuando tras un cristal observamos la singularidad del paraje y el extravio en que la protagonista se ve instalada a la fuerza. Como consecuencia, Trachtenberg como buen prestiditigitador, reúne dicho desconocimiento en las partes implicadas a un lado y otro de la pantalla. El resto sirve de excusa para engendrar la monstruosidad, si bien, las causas no tienen el control o rigor estructural y visual que esperábamos de cualquier trama perpetrada por el cerebro humano. Ni la imaginación o excelencia creativa del Maestro del Suspense, porque el encierro se centra únicamente en heridas mostradas o nuestra mente manipulada por el terror a la muerte. Un mero acicate para luchar en silencio con el desfallecimiento o locura de los personajes, y nuestro aburrimiento. Depende de las expectativas creadas en cada quién... Cuando al tiempo descubres, que te incluyes en extravagante trío y desafiante experiencia junto a conciencias imprevisibles, tan dispersas como sus pensamientos negados a los demás, en una línea de causas y efectos que no se verán luz penetre hasta que penetre en la estancia. Por su ojo diminuto y blindado.
Ella, la accidentada, es una joven con problemas de identidad por un golpe o complot de características apocalípticas, bien interpretada por la actriz Mary Elizabeth Winstead (Death Proof, Scott Pilgrim) que despierta tras ese periodo de inconsciencia como víctima involuntaria, en una estancia granjera de Louisiana. Y renacerá un espíritu necesario para afrontar el suspense de esta intrincada y pavorosa aventura por la ruta Cloverfield 10 y ejecutada por un trío de guionistas, con el director Damien Chazelle (Whiplash, La la Land) a la cabeza.
Como su habitáculo, es imposible localizar su conexión de momento, pues este tipo de filmes (como el motel Bates o el servicio herrumbroso de casas que esconden un misterio terrible) dicha ocultación se convierte en pretexto para elaborar un objeto esencial y prohibido, que si bien no respira como el resto, condicionará la vida de sus extraños ocupantes. Causas de una existencia difusa que infunde en la chica una lucha a contracorriente, entre vida y muerte, en lucha, dentro y fuera, con aquellos que pierdan su estabilidad emocional. La estancia y sus cadenas con el exterior, igual que un ambiente opresor sin opulencia técnica y visual, se resignan a la piel sudorosa, el gesto endurecido y la voz exigente del gran John Goodman que hace de su presencia, un cambio necesario del registro, como había tocado en otras producciones de ciencia ficción con anterioridad. Corpulencia imprescindible para la atención del público, principalmente, cuando el terror emerge de su carácter y manipula la sensibilidad con los demás, en favor de la propia existencia.
El cine fantasma (by Nino): XIX.- Calle Cloverfield 10

La música de un compositor Bear McCreary que proviene de las series como Battlestar Galactica, The Walking Dead o Agents of S.H.I.E.L.D., nos encamina con f/x de Bad Robot, a las sensaciones agónicas de Psicosis, El Pueblo de los Malditos o cualquier leyenda cinematográfica más antigua dentro de estos márgenes entre el terror y lo fantástico como The Thing, hasta producciones contemporáneas que reviven, una y otra vez, estos casos de renacimiento y caos social. Resaltan la ambigua autodestrucción de desesperados en una crisis o un belicismo nuclear, creciendo y fluyendo por nuestra venas como causa de extinción radical, tanto por responsabilidad individual e implicaciones de otra índole. O esa convulsa sensibilidad hacia la enfermedad o el contagio epidémico, que podría florecer en nuestra piel como una explosión demográfica sin control, el hambre de sentimientos encontrados o un escarceo con la muerte, la parapsicología u otros fenómenos asombrosos sin explicación.
Causas tan ´desconocidas` como la personalidad de personajes extraños, con los que tendrás que convivir y pelear a diario, con algún arma oculta que provoca el miedo reflejo en el espectador hacia perspectivas drásticas. Ya que las motivaciones serán desconocidas para los protagonistas, manipuladas como nuestras mentes, a su antojo por el joven director. En esta atmósfera opresora casi venenosa y un encierro al límite, somos marinados como carne en adobo y por ende, la construcción de identidades con actores intentando ser creíbles, proporcionando rasgos cercanos o reconocibles, para un espectador que empatice con motivaciones personales o desvaríos criminales. Emergen dos figuras sospechosas moviéndose como pez en el agua, que cambian sus hábitos y su amortiguada exhibición emocional, para transformar su mirada. De salvador a cazador, de supervivientes constreñidos a efímeras presas.
A pesar de sus inocentes palabras, el socarrón Goodman y el timorato John Gallagher Jr. (Short Term 12) expresarán sus diferencias conduciéndonos a una situación insostenible. Entonces, el trío se debate en esa eterna lucha por el control o liderato, ante la posibilidad de una salida con vida de aquel dichoso agujero. Claro que, indivisiblemente, lo oculto permanezca en este clímax de suspense necesario para la transpiración de los espectadores, a través de los poros de sus personajes y puedan compartir temores.
Mientras, encadenada al catre y la apariencia nihilista de aptitudes que, sin duda, llegarán... se compadece y lucha su protagonista, contra la frialdad interna y el calor en aumento del exterior. Con la conciencia de cautiva forzosa, la ambientación aumentará el agobio del público en la vivencia y búsqueda de soluciones. Será una larga permanencia para los espectadores más exigentes, de algunas visualizaciones imprevisibles o el comportamiento dicotómico emergiendo con cierta tendencia al masoquismo, amago sin sustancia para la presunción fragmentada de inocencia que parece algo débil. Pero no es lo único que habrá que controlar, ya que las amenazas puede venir de cualquier rincón oculto, como esa aparición del tercer vecino y su silencioso discurrir, hasta su goteo de pesadilla.
Esa dama presente siempre, la muerte que observa el interior y espera a que pongáis los pies sobre la tierra cultivada de maíz, fuera de niños del terror, o sí, una granja de apariencia mortífera que según pasan sus días enclaustrados, se ven más enterrados en la profundidad y el vacío de espíritu. Sin memoria, aquellos compañeros avivan el ascua que incendió tu vida y ennegrece el presente, el de ellos también parece ser. Porque desconectados del mundo, la comunicación es intrascendente y los diálogos, salvo algunos arrestos que chocan contra los vidrios o una cara más salvaje (un ojo transparente que anticipa la sangre en el exterior) o la experiencia dramática de muchos secuestrados, que retratasen las películas de ciencia ficción o el terror más sangriento y primitivo. La psicología de la esclavitud y el poder de dominio, que nos puede llegar a transformar en animales muy peligrosos. Casi voraces diría yo.
Con esta premisa, la chica de extensa convalecencia, tendrá oportunidad de salirse de los cauces habituales y alejarse de algunos filmes descritos mentalmente, donde la tensión enfermiza se volvía dual o un cerebro explota ante la posibilidad de una perspectiva aún peor. Tal que la amenaza de carácter metafísico o, simplemente, carne quemada o devorada desde las entrañas. El ambiente claustrofóbico parece tan real como tensa la espera.
Si bien, su relación cotidiana expresa cansancio, y no existen internamente demasiadas sorpresas, su estancia anodina tiende a salirse de esos márgenes herméticos hasta su alejamiento, a media que pasan las semanas, de la contaminación, de almas que respirarían una sucesión libre de acontecimientos asombrosos e inexplicables.
Luego, tras tantas diferencias que producen estampida o muerte, se empieza a vislumbrar una salida, de la sucesión de secuencias tópicas a embarcarnos en el último tramo o rollo, con otras sensaciones y la hostilidad de una secuencia de acción que legitima el pago de la entrada. Será una búsqueda trepidante de respuestas por parte del director, que desarrollan sus aptitudes como montador y reflejos, con el fin de seducir al fanático del género fantástico y establecer las reglas básicas del terror. Esta consecución de opciones y una composición milimetrada de ritmo final, es lo mejor de la película norteamericana que crecería exponencialmente con una nueva vía Cloverfield 10, es decir, once.
"Calle Cloverfield 10"
Pero recuerda, hay que tener siempre visión positiva y comprobar que en esta calle de número 10... podría existir una línea divergente hacia una nueva era, más que una simple masacre entre humanos. @CinecomioWall

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