Revista Comunicación

El ébola los vuelve gilipollas

Publicado el 10 octubre 2014 por Blogdebori

Estamos en medio de una crisis sanitaria por el primer contagio del virus del ébola fuera de África. Mis dudas empiezan aquí, ¿realmente se nos puede considerar fuera de África? Pero bueno, lo que digo es que el ébola nos ha vuelto a todos algo más gilipollas de lo habitual. Hablo, principalmente, de los medios de comunicación y una pequeña parte de lo vivido en Twitter. Como siempre, las cosas se pueden hacer bien o mal, con todos los matices tanto extremistas como intermedios. En el caso concreto de la crisis actual, la cosa se ha hecho mal o garrafal. Todos, desde las autoridades sanitarias hasta los medios de comunicación han dado los pasos equivocados.

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Las crisis como esta sirven, en la mayoría de casos, para exponer las bondades y vergüenzas de todos los agentes implicados y creo que la del ébola no ha sacado ninguna bondad. Los medios de comunicación (mi campo específico y en el que me fijo) han tenido una actitud más bien amarillista. Desde apostar reporteros en la puerta de la casa de la enfermera para ver qué pasaba con el perro hasta publicar fotos íntimas de todo tipo e, incluso, matarla antes de tiempo. Si fuese un o dos medios de comunicación no habría preocupación, pero prácticamente todos la han cagado hasta el fondo.

Mucho se ha hablado del estado del periodismo. Que si podemos hacer algo mejor, que recortando en redactores nos va a ir mal, que si estamos en la mejor época para hacer periodismo… Pues parece que se han pasado todas esas proclamas por el paquete. Empezamos por esas fotos intimas sacadas del Facebook o a saber donde se ve a Teresa con el perro en el sofá de casa. Ya me diréis qué interés informativo tienen ese tipo de fotos en la portada de los dos grandes diarios de España: El País y El Mundo.

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También tengo que referirme al amarillismo que inundaba las portadas de ABC y La Razón estos días. Para muestra la portada que ilustra el post y que me parece terrible. Después de sacar durante toda la semana la cara de la enfermera contagiada por ébola, ahora salen con ese titular. El caso de La Información es también bastante fuerte. Ayer publicaron en Twitter una foto muy borrosa de la habitación donde está ingresada Teresa tras empeorar por culpa del ébola. Vamos, que crees que es ella porque te lo dicen ellos. Y los compañeros de la COPE la mataron acabando la tarde y luego recularon y argumentaron que era mentira, a pesar de las múltiples capturas de pantalla que había de la noticia. Todo por el clic y la pasta.

Ni qué decir cabe que los expertos en comunicación que trabajan en la Comunidad de Madrid y el Gobierno de España no se están ganando su sueldo. El Consejero de Salud de la Comunidad de Madrid no se ha podido llenar más de mierda porque no quedaba un solo trozo limpio. Javier Rodríguez se ha coronado. Declaraciones fuera de lugar y echando balones fuera. ¿En serio? ¿No tiene asesores biencomidos que le digan que eso no se hace? Lo mismo con la Ministra de Sanidad, la señora Ana Mato, que ni está, ni se le espera en una situación bastante grave que afecta a su ministerio. Al igual que el Presidente del Gobierno que salió a ponerse medallas en la repatriación de los curas infectados y ahora no se sabe dónde diablos está. Silencio absoluto. Estos días son los que recuerdo con cariño la teoría de comunicación corporativa que me dio Lucía Martínez Odriozola (@LuciaMOdriozola) en la que contaba que en crisis como esta, la mejor salida es decir la verdad y aportar soluciones. No como se ha hecho aquí.

I PREMIO NACIONAL DE DERECHO SANITARIO

En fin. Esta situación tan límite, con una persona a punto de morir y todo un país (y la comunidad internacional) en vilo por la información, hubiera sido perfecta para representar un buen periodismo. De esos que enorgullecen a quienes lo hacen y lo consumen. Pero no ha sido así. Casi parece que en España no se puedan hacer las cosas bien ni queriendo. Me quedo con una cita de Otto Von Bismark en la que decía “estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido”. Y aquí seguimos, jodiéndonos un poquito más.


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