Revista Salud y Bienestar

El escorbuto, una patología social

Por Pedsocial @Pedsocial

imagesEl escorbuto atrae memorias de navegantes perdidos en los mares del sur, pero hasta no hace mucho era un diagnóstico a plantearse en lactantes y niños pequeños con síntomas sugerentes. Quien esto escribe tuvo la lamentable oportunidad de todavía ver casos de escorbuto en los años 60 del siglo pasado en Barcelona: puro escorbuto carencial asociado a prácticas nutricionales erróneas por desconocimiento e incultura.

En otro tiempo, el escorbuto se nos ha planteado como diagnóstico diferencial ante hematomas subperiósticos en casos de maltrato físico infantil y, al menos en una ocasión, haber testificado ante un tribunal en un juicio en relación a ello.

Que en el país de las naranjas, en Valencia, se de un caso de escorbuto a estas alturas de la historia no deja de ser llamativo. En el número de febrero de la revista de la American Academy of Pediatrics se recoge un artículo de Isidro Vitoria y cols.: “Improper Use of a Plant-Based Vitamin C–Deficient Beverage Causes Scurvy in an Infant” http://pediatrics.aappublications.org/content/early/2016/01/15/peds.2015-2781 En este caso no se trata de una carencia fruto de la ignorancia o, como antaño de la pobreza, sino de una prescripción errónea mantenida con una cierta contumacia por parte de la familia. El uso de una leche de almendras aparece en la raíz de la carencia, que el País Valenciano también es el país de las almendras, como nos recuerdan los turrones cada Navidad.

La utilización de sucedáneos de la leche de vaca, o quizá digamos, substitutos, ha tenido un amplio desarrollo entre las sociedades occidentales y, también, en este país en los últimos años. La existencia de conocidas intolerancias a algunos componentes de la leche, como la lactosa o las proteínas, ha popularizado las bebidas a base de soja, avena y, también almendra. Esta última muy popular en forma condensada, que se fabrica en Tarragona desde los años 30 del siglo pasado(http://www.almendrina.com/castellano/index.htm) tiene múltiples usos. Los movimientos ecologistas han cabalgado sobre las intolerancias a la leche de vaca, ofreciendo el adjetivo de “natural”, “vegetal” y “ecológico” a todos esos productos. Ese “eco-prestigio” debe estar en el origen de que la familia del caso mencionado mantuviesen la dieta tanto tiempo como para que el síndrome carencial se instaurase. La idea predominante es que las leches vegetales son “mas sanas” y los probióticos la llave a la fuente de la eterna juventud.

Todo ello, pues, componentes socio-culturales de la dieta y los comportamientos nutricionales de la sociedad actual. Que el diagnóstico diferencial del escorbuto incluya el maltrato físico nos acerca además a considerar que las originalidades dietéticas pueden justificarse en cualquier adulto, pero en los niños pueden muy bien ser una forma de maltrato.

X. Allué (Editor)


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