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"El fraude del arte contemporáneo", Avelina Lésper, Libros El Malpensante.

Publicado el 10 junio 2016 por Libelulalibros

La crítica de arte mexicana Avelina Lésper afirma que el fundamento del dogmatismo es la sumisión intelectual. A través de ésta y otras premisas parecidas, con las que cuestiona la sobrepoblación de supuestos artistas y la retórica de los curadores, la autora analiza la falsedad de lo que hoy en día se presenta como obra de arte.

En el primer ensayo, "Arte contemporáneo", propone los seis tipos de dogmas que sostienen el arte contemporáneo, "en nombre de la creencia de que todo es arte, se está demoliendo a sí mismo". Bajo el Dogma de la transubstanciación -por citar un ejemplo-, y tomando el postulado de Arthur Danto que "compara la fe cristiana con la fe en la creencia de que un objeto común es artístico", Avelina plantea que lo que vemos se convierte en algo más, y para que esto exista tenemos que creer en su transformación, lo que nos lleva al dogma del concepto y a la infalibilidad del significado, señalando así que "los valores atribuidos a la obra son a priori y arbitrarios".

En "Contra el performance" cuestiona la "frivolidad de afectar al cuerpo con cirugías hasta el extremo de la banalización del sufrimiento", para luego llamar arte a un trastorno dismórfico corporal que se suma a la falta de talento, técnica y creatividad. Para Avelina, los aficionados del performance quedan justificados como artistas aunque
mastiquen o escupan comida sobre un balde de tierra, ya que, según defiende, el museo hoy en día es un lugar protector. Cualquier cosa por el simple hecho de estar allí, se transforma en arte.

En "Robar, plagiar, mutilar" revive el intenso debate sobre la forma en que Duchamp, inventor del ready-made, transforma a partir del orinal la manera de hacer arte. Respecto a los procesos de industrialización y el uso de objetos seriados en los que han caído varios artistas contemporáneos, Avelina pone el dedo en la yaga sobre esta antigua polémica: "la mediocridad es ya un proceso en serie, los artistas a su vez son copias de Duchamp y, condenada al infinito, la cadena arroja cada día más artistas que no hacen obras, sino que eligen objetos".

El libro termina con "Arte y feminismo", en el que -y con el ánimo de herir muchas susceptibilidades- le recuerda a las artistas actuales que antes del feminismo, las mujeres artistas "defendían su vocación y talento, y continuaban creando a pesar de estar marginadas de estudios indispensables", sin que esto se convirtiera en un obstáculo. "[...] la marginalidad no era un tema que estuviera reflejado en sus obras. [...] Mientras las preocupaciones de las artistas fueron estéticas su pintura alcanzó el mismo nivel artístico que la de los hombres, porque la conmiseración no formaba parte de la agenda ".


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